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LA CONQUISTA DE 15 MIL LEGUAS PARTE 2.22 Oct 13 - 19:36 LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS ESTANISLAO S. ZEBALLOS CAPÍTULO VII LA NUEVA FRONTERA154 La expedición de 1833. - Proyecto del general Paunero en 1864. - Iniciativa del gobierno de Buenos Aires en 1870. - La línea del río Colorado. - El desiderátum de los hacendados. - Su concurso moral y material. - Forma de su cooperación. - La línea del río Negro. - Del Carmen de Patagones a Choele-Choel. - Los tehuelches. - Importancia estratégica de aquella isla. - Historia de su ocupación. - Resistencia de los indios. - El plan de Undiano y Gastelú. - Nombramiento de una junta de notables para su examen. - Dictamen de ésta. - Ideas del coronel García. - La llave del desierto. - Comunicaciones con el interior. - EI Chichinal. - En el Neuquén. - Ocupación del Paso. - Entre este paso y Tilqui. - Defensa de los caminos. - El paso de Barilochi. - Vistas de un escritor chileno. - La frontera de Chile en 1878. - Su porvenir. - Expedición 154 Para redactar este capítulo esperamos la publicación del mensaje del ministro de la Guerra sobre la nueva frontera, a fin de aprovechar los datos oficiales en él consignados; además tuvimos una conferencia con el general Roca, para rectificar o confirmar nuestros estudios sobre la materia, ilustrando nuestro juicio con su competencia militar. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 304 combinada argentino-chilena. - De Mailleco al Topen. - Consecuencias de este movimiento para las dos repúblicas. - Organización del ejército expedicionario. - Ocupación de Salinas Grandes y Leuvucó. - De este punto a Salinas y al Neuquén. - El camino de Cruz. - Confirmación práctica de nuestras opiniones. - Las expediciones de 1878. - Estadística de sus resultados. - Reducción del ejército nacional. - Seis mil soldados y dos mil mujeres sobre el presupuesto de la Guerra. - Comisiones de geógrafos y de naturalistas. Carta geográfica de la Pampa. - Historia militar y científica de la expedición. I. LA EXPEDICIÓN de 1833 clavó los dos grandes jalones que señalan las cabeceras de la frontera sur de la República, en el paso preciso del río Negro, denominado Choele-Choel y en el Neuquén. La división expedicionaria de vanguardia construyó fuertes en ambos puntos, que fueron abandonados en seguida, y de los cuales no quedan acaso ni las ruinas. En 1864 el senador Oroño agitaba en el Congreso el avance de la frontera del sur, sin decidirse todavía por la línea del río Negro, lo que sucedió en 1867 y 1868155. El general Paunero, comandante general de armas en 1864, iniciaba un proyecto de avance de la frontera sobre el Colorado, contando con la navegabilidad de este río. El pensamiento no tuvo éxito, ni hubiera sido realizable, porque la navegación del Colorado no es todavía un problema resuelto, 155 Véase el folleto citado, Consideraciones sobre colonias y fronteras, por NICASIO OROÑO, Buenos Aires, 1869. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 305 y se sabe que es imposible por ahora a la altura de la travesía llegar al río Negro por Choele-Choel. Proyectaba ocupar el Colorado desde la cordillera al mar, y una vez arrojados los indios al sur del río Negro, situar quinientos veteranos en Choele-Choel. Pensaba que la operación era realizable con un ejército de cuatro mil hombres de las tres armas, preparado para lanzarse a la pampa y para invernar en ella sin abandonar el campo, antes de haber arrojado a los indios al sur del río Negro156. El gobierno de la provincia de Buenos Aires inició en 1870 la ocupación de los ríos Colorado y Negro en esta forma: la línea de frontera arrancaría de los Andes por la margen norte del Colorado hasta el paso de Choique-Mahuida. Desde allí, cruzando la travesía, la línea llegaría a Choele-Choel, costeando el río Negro hasta Carmen de Patagones. Este proyecto no fue considerado por el gobierno de la Nación, a consecuencia de la guerra civil que ardía en Entre Ríos; pero puso en evidencia que la opinión pública apoyaba con decisión el pensamiento de una solución definitiva de la cuestión frontera. Como una prueba de ello copiamos en seguida el voto de adhesión que la Sociedad Rural Argentina dirigió al gobierno de la provincia: ACTA DE LA ASAMBLEA DE LA "SOCIEDAD RURAL ARGENTINA" PRESENTADA AL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA POR UNA COMISIÓN DE LA 156 Véase la Memoria del Ministerio de Guerra y Marina de 1864, Pág. 81. Informe del general Paunero, titulado Proyecto de linea defensiva sobre el río Grande o Colorado. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 306 MISMA SOCIEDAD, COMPUESTA DE LOS CIUDADANOS D. JOSÉ M. JURADO, D. DANIEL ARANA, D. LUIS DE CHAPEAUROUGE Y D. EXEQUIEL REAL DE AZÚA. Buenos Aires, 4 de julio de 1870. Las continuas invasiones y depredaciones que los indios salvajes hacen sobre nuestra frontera han demostrado ya hasta la evidencia que el actual sistema de defensa es inadecuado o al menos insuficiente, y es por ello que la Sociedad Rural ha creído llegado el momento de contribuir a un cambio radical en este sistema, apoyando el propuesto por el Excmo. Gobernador de la Provincia, para cuya realización los miembros de esta corporación y demás ciudadanos que suscriben ofrecemos la cooperación más decidida. José Martínez de Hoz, Eduardo Olivera, Vicente C. Amadeo, José M, jurado, Federico Leloir, Jaime Arrufó, Salustiano Galup, Féliz Lynch, Manuel Gache, José G. Lezama, J. A. Brizuela, M. Azcuénaga, Miguel Crisol, Alvaro Barros, Gregorio Torres, Juan M. Villaraza, Nicanor Lastra, Eduardo Bernal, Casto Sáenz Valiente, Mariano Cano, Carlos Newton, Martín Colman, Calixto Moujan, Jorge Temperley, M. Belgrano, Agustín E. Vela, José L. Vela, Jorge Atucha, Felipe Rufino, Exequiel Ramos Mejía, Estanislao Frías, Felipe A. Llavallol, Eustaquio Torres, Nicanor Olivera, Emiliano Aguirre, Francisco Bosch, Manuel M. Ibáñez, Félix Bernal, Luis Amadeo, José Roque Pérez, Marcelino Rodríguez, Sulpicio A. Gómez, Juan A. Figue- LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 307 roa, Ramón R. Gómez, Juan Atucha, Exequiel Cárdenas, Jorge Lacombe, José Z. Miguens, Felipe S. Miguens, Mariano Unzué, Francisco Lalama, Justo M. Piñero, Antonio C. Márquez, Juan Cañás, Juan B. Llosa, Luis A. Huergo, Juan Cobo, Juan G. Peña, Ramón Vitón, Mariano Castex, Miguel Torres, Lino D. Lagos, Manuel A. López, Federico Terrero, Daniel Arana, Lorenzo F. Agüero, A. M. Álvarez de Arenales, Domingo A. de Achával, Carlos Villate, Exequiel Real de Azúa, José Arce, Pinto y Mejía, José Villodas, Juan Hughes, Joaquín Torres, Miguel Vanchetti, Paulino Amarante, Francisco Abach, Federico A. Toledo, Melchor F. Arana, Francisco F. de la Serna, L. de Chapeaurouge, T. M. Miguens, Luis Bilbao, Adolfo Reyes, José Señoras, Mariano Casares, Antonio Claraz, Manuel Martín y Omar, José G. Gómez, Manuel Fernández, Exequiel Martínez, Patricio Reed, Vicente Casares e hijos. Julio 9 de 1870. Acúsese recibo agradeciendo a la "Sociedad Rural" la cooperación que ofrece en asunto de tan vital interés para la provincia, ofrecimiento que se hará presente al Excmo. Gobierno Nacional, a los fines convenientes, publíquese e insértese en el Registro Oficial. CASTRO ANTONIO E. MALAVER157. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 308 La "Sociedad Rural" no se detuvo ahí. En 1871 presentó un memorándum al Gobierno exponiendo la verdadera situación de las fronteras, y significando claramente que el desiderátum de los hacendados era la expulsión de los bárbaros al sur del río Negro. Esté interesante documento, en que los hacendados más fuertes de Buenos Aires ofrecen toda su cooperación al Gobierno Nacional, importa un compromiso contraído a la faz de la Nación, que ha llegado el momento de hacer efectivo, cooperando al pensamiento que agita a los poderes públicos de marchar al río Negro. Por eso mismo lo hemos creído digno de ser recordado en esta oportunidad. Hélo aquí: A S.E. el Sr. Gobernador de la Provincia, ciudadano D. Emilio Castro. Los que firmamos reunidos en los salones de la "Sociedad Rural Argentina", hemos resuelto dirigirnos a V. E. con la exposición franca y explícita de la situación en que se encuentran las fronteras, y con la indicación de las medidas que a nuestro juicio deben tomarse, a fin de remediar en lo posible los males del presente, y evitar los del porvenir. Este movimiento de opinión entre personas que por sus intereses e industrias en la campaña, están más que otras expuestas a las irrupciones de los indios, no es el resultado ni de mala voluntad, ni de la menor mira de hostilidad hacia el gobierno; nos proponemos solamente ayudar a las autoridades 157 Los antecedentes de esta tentativa de resolver la cuestión frontera existen en la Memoria del Ministerio del Gobierno de Buenos Aires de 1871 a 1872, Pág. 169 y LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 309 para la realización de una medida definitiva, y nos dirigimos al primer magistrado de la provincia en que habitamos, narrándole los hechos tales como son, e indicándole aquello que discretamente pensamos que debe hacerse. Creemos además, que debemos empezar por recordar ciertos antecedentes, de alguno de los cuales tiene ya conocimiento V. E. En una de nuestras reuniones anteriores se decidió nombrar una comisión que se apersonase al gobierno de la provincia y con los diputados al Congreso por la misma, autorizándola para que verbalmente hiciera las referencias y gestiones tendientes al objeto que nos proponemos, con la correspondiente transmisión de los datos de que podemos disponer en la actualidad. La comisión cumplió su encargo, dando por resultado la expresión de los mejores deseos por parte de V. E. y una interpelación al ministro de la Guerra de la nación por parte de los diputados. Al ser interpelado el señor ministro de la Guerra, negó los hechos y clasificó los datos de inexactos, afirmando que la frontera está asegurada y mejor garantizada que nunca, y que en la administración anterior no se había hecho nada en obsequio de los hacendados fronterizos. En vista de tan terminantes declaraciones, hechas ante el Congreso y ante el país entero por la boca del gobierno nacional, estamos en el deber de afirmar a nuestra vez y bajo la fe de muchos de los que suscriben esta exposición, que las tribus de Calfucurá y Catriel son acreedoras, la primera por sigts., y en la Memoria de Guerra de 1872. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 310 cinco trimestres y la segunda por tres, de las raciones y auxilios que se comprometió a entregar el gobierno nacional; que toda la línea de las fronteras siente la falta de caballos, y por último, que algunos de los fortines exteriores carecen absolutamente de armas para los guardias nacionales que los guarnecen. V. E. puede aceptar estas observaciones con todo el carácter de fidelidad que merece un asunto de tanta trascendencia para el país y debe creer que estamos prontos a justificarlo en la forma que fuere necesario. Dejando así establecida la verdad de los hechos, pasamos a trasmitir a V. E. datos y reflexiones de otro orden. Es ya un hecho conocido por todos, que las tribus que habitan la pampa han sido hace poco reforzadas por más de mil indios chilenos, lo que significa una serie de futuras invasiones, cuyos males a nadie pueden ocultarse, y ante semejante antecedente unido a las deficiencias del sistema tradicional de defensa que tantos desastres han causado, ante los hechos que arriba apuntamos y por último ante la imposibilidad material, ya por una razón ya por otra, de defender los intereses fronterizos de una manera segura y eficaz, ¿qué debe hacer el gobierno de la provincia, y qué debemos pedirle nosotros, en obsequio de sus deberes como de nuestros intereses comprometidos? Una muy larga y dolorosa prueba ha demostrado que el sistema defensivo en una línea tan extensa, sin accidentes estratégicos, sin facilidad para adoptarlos por la superficie llana y casi constantemente uniforme, no debe ser mantenida por más tiempo, y mucho menos cuando se trata de un enemigo ávido de rapiña, en razón de su miseria y del tradicional LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 311 espíritu de venganza que lo anima, ágil y dueño de la extensa llanura de que puede disponer en sus retiradas. La conclusión de estos precedentes no han podido, pues, ser otra cosa que un cambio completo, que haga tomar la ofensiva y que arroje a las tribus depredadoras más allá de la línea natural del río Negro. No pretendemos señalar al gobierno un plan, ni menos entrar en detalles fuera de lugar; pero sí creemos, que al apuntar la idea, debemos asegurarle por medio de la promesa más formal, que estamos prontos a cooperar moral y materialmente a su realización, con todos aquellos medios y recursos que estén a nuestro alcance. Al hacer este decidido ofrecimiento, debemos recordar el hecho en épocas anteriores por la "Sociedad Rural Argentina", bajo cuyos auspicios nos hemos reunido hoy para reproducirlo; y concluimos rogando a V. E. se sirva tomar todas las medidas e iniciar todas las gestiones necesarias que la Constitución y las leyes le acuerdan, con todo el patriotismo y con toda la voluntad que verbalmente se ha servido manifestar a nuestros comisionados. Emprendida por V. E. esta cruzada, con la resolución y ardor que ella merece, o ayudando al gobierno de la nación para que la lleve a cabo, en cumplimiento de una ley del Congreso dictada al respecto, habrá hecho un verdadero e inolvidable servicio al país, cicatrizando una vez por todas la deplorable llaga que consume una gran parte de los frutos de la primera industria nacional. Mientras que eso no se realice, suplicamos a V. E. haga de su parte lo posible para que la frontera de Buenos Aires E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 312 sea dotada inmediatamente de todos los elementos necesarios, para su seguridad y defensa. Saludan atentamente al señor Gobernador. Miguel J. Azcuénaga, J. M. Jurado, Pedro de Elizalde, Federico Leloir, Nicolás jurado, Mariano Roldán, Alvaro Barros, N. Martínez de Hoz, Moisés Jurado, J. B. Bonnement, Juan Frers, José Anasagasti, Antonio Martínez y Vidal, Martín Colman, José Barés, Ventura Lozano, Elíseo P. Acorta, Victorio de la Canal, Samuel Rosetti, Ricardo Newton, Miguel Insiarte, Serapio Rosas, Irineo Anasagasti, Juan M. Serna, Juan Anasagasti, José Portuguez, Alejandro Leloir, Daniel C. Amadeo, Félix Bernal, Manuel Bavio, Tomás Urquiza, Samuel S. Valiente, Exequiel Real de Azúa, Tristán Gómez, Vicente Casco, Juan A, Figuera, Juan H. Gómez, Miguel B. de Uribelarrea, Ramón Santa María, Nicanor Elgalde, Antonio R. Vaqueiro, José Félix Andrade, Daniel Miró, Rafael J. Caraballo, Juan Malcolm, Ezequiel Cárdenas, García y González, Martín Irala, Benedicto López, Ramón R Gómez, Fausto Lara, José Ciriaco Gómez, Francisco Lalama, Teodoro San Martín, Martín Córdoba, Juan Cobo, Francisco Piñeiro, Juan Crisol, Inocencia Ortiz, Federico Lefrançais, Salvador M. del Carril, Emilio J. Muñiz, Ramón Piñeyro, Jacinto L. Araux, Fermín Muñoz, Nicanor Olivera, Agustín E. Vela, Calixto J. Maujon, Saturnino Martínez de Hoz, Manuel Anagasti. Buenos Aires, octubre 14 de 1871. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 313 Remítase con la nota acordada al Exmo. Gobierno Nacional, avísese a la "Sociedad Rural" y publíquese. CASTRO ANTONIO E. MALAVER En 1872 el ministro de la Guerra, coronel Gainza contestaba en estos términos: “V. E. apoya en su nota la idea de llevar la frontera hasta la línea del río Negro. Este gobierno se ocupa actualmente de preparar los elementos necesarios para llevar a cabo esta idea, dando al mismo tiempo cumplimiento a una ley dictada por el Congreso hace algunos años; pera para ello ha de tomarse el tiempo indispensable, pues no quiere exponerse a que las armas de la civilización retrocedan como otras veces ante la chuza de la barbarie. Los señores hacendados, con un desprendimiento que los honra, ofrecen en obsequio del mismo pensamiento todo su apoyo moral y material. El gobierno argentino acepta gustoso ese concurso; y en el caso de que se haga práctica la operación, espera que V. E. se servirá entenderse directamente con ellos a fin de averiguar, hasta qué punto y en qué sentido podrá contar con él. Este conocimiento sería de suma importancia, pues el gobierno tendría entonces un poco más de partida para proceder, seguro como está de que si los señores hacendados toman con empeño el encargo de concurrir a la operación, una gran parte de las dificultades habrán sido superadas.” E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 314 En marzo del mismo año se expidió la Sociedad Rural Argentina contestando que había nombrado comisiones de vecinos en cada partido de campaña, con la misión de levantar una suscripción de caballos, que permanecerían en poder de sus dueños, hasta que el gobierno dispusiera la realización de la expedición. Solicitaba la Sociedad que el gobierno exhortase a los jueces de paz a secundarla en su patriótica empresa; y el P. E. lo hizo en el acto por medio de una circular que lleva fecha 21 de marzo de 1872. Abrigamos la convicción de que, no habiendo sufrido modificación radical el sistema defensivo de la frontera, los hacendados de Buenos Aires sostendrán siempre con igual patriotismo su desiderátum de 1871 y su generoso ofrecimiento de cooperar moral y materialmente a la traslación de la frontera sur al río Negro. La ley de 1867, cuya ejecución se prepara felizmente a realizar el gobierno, traza con acierto la verdadera línea de la frontera sur, cuyas cabeceras serán los Andes y el Atlántico, pasando por Choele-Choel, Chichinal y Neuquén; y por nuestra parte, no vemos otra más ventajosa, más sostenible, ni más fecunda para la riqueza de aquellas comarcas y de la nación misma. La línea del río Colorado es inhospitalaria por la aridez del territorio, de difícil defensa por esta misma causa y de imposible comunicación fluvial en alta escala, según los conocimientos que hasta ahora poseemos sobre aquel río. Al contrario, como ya lo hemos, demostrado, el valle del río Negro, es hospitalario, fértil en algunas extensiones, y sus LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 315 posiciones estratégicas permiten una defensa tan eficaz como barata y fácil, debiendo agregarse a estas seductoras ventajas, que la navegación de dicho río y sus afluentes, es al mismo tiempo que un recurso militar, un agente poderosísimo de población, de progreso y de riqueza. La historia de dos siglos, por otra parte, ha proclamado la excelencia de esa línea natural de la frontera del sur de la República, como lo hemos demostrado en otro capítulo y como vamos a confirmarlo. II. El vasto territorio comprendido entre Choele-Choel y Carmen de Patagones es recorrido frecuentemente por los indios que van de la Pampa unas veces y de los valles orientales de los Andes las otras; pero una vez realizada la gloriosa batida en la llanura, acampadas en triunfo nuestras tropas sobre la margen del río Negro, sin enemigos a retaguardia, aquellos campos se verán libres de salvajes, y las estancias de argentinos y de ingleses que ya se acercan a Choele-Choel, prosperarán tranquilas y seguras, sirviendo de base a nuevos centros de población y de trabajo. Los indios que vagan en los llanos de la Patagonia al sur del río Negro no son invasores, porque su índole y sus costumbres difieren radicalmente de los caracteres morales y elementos materiales de los araucanos. Los tehuelches o habitantes del sur. (tehuel, sur; cbe, gente) son indios naturalmente preparados para la civilización y algún día serán la base de la población argentina de la Patagonia. Hoy mismo los vemos respetar la colonia galense del Chubut, comerciar con ella y acompañar lealmente a los atrevidos colonos, que se E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 316 internan en el seno de la Patagonia entregados a investigaciones científicas. Por otra parte, no olvidemos que responden de la tranquilidad del territorio que nos ocupa, la cruel travesía del Balcheta, al sur del río Negro. Si los indios rechazados al sur de este río intentaran burlar la vigilancia de las fuerzas escalonadas desde Choele-Choel al Neuquén, lanzándose en gran número y de improviso sobre los establecimientos ubicados entre Carmen de Patagones y la isla, serían detenidos por la inhospitalaria naturaleza de la travesía del Balcheta, en cuyas estepas sucumbiría el ejército que osara hollarlas sin un inmenso acopio y tren de elementos de vida. En efecto, desde la colina austral del río Negro hasta el Chubut, este territorio de centenares de leguas cuadradas, que comprende los campos158 de Balcheta, carece de pastos y de agua. El padre Falkner describe la travesía del Balcheta al sur del río, en estos términos: “Toda la costa, por cosa de 20 leguas al sur del segundo Desaguadero es un país seco, estéril, y con muy poco pasto, e inhabitado por hombres y bestias, excepto algunos guanacos que bajan de cuando en cuando de las montañas vecinas al poniente. No tiene más agua en una parte del año que la que se coge en las lagunas después de las grandes lluvias, en cuyo tiempo bajan los indios a este país para enterrar los difuntos, visitar los sepulcros, recoger sal en la Bahía San Julián, o sobre la costa. Vense algunas colinas pedregosas aquí y allá; en 158 MORENO, Viaje a la Patagonia Septentrional, t. I de los Anales de la Sociedad Científica Argentina, pág. 188. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 317 una de las cuales, cerca de Puerto Deseado, se halló también un mineral metálico de una especie de cobre159.” Sin embargo, hacia la costa del Atlántico corre un camino que sale de Carmen de Patagones, y que se interna al sur, inclinándose al oeste; camino que es seguido por los comerciantes que van a realizar cambios ya con los colonos del Chubut, ya con los indios tehuelches de algunos valles fértiles de la Patagonia septentrional, especialmente de aquellos que dan origen y alimentan al cristalino arroyo Balcheta, límite sur de la travesía de su nombre160. Este mismo camino se une al que siguieron los indios de la caravana del intrépido capitán Musters, arrojado por los salvajes manzaneros al sur del río Negro para evitar que examinara este río. Viedma decía, en su descripción de la Patagonia: “Desde Santa Elena al río Negro, dicen los indios que es muy escasos de aguas el terreno, que sólo se hallan algunas pequeñas lagunas en tiempo de lluvias, y cuando están secas se ven obligados para ir al río Negro a arrimarse a la cordillera, donde bajan manantiales; y como para esto suben mucho al oeste, triplican el camino si han de bajar luego al establecimiento de los españoles, con respecto al que caminarían por la costa, si en ésta tuvieran agua161.” 159 TOMÁS FALKNER, Descripción de la Patagonia (Colección de Angelis, t. I). 160 GUERRICO, Memoria sobre el río Negro. Memoria de la Guerra, 1873, Anales Científicos Argentinos, 1874, Pág, 150. 161 Diario de VIEDMA, 1783. Colección de Ángelis, t. VI, pág. 80. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 318 Dedúcese de las precedentes observaciones, que antes de decidirse el ministro de la Guerra a dejar desguarnecido el territorio que media entre Carmen de Patagones y Choele- Choel, es necesario practicar un reconocimiento detenido sobre la travesía de Balcheta, a fin de saber si realmente es un obstáculo invencible para una invasión de indios, como todo parece demostrarlo, o si ofrece oasis accesibles, que puedan servir de etapas para un nuevo camino, en cuyo caso los salvajes encontrarían otra vez abierto el rumbo del río Colorado y de Bahía Blanca. En el último resultado, la verdad es también que la defensa es fácil y se puede hacer con pocos hombres, teniendo además el recurso de la navegación a vapor, cuyos servicios militares serán de la mayor trascendencia y eficacia. Hemos creído conveniente detenernos en estas consideraciones para prevenir críticas a las ideas de ocupación del río Negro, que profesamos desde hace tiempo; y con este mismo propósito hemos de demostrar en otro capítulo nuestra profunda convicción de que, abierta la guerra ofensiva sin suspender la marcha del ejército hasta el río Negro, habrán concluido para siempre las invasiones de los salvajes. III. Villarino escribió en la carta geográfica de su famosa navegación en el río Negro la siguiente leyenda: “Los indios pasan por arriba y abajo de Choele-Choel, porque allí, enfrente, es donde el río Colorado se acerca más al Negro, sin que les quede arbitrio para hacer este tránsito más arriba; y ésta fue la causa porque generalmente todos los LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 319 indios sintieron la expedición que se hizo para este reconocimiento, para fortificar el potrero de Villarino.” Este potrero se encuentra en la isla de Choele-Choel así llamada impropiamente, pues Villarino, fundado en el testimonio de los indios, dice que así nombran a un médano que se encuentra al este del paso. Pensamos que como un acto de justa reparación y como un tributo de gratitud al insigne precursor de la ocupación del río Negro, la isla de Choele-Choel debiera llamarse de Villarino. ¡Aún existe en ella el fortín en que éste vivió cuarenta y cinco días!162 Describe el piloto con entusiasmo los potreros de Choele-Choel, no solamente por su fertilidad, que le pareció superior a la de los territorios comprendidos entre Carmen de Patagones y ese paraje, sino también por su fácil defensa. En efecto, el Diario dice: “Queda el dicho potrero inexpugnable aunque vengan 50.000 indios. Este potrero es capaz, tiene dentro leña, madera, caza, pesca que abunda en ricas truchas y pasto para siempre, para el ganado que tenga, y aunque venga más. Esta gran isla, por estar en la banda del norte, es la mayor excelencia de dicho paraje; tiene nueve leguas de largo, y en algunas partes tres de ancho; las tierras en las inmediaciones de este paraje o 162 Véase el plano de Villarino. El potrero tiene el nombre de Tehuel Malal (corral del sur). E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 320 potrero, en espacio de cuatro leguas, son las mejores que ha visto desde aquí el desagüe de este río en el océano163." En abril de 1782 Villarino recibió un oficio en el que se le pedían esclarecimientos sobre las posiciones estratégicas del río Negro; y contestó: “La guardia que Vd. ha proyectado en el Choele-Choel, debe Vd. tener presente que además de ser útil para contener los indios, lo más importante de ella, y por lo que a mi juicio se hace absolutamente necesaria, es porque sirve para tener los indios retirados de las orillas del mar, que en ellas nos pueden ser tan perjudiciales en caso de ser invadida esta costa por los enemigos de la Corona, con quienes se podrían unir por su propio interés, y convendría mucho tener siempre los indios retirados de los puertos, para el caso de que sucediese lo que he dicho, no tuviesen la facilidad de hallarse con ellos, ni que los indios tuviesen ni pudiesen adquirir tal noticia. Suspendo hacer la descripción de Choele-Choel, por cuanto con bastante difusión lo tengo manifestado a Vd. anteriormente. Tampoco quiero hablar de las numerosas iridiadas que precisamente los obliga a transitar por este paso, y los estragos que causan a Buenos Aires, porque de todo ello tiene Vd. muy largas noticias y conocimientos.” Estas observaciones, dirigidas a Viedma, trazaron el rumbo que debía seguir la opinión de los contemporáneos y 163 T. VI de la Colección de Angelis, pág. 29. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 321 de la posteridad, para obtener la completa seguridad de la campaña poblada, lindera con los dominios del salvaje. En efecto, Viedma, intendente de los establecimientos reales de las costas patagónicas, fue el primero que, apoyándose en las noticias de Villarino, promovía la ocupación militar de Choele-Choel, aunque sin éxito, como ya lo hemos referido164. Después de la trágica muerte de De la Piedra y de Villarino, acontecimiento que causó honda impresión a consecuencia de la espectabilidad de las víctimas, formáronse en la corte del Virrey de Buenos Aires dos partidos, el uno favorable a la conservación de los establecimientos de la costa patagónica y el otro adverso, partidario de abandonarlos. El Virrey decidióse por un término medio, juiciosamente aconsejado por Viedma y el brigadier portugués Sáa de Farías165. Ellos opinaban que todos los elementos y escuadrillas dispersos en el extenso litoral de la Patagonia, debían ser concentrados en Carmen de Patagones, conservando esta posición a todo trance, como llave de la comunicación fluvial con el interior, aún mal conocida, del país y como base para vigilar aquellas costas sin cesar. Era cuerdo el parecer y como vamos a justificarlo, fue ampliamente aprobado por el Rey de España. El primer ministro de S. M., conde de Campo Alange, escribía en San Lorenzo del Escorial en 22 de noviembre de 1791, acusando recibo de las comunicaciones del Virrey de 164 Véase el Capítulo Primero. 165 Manuscrito en el Archivo General de la Provincia. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 322 Buenos Aires, relativas a la conservación del establecimiento del río Negro, y decía: “Se ha dignado S. M. resolver conformándose con el informe dictamen de su Suprema justicia de Estado, que considerando la urgente necesidad en que nos hallamos después del último convenio con Inglaterra de posesionarnos y establecernos sólidamente en los puntos principales de la mencionada costa (patagónica) antes que aquella nación se apodere de alguno o algunos, como es de recelar piensan hacerlo para abrigo de sus pesquerías, para introducirse con su comercio clandestino por los ríos, o por tierra en la banda del sur y para dificultar nuestra navegación y comercio en tiempo de guerra, desde luego se conserve y dé todo el fomento posible al establecimiento del río Negro; que se traslade el puerto de San José al istmo de aquella península, y que se internen las guardias sobre el río Negro, ocupando el paso de Choele-Choel y procurando averiguar los demás pasos del mismo río, para cubrir por aquella parte las fronteras de ese Virreinato, cuyas providencias, aunque ocasionaran algún dispendio, servirán al pronto para asegurarnos aquellas posesiones, y es verosímil produzcan con el tiempo las demás ventajas que prometen los informes166.” Más tarde, en 1796, el ilustre geógrafo D. Félix de Azara sostenía las mismas ideas, en un importante informe elevado 166 Manuscrito en el Archivo General de la Provincia. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 323 al Virrey sobre la frontera de Buenos Aires167. Azara se expresaba así: “Me limito, pues, a decir que miro muy factible y fácil establecernos en Choele-Choel, y con esto, siendo cierto lo que asegura Villarino, seríamos dueños de las pampas desde aquí hasta el río Negro; pues, aunque quedaran algunos bárbaros en este espacio, no habría motivo para temerlos, porque no son muchos, ni aun la sexta parte de lo que el vulgo se figura. Tampoco tendrían motivo para incomodarnos, porque no hallarían a quién vender el ganado robado que ellos no necesitan. En fin, amparándonos en este paso preciso, no podrían los indios del sur del río Negro, ni los de la cordillera y sus faldas, introducirse en estas pampas para unirse con sus indios y robar nuestro ganado, como hasta aquí ha sucedido.” En los primeros años de este siglo, un oficial de blandengues de Mendoza, de quien ya nos hemos ocupado, D. Sebastián de Undiano y Gastelú, bosquejaba con tino y sagacidad el plan de una expedición formal sobre el río Negro, plan que ha sido y será el único benéfico, aunque actualmente es susceptible de ser complementado por los detalles, como vamos a verlo168. “Con las tropas que hoy hay en dichas fronteras, dice, me parece sería suficiente; para establecernos sólidamente en 167 Colección de Angelis, t. VI, Págs. 43 Y 44 168 Véase el t. I de la Colección de Angelís, al final. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 324 los puntos principales de la nueva línea; a saber: por lo que mira al río Negro en Choele-Choel e isla inmediata, más arriba de este paso, y por lo que toca al Diamante169 en el que se ve más abajo de los Manantiales. En el de la esquina de San José, en el de los Algarrobos; y en el de la dicha confluencia del Diamante y el Atuel, y en algunos otros de que se haría un reconocimiento prolijo, si se tuviera por conveniente asegurarlos. Para este reconocimiento debieran partir dos expediciones, una desde nuestro establecimiento del río Negro, a la manera de la de Villarino, que podría dirigirse con dos chalupas hasta la unión de este río con el Diamante; y otra que, marchando desde Mendoza, fuese por la derecha de este último río hasta encontrarse con la del Negro; volviendo a la retirada de una y otra a rectificar las observaciones hechas en la entrada. Bien que la de Mendoza sería muy conveniente que hiciese su viaje de vuelta por la izquierda, para reconocer la unión del Tunuyán, que yo no pude ver el año de 1784 que anduve por allí, a causa de las grandes crecientes de aquel año, que hicieron salir de madre dicho río, inundando a mucha distancia los campos inmediatos, y estorbando el acercarse debidamente a reconocer este punto geográfico, por lo cual sería muy bueno también que la expedición de Mendoza llevase dos canoas o botes por el río, y una y otra confiadas al mando de personas que diesen una descripción completa de los ríos, levantando planos exactos de ellos, y designando los sitios para el establecimientos de los nuevos fuertes.” 169 El río Diamante a que alude Undiano es el Neuquén. En aquella época de atraso geográfico era corriente este error, como se ha visto. Así, pues, el plan de LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 325 El Virrey de Buenos Aires, que en 1804, época de esta presentación, lo era el Marqués de Sobremonte, convocó una junta de notables, como se ve por el siguiente documento: “En la ciudad de la Santísima Trinidad de Buenos Aires, a 28 de mayo de 1804, el Excmo. señor Marqués de Sobremonte Virrey, Gobernador y Capitán General de estas Provincias del Río de la Plata, etc.: Habiendo visto y examinado los varios expedientes que en diferentes tiempos se han promovido con el objeto de adelantar la frontera del sur de esta capital e igualmente el proyecto presentado a S. E. por el capitán de milicias de Mendoza, D. Sebastián Undiano y Gastelú, dirigida a adelantar la misma frontera hasta los ríos nombrados Negro y Diamante, resolvió S. E., para tomar la determinación más útil y conveniente en materia de tanta gravedad y consecuencia, hacer convocar las personas de mayor inteligencia y conocimientos prácticos en la materia, para que instruyéndole verbalmente cada uno de su concepto, según sus conocimientos, pudiese facilitar sin más retardo, y sin los embarazos y dificultades que hubieron hasta el presente el importantísimo proyecto de adelantar la frontera del sur de esta capital, en cuya virtud, habiéndose juntado en este Real Palacio, en presencia de S. E., los señores D. Juan de Almagro, del Consejo de S. M., Oidor honorario de la Real Audiencia de Charcas, Auditor de Guerra y Asesor General de este Virreinato; el coronel D. Nicolás de la Quintana, comandante general de la frontera del sur; D. Domingo de Undiano es el que perseguimos hasta ahora. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 326 Igarzábal, alcalde de primer voto de esta ciudad; D. Ignacio Rezábal, síndico procurador general de la misma; D. Francisco Escalada, síndico del Real Consulado; el capitán de dragones, D. León Ortiz de Rosas; el de ejército, D. Joaquín Maestre; el de las milicias de Mendoza, D. Sebastián de Undiano; el apoderado del gremio de hacendados, D. Antonio Obligado, y el ingeniero geógrafo, D. Pedro Cerviño; después de haber propuesto difusamente la materia, leídose lo más sustancial de los expedientes obrados hasta el día acerca de ella, y seguidamente el proyecto presentado por D. Sebastián de Undiano y Gastelú, todos estuvieron de común acuerdo en su parecer, que considerada la grande distancia que media desde la frontera de esta capital hasta el río Negro, los considerables gastos que sería necesario invertir en la guarnición de las orillas de dicho río y del Diamante, lo escaso de los fondos destinados para sufragar a estos preciosos e indispensables gastos, el considerable número de tropa que era necesario emplear en cubrir puestos tan distantes y lo expuesta que quedaba la frontera inmediata a la capital, no conceptuaban conveniente ni practicable por ahora la verificación de este proyecto: pero que atendiendo por otra parte al crecimiento y adelanto que ha tomado la población de la provincia desde el año pasado de noventa y seis en que se propuso adelantar la frontera hasta el río Salado, consideraban que no debían ceñirse a tan corto espacio el avance de que ahora se trataba, sino que debía solicitarse un punto medio, que sin dejar expuestas las inmediaciones de la capital, sin tropezar con las demás dificultades que ofrecía la salida hasta el río Negro, proporcionase las ventajas a que se aspiraba, de dar LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 327 mayor ensanche a los campos en los términos más ventajosos y útiles a la provincia, y que pudiesen conciliar todos los objetos que se proponían y ventilaban. En cuyas circunstancias, el señor coronel comandante de la frontera propuso, que en su concepto el modo más seguro de la defensa de ésta para conservar él reunidas las fuerzas destinadas para ella en un puesto ventajoso y proporcionado a ocurrir con prontitud a contener cualquiera invasión; que por las noticias adquiridas de todos aquellos campos, y los conocimientos prácticos que de ellos le asisten, cree que no hay otro punto que reúna estas proporciones, que la laguna Blanca o Cerremechi, situada como a unas ochenta leguas de esta capital, y que estableciéndose en sus inmediaciones un fuerte y cuartel general para la tropa de blandengues puede quedar bien asegurada la frontera, y en lo sucesivo, si se considerase conveniente aumentar dos fortines en sus dos alas, cuya faena se aumentará considerablemente con los pobladores que es probable se le reúnan al abrigo del mismo fuerte, siempre que se les repartan terrenos asegurándoseles su propiedad, no debiendo dudarse que por estos medios tendrá en muy breve tiempo aumentos muy considerables aquella población, así por la buena calidad de los terrenos, como por la permanencia de las aguas. Y habiéndose ventilado y discutido detenida y minuciosamente por los señores de la junta acerca de la exposición del señor comandante de la frontera, convinieron todos en que así debía practicarse, y era cuanto en las circunstancias convenía hacer, y lo que consideraban digno de la celosa protección y decidida constante propensión de S. E. por la E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 328 prosperidad de esta provincia, y bienestar de sus habitantes; pareciendo también podría al propio tiempo conseguirse sin dificultad adelantar la frontera de Mendoza, trasladando el fuerte de San Carlos a la confluencia del río Atuel con el Diamante e igualmente avanzar un puesto cinco o seis leguas más por la parte sur del río Negro. Todo lo cual, oído por S. E. mandó se asentase por diligencia, y que firmada por dichos señores de la junta, se le llevase para resolver lo que considerase más conveniente: de que yo el escribano mayor de Gobierno y Guerra doy fe.” Juan Almagro, Nicolás de la Quintana, Domingo de Igarzábal, Ignacio de Rezábal, Francisco Antonio de Encalada, Sebastián de Undiano, Joaquín Maestre, Antonio Obligado, León Ortiz de Rosas, Pedro Antonio Cerviño, José Ramón de Baravilbaso170. Poco nuevo hay que decir ya en materia de plan general de ocupación del río Negro después de lo escrito por Undiano y Gastelú. La expedición de 1833 fue llevada a cabo, de acuerdo con aquellos consejos, completados en los detalles con arreglo a las nuevas necesidades. Finalmente citaremos en apoyo de la importancia de los pasos del río Negro, la opinión del distinguido coronel García, quien diseña la nueva línea definitiva en estos términos: 170 Expediente promovido por D. Sebastián de Undiano y Gastelú, capitán de milicias de Mendoza, sobre aumentar diecisiete mil leguas a los campos que poseemos en nuestras pampas. Año 1804. Manuscrito en poder de la familia de Undiano. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 329 “La primera debe ser desde la confluencia con el mar del río Colorado hasta el fuerte de San Rafael, sobre el río Diamante, teniendo por punto central la laguna de Salinas. La segunda debe formarla la cordillera de los Andes, en los pasos que franquea por Talca y frontera de San Carlos, apoyando su izquierda sobre las nacientes del río Negro de Patagones y su derecha en el paso del Portillo, examinando además otros pasos intermediarios si los hubiere, y guarneciéndolos del mejor modo posible. La configuración geográfica. del terreno da a conocer la importancia de esta obra, y también que la naturaleza nos da en los Andes unos límites indisputables y que brindan a los de esta parte del norte con la posesión de tantos terrenos yermos y de preciosidades inestimables, ya demasiado conocidas y ansiadas por los del sur. Los costados del cuadro irregular que forman las dos líneas, quedan cubiertos por el este con las orillas del océano y río Negro; por el oeste con la provincia de Cuyo; por el sur con la cordillera de los Andes, y por el norte con las provincias de Buenos Aires y Córdoba.” Siendo Choele-Choel la llave del río Negro, y demostrada la importancia incontrovertida de esta línea estratégica, ha debido ser conservada aquella posición militar ocupada y abandonada por Villarino, en tiempo de Rosas, y bajo la administración del general Mitre. Los bárbaros hicieron siempre una oposición decidida a la fortificación de la isla desde el reinado de Chulilaquin, en 1782, hasta el de Calvucurá en 1874. E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 330 La última vez que Choele-Choel fue ocupada en cumplimiento de un decreto de la administración del general Mitre, los indios se alarmaron hondamente y el cacique general de las pampas escribía al coronel Barros, jefe de la frontera sur de Buenos Aires: “Me dice mi general que le dé a saber de la venida del hermano Reuque-Curá, y que ya está en Choele-Choel con 3.500 lanzas sin contar las que vienen todavía en camino, y el motivo de esta venida es por la población que se iba a hacer en Choele-Choel, y que el señor Gobierno se lo comunicó que había mandado comisión a todas las indiadas y que todos los caciques se han enojado por la población de Choele- Choel, pero que como ahora esta población ha quedado así, pues dice mi general que esta fuerza del hermano es para favorecerlo en caso de que den contra él. Como mi general no tiene ninguna cosa con Vd., quiere que Vd. se entere de esto, y tenga la bondad de decirle las buenas ideas del señor Gobierno para que el hermano quede enterado de todo, que el vivir bien es lo mejor porque mi general no quiere la guerra171.” En 1869 el coronel Murga, comandante de la frontera de Patagones, salía a dar cumplimiento al citado decreto de 1868 sobre la ocupación de la isla. Llevaba 150 veteranos por tierra y un vapor que navegaba el río a las órdenes del capitán don Ceferino Ramírez, hoy teniente coronel de la Armada. Pocos días permaneció la pequeña columna en Choele-Choel, y sin 171 A. BARROS, Fronteras y territorios federales, Pág. 46. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 331 embargo, rescató varias tropas de ganado, que los indios llevaban de la campaña de Buenos Aires para Chile. La alarma que este ensayo despertó entre los indios, demuestra la importancia del punto. Ella consiste en que la travesía inhospitalaria que separa a los ríos Colorado y Negro, es menos ancha frente a Choele-Choel que en cualquier otro punto. En efecto, el primero de estos ríos se acerca al segundo allí, corriendo ambos cauces a doce leguas de distancia, que son una jornada para los bárbaros. El territorio entrerriano no podría ser atravesado en otra parte sin peligros inmensos, para invadir a Buenos Aires, porque a la naturaleza del terreno se agrega que el camino de la costa del Atlántico está guardado por la frontera militar. La defensa de Choele-Choel ha sido facilitada por la naturaleza y una división de 500 veteranos armados a remington establecidos en uno o más puntos a lo largo de la costa del norte, frente a los pasos más accesibles y en la misma isla, basta para contener y destruir al ejército más numeroso que pudiera formarse de una extraordinaria e improbable confederación de indígenas. Los pasos no son dos o tres como se cree generalmente, dice el teniente coronel Guerrico. Se puede entrar y salir con la mayor facilidad; pero la isla quedaría invulnerable aplicando el sistema de Villarino de fosar el frente de los pasos y defenderlos con palizadas, para los cuáles abunda la madera allí mismo. Consisten generalmente los pasos en declives de las barrancas, pues en cuanto a la profundidad del río muy raro será que allí no haya que vadearlo a nado de caballo. Por con- E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 332 siguiente con trabajo de zapa, destruyendo los declives hasta dejar las barrancas perpendiculares, los pasos desaparecerán. Es inoficioso insistir en la importancia estratégica de Choele-Choel. Un jefe experto sacará de ella todas las ventajas que quiera, porque la abundancia de madera, la fertilidad del suelo y la elevación de las barrancas le brindan toda clase de seguridades militares y de recursos vitales. Veintiséis leguas arriba de Choele-Choel existe otra posición estratégica o paradero de los indios llamado Chichinal. Villarino no da su nombre en el Diario de navegación, pero la distancia a que corresponde la descripción del paso revela que se refería a aquel paraje. El 3 de diciembre escribió: “A las 5 de la mañana salí a remo a atravesar la costa del norte, y seguí a la silga; a una milla andada hallé rastros de haber pasado los indios de la parte del N. a la del S., galope de ganado vacuno y caballar, el que, según los rastros y camino hecho venía del N.O., hacia el Colorado, y este paso es bueno, pues aquí se angosta bastante el río y tiene buena entrada y salida en él. A mediodía venía yo registrando por tierra y hallé muchos rastros de caballos.” Al día siguiente Villarino avistó polvaredas y luego grandes arreos de ganado que se dirigían al paso. “Habiendo logrado el piloto atraer algunos indios a las naves, le dijeron que venían de sierra del Volcán, que ha cerca de un año que bajaron a buscar ganado caballar y vacuno, y que con esto hacen trato con los de Valdivia, unas veces lle- LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 333 vándolo los indios a dicho pueblo, y otras viniendo los cristianos a comprárselo a sus tierras, el cual cambian por sombreros, cuentas, frenos, espuelas y añil para teñir los ponchos; véase aquí ya abierto el camino y comunicación por la orilla del río con Valdivia, y entablado una especie de trato por los indios, robando el ganado a Buenos Aires y vendiéndolo a aquel presidio. Agregan los salvajes que para ir y venir entre Buenos Aires y la Cordillera atravesaban el campo desde el Colorado al río Negro por Choele-Choel, y agregaban que todos o casi todos los indios que habitan o residen en las sierras del Volcán y pampas de Buenos Aires, son de este río arriba; y que el motivo de pasar tanto tiempo en aquellos parajes es por la abundancia que hay de ganados, y por la facilidad de mantenimiento; y que algunos paran dos años, otros más y menos, según les acomoda.” El día 12 de febrero vio el piloto en el Chichinal otra indiada en número de 300 lanzas con un arreo de 8.000 cabezas, y dice: “De aquí se puede inferir lo que destruyen los indios a Buenos Aires, pues todo el ganado es señalado y marcado de los vecinos de la ciudad". A agrega: “Me quedé admirado de oír hablar a estos indios de nuestras guerras con los ingleses, pues me preguntaron si aún E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 334 duraban. Y preguntándoles yo por dónde habían sabido de esta guerra, respondieron que en Valdivia lo habían sabido, y que por este motivo valían en aquella plaza todas las cosas más caras, pues no podían pasar las embarcaciones de España para las Indias.” El mayor Bejarano pasó el río Negro en el Chichinal, con cuatro pies de agua, en época de la mayor bajante y observó buenos campos. Hemos transcrito ya algunos párrafos de la relación del viaje del señor Moreno, en que afirma que en Chichinal no había qué comer para los sesenta caballos que llevaba su comitiva. No se aviene esto con las observaciones del mayor Bejarano, que vio en el Chichinal un gran arreo de vacas llevadas por los salvajes, ni con las noticias del verídico Villarino, ante cuya vista desfilaron varios arreos; uno de ellos de ocho mil cabezas. Pero sea de esto lo que fuere, el hecho es que es necesario guardar el paso del Chichinal; y que un nuevo reconocimiento prolijo dirá si un regimiento de 300 plazas es suficiente para llenar aquel servicio, o si será menester establecer allí un regimiento y un batallón como en Choele- Choel. La línea se completa con la ocupación del río Neuquén, desde su confluencia con el Negro hacia los Andes. Esta ocupación no puede ser proyectada en todos sus detalles por la deficiencia de las exploraciones del Neuquén; pero vamos a trazar en términos generales, nuestra opinión sobre esta base al oeste de la nueva frontera. LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS 335 Desde luego, es necesario ocupar con un regimiento y un batallón (500 plazas) la confluencia de aquellos dos ríos, pues desde el siglo pasado existe allí el paso preciso, de que se sirven parte de los indios que bajan de los valles andinos a la pampa por el camino de Choele-Choel y del Colorado, y los que regresan con grandes arreos de ganado. Efectivamente, en la carta de Villarino se lee, desde el siglo pasado, la siguiente noticia importante, agregada a la leyenda, después de asegurar que el río Neuquén no tiene más que un solo paso, inmediato a la confluencia: “Estorbándoles este paso, no les queda más arbitrio (según aseguran los mismos indios) para proveerse de ganado de los expresados campos, pues, dicen que este río no tiene paso por parte alguna desde que se le junta el río Atuela (Atuel), por la parte occidental y el Tunuyán por la oriental, hasta su desaguadero en el río Negro; y así por esto, como por ser los caminos intransitables por falta de agua se hallan precisados a pasar por el expresado paso, y seguir la orilla del río Negro hasta el Choele-Choel para pasar al Colorado.” Los viajeros posteriores a Villarino confirman la importancia estratégica de esta posición, y no habiendo siquiera dudas al respecto, parécenos inoficioso abundar en nuevas demostraciones. Los salvajes que roban ganado en la provincia de Buenos Aires lo arrean inmediatamente por el camino del Colorado y de Choele-Choel para los Andes, después de satisfacer las E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S 336 necesidades y la avaricia de los indios de las tolderías pampeanas. Villarino vio en el siglo pasado, como dijimos, un numeroso arreo en aquel camino; y en 1872 y 1875 los señores Bejarano y Moreno fueron testigos de un hecho análogo. ¿Cuántos millones costarán a nuestra industria agrícola las correrías de los indios por aquel camino durante cada siglo? Como un argumento más en pro de la urgente necesidad de cerrar esta vía a los indios abriéndola a la civilización y como nueva revelación de la importancia que le atribuyen los chilenos y de las esperanzas que en ella fundan, extractamos en seguida algunos pasajes fundamentales de un interesante artículo sobre el camino de Bariloche, que ha publicado La Revista del Sur de Santiago de Chile, en diciembre de 1878. Dice: “Toda comunicación fácil entre el mar Pacífico y la región oriental de los Andes, habrá de ser un elemento de gran porvenir para las provincias australes de Chile, por las relaciones que se podrían sostener a través de la gran cordillera y, muy especialmente, por el espléndido desarrollo que ha alcanzado la ganadería en los valles de la cordillera. La provincia de Llanquihué, por ejemplo, puede muy bien explotar el antiguo camino que seguían los misioneros de Nuestra Señora de Nahuel Huapí, que en el siglo XVII cruzaban los Andes desde e |
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