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LA CONQUISTA DE 15 MIL LEGUAS PARTE 2.

22 Oct 13 - 19:36

LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
ESTANISLAO S. ZEBALLOS
CAPÍTULO VII
LA NUEVA FRONTERA154
La expedición de 1833. - Proyecto del general Paunero en
1864. - Iniciativa del gobierno de Buenos Aires en 1870.
- La línea del río Colorado. - El desiderátum de los hacendados.
- Su concurso moral y material. - Forma de su
cooperación. - La línea del río Negro. - Del Carmen de
Patagones a Choele-Choel. - Los tehuelches. - Importancia
estratégica de aquella isla. - Historia de su ocupación.
- Resistencia de los indios. - El plan de Undiano y Gastelú.
- Nombramiento de una junta de notables para su
examen. - Dictamen de ésta. - Ideas del coronel García. -
La llave del desierto. - Comunicaciones con el interior. -
EI Chichinal. - En el Neuquén. - Ocupación del Paso. -
Entre este paso y Tilqui. - Defensa de los caminos. - El
paso de Barilochi. - Vistas de un escritor chileno. - La
frontera de Chile en 1878. - Su porvenir. - Expedición
154 Para redactar este capítulo esperamos la publicación del mensaje del ministro
de la Guerra sobre la nueva frontera, a fin de aprovechar los datos oficiales en él
consignados; además tuvimos una conferencia con el general Roca, para rectificar
o confirmar nuestros estudios sobre la materia, ilustrando nuestro juicio con su
competencia militar.
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combinada argentino-chilena. - De Mailleco al Topen. -
Consecuencias de este movimiento para las dos repúblicas.
- Organización del ejército expedicionario. - Ocupación
de Salinas Grandes y Leuvucó. - De este punto a
Salinas y al Neuquén. - El camino de Cruz. - Confirmación
práctica de nuestras opiniones. - Las expediciones
de 1878. - Estadística de sus resultados. - Reducción del
ejército nacional. - Seis mil soldados y dos mil mujeres
sobre el presupuesto de la Guerra. - Comisiones de geógrafos
y de naturalistas. Carta geográfica de la Pampa. -
Historia militar y científica de la expedición.
I. LA EXPEDICIÓN de 1833 clavó los dos grandes jalones
que señalan las cabeceras de la frontera sur de la República,
en el paso preciso del río Negro, denominado Choele-Choel
y en el Neuquén. La división expedicionaria de vanguardia
construyó fuertes en ambos puntos, que fueron abandonados
en seguida, y de los cuales no quedan acaso ni las ruinas.
En 1864 el senador Oroño agitaba en el Congreso el
avance de la frontera del sur, sin decidirse todavía por la línea
del río Negro, lo que sucedió en 1867 y 1868155.
El general Paunero, comandante general de armas en
1864, iniciaba un proyecto de avance de la frontera sobre el
Colorado, contando con la navegabilidad de este río. El pensamiento
no tuvo éxito, ni hubiera sido realizable, porque la
navegación del Colorado no es todavía un problema resuelto,
155 Véase el folleto citado, Consideraciones sobre colonias y fronteras, por NICASIO
OROÑO, Buenos Aires, 1869.
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y se sabe que es imposible por ahora a la altura de la travesía
llegar al río Negro por Choele-Choel.
Proyectaba ocupar el Colorado desde la cordillera al mar,
y una vez arrojados los indios al sur del río Negro, situar quinientos
veteranos en Choele-Choel. Pensaba que la operación
era realizable con un ejército de cuatro mil hombres de las
tres armas, preparado para lanzarse a la pampa y para invernar
en ella sin abandonar el campo, antes de haber arrojado a
los indios al sur del río Negro156.
El gobierno de la provincia de Buenos Aires inició en
1870 la ocupación de los ríos Colorado y Negro en esta forma:
la línea de frontera arrancaría de los Andes por la margen
norte del Colorado hasta el paso de Choique-Mahuida. Desde
allí, cruzando la travesía, la línea llegaría a Choele-Choel,
costeando el río Negro hasta Carmen de Patagones.
Este proyecto no fue considerado por el gobierno de la
Nación, a consecuencia de la guerra civil que ardía en Entre
Ríos; pero puso en evidencia que la opinión pública apoyaba
con decisión el pensamiento de una solución definitiva de la
cuestión frontera.
Como una prueba de ello copiamos en seguida el voto
de adhesión que la Sociedad Rural Argentina dirigió al gobierno
de la provincia:
ACTA DE LA ASAMBLEA DE LA "SOCIEDAD RURAL
ARGENTINA" PRESENTADA AL GOBERNADOR
DE LA PROVINCIA POR UNA COMISIÓN DE LA
156 Véase la Memoria del Ministerio de Guerra y Marina de 1864, Pág. 81. Informe
del general Paunero, titulado Proyecto de linea defensiva sobre el río Grande o Colorado.
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MISMA SOCIEDAD, COMPUESTA DE LOS
CIUDADANOS D. JOSÉ M. JURADO, D. DANIEL
ARANA, D. LUIS DE CHAPEAUROUGE Y D.
EXEQUIEL REAL DE AZÚA.
Buenos Aires, 4 de julio de 1870.
Las continuas invasiones y depredaciones que los indios
salvajes hacen sobre nuestra frontera han demostrado ya
hasta la evidencia que el actual sistema de defensa es inadecuado
o al menos insuficiente, y es por ello que la Sociedad
Rural ha creído llegado el momento de contribuir a un cambio
radical en este sistema, apoyando el propuesto por el
Excmo. Gobernador de la Provincia, para cuya realización
los miembros de esta corporación y demás ciudadanos que
suscriben ofrecemos la cooperación más decidida.
José Martínez de Hoz, Eduardo Olivera, Vicente C. Amadeo,
José M, jurado, Federico Leloir, Jaime Arrufó, Salustiano
Galup, Féliz Lynch, Manuel Gache, José G. Lezama,
J. A. Brizuela, M. Azcuénaga, Miguel Crisol, Alvaro Barros,
Gregorio Torres, Juan M. Villaraza, Nicanor Lastra,
Eduardo Bernal, Casto Sáenz Valiente, Mariano Cano,
Carlos Newton, Martín Colman, Calixto Moujan, Jorge
Temperley, M. Belgrano, Agustín E. Vela, José L. Vela,
Jorge Atucha, Felipe Rufino, Exequiel Ramos Mejía, Estanislao
Frías, Felipe A. Llavallol, Eustaquio Torres, Nicanor
Olivera, Emiliano Aguirre, Francisco Bosch, Manuel
M. Ibáñez, Félix Bernal, Luis Amadeo, José Roque Pérez,
Marcelino Rodríguez, Sulpicio A. Gómez, Juan A. Figue-
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
307
roa, Ramón R. Gómez, Juan Atucha, Exequiel Cárdenas,
Jorge Lacombe, José Z. Miguens, Felipe S. Miguens, Mariano
Unzué, Francisco Lalama, Justo M. Piñero, Antonio C.
Márquez, Juan Cañás, Juan B. Llosa, Luis A. Huergo,
Juan Cobo, Juan G. Peña, Ramón Vitón, Mariano Castex,
Miguel Torres, Lino D. Lagos, Manuel A. López, Federico
Terrero, Daniel Arana, Lorenzo F. Agüero, A. M. Álvarez
de Arenales, Domingo A. de Achával, Carlos Villate,
Exequiel Real de Azúa, José Arce, Pinto y Mejía, José Villodas,
Juan Hughes, Joaquín Torres, Miguel Vanchetti,
Paulino Amarante, Francisco Abach, Federico A. Toledo,
Melchor F. Arana, Francisco F. de la Serna, L. de Chapeaurouge,
T. M. Miguens, Luis Bilbao, Adolfo Reyes, José
Señoras, Mariano Casares, Antonio Claraz, Manuel Martín
y Omar, José G. Gómez, Manuel Fernández, Exequiel
Martínez, Patricio Reed, Vicente Casares e hijos.
Julio 9 de 1870.
Acúsese recibo agradeciendo a la "Sociedad Rural" la
cooperación que ofrece en asunto de tan vital interés para la
provincia, ofrecimiento que se hará presente al Excmo. Gobierno
Nacional, a los fines convenientes, publíquese e insértese
en el Registro Oficial.
CASTRO
ANTONIO E. MALAVER157.
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
308
La "Sociedad Rural" no se detuvo ahí. En 1871 presentó
un memorándum al Gobierno exponiendo la verdadera situación
de las fronteras, y significando claramente que el desiderátum
de los hacendados era la expulsión de los bárbaros al
sur del río Negro.
Esté interesante documento, en que los hacendados más
fuertes de Buenos Aires ofrecen toda su cooperación al Gobierno
Nacional, importa un compromiso contraído a la faz
de la Nación, que ha llegado el momento de hacer efectivo,
cooperando al pensamiento que agita a los poderes públicos
de marchar al río Negro. Por eso mismo lo hemos creído
digno de ser recordado en esta oportunidad. Hélo aquí:
A S.E. el Sr. Gobernador de la Provincia, ciudadano D. Emilio Castro.
Los que firmamos reunidos en los salones de la "Sociedad
Rural Argentina", hemos resuelto dirigirnos a V. E. con
la exposición franca y explícita de la situación en que se encuentran
las fronteras, y con la indicación de las medidas que
a nuestro juicio deben tomarse, a fin de remediar en lo posible
los males del presente, y evitar los del porvenir.
Este movimiento de opinión entre personas que por sus
intereses e industrias en la campaña, están más que otras expuestas
a las irrupciones de los indios, no es el resultado ni de
mala voluntad, ni de la menor mira de hostilidad hacia el gobierno;
nos proponemos solamente ayudar a las autoridades
157 Los antecedentes de esta tentativa de resolver la cuestión frontera existen en la
Memoria del Ministerio del Gobierno de Buenos Aires de 1871 a 1872, Pág. 169 y
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
309
para la realización de una medida definitiva, y nos dirigimos
al primer magistrado de la provincia en que habitamos, narrándole
los hechos tales como son, e indicándole aquello
que discretamente pensamos que debe hacerse.
Creemos además, que debemos empezar por recordar
ciertos antecedentes, de alguno de los cuales tiene ya conocimiento
V. E.
En una de nuestras reuniones anteriores se decidió
nombrar una comisión que se apersonase al gobierno de la
provincia y con los diputados al Congreso por la misma, autorizándola
para que verbalmente hiciera las referencias y
gestiones tendientes al objeto que nos proponemos, con la
correspondiente transmisión de los datos de que podemos
disponer en la actualidad.
La comisión cumplió su encargo, dando por resultado la
expresión de los mejores deseos por parte de V. E. y una
interpelación al ministro de la Guerra de la nación por parte
de los diputados.
Al ser interpelado el señor ministro de la Guerra, negó
los hechos y clasificó los datos de inexactos, afirmando que la
frontera está asegurada y mejor garantizada que nunca, y que
en la administración anterior no se había hecho nada en obsequio
de los hacendados fronterizos.
En vista de tan terminantes declaraciones, hechas ante el
Congreso y ante el país entero por la boca del gobierno nacional,
estamos en el deber de afirmar a nuestra vez y bajo la
fe de muchos de los que suscriben esta exposición, que las
tribus de Calfucurá y Catriel son acreedoras, la primera por
sigts., y en la Memoria de Guerra de 1872.
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
310
cinco trimestres y la segunda por tres, de las raciones y auxilios
que se comprometió a entregar el gobierno nacional; que
toda la línea de las fronteras siente la falta de caballos, y por
último, que algunos de los fortines exteriores carecen absolutamente
de armas para los guardias nacionales que los
guarnecen. V. E. puede aceptar estas observaciones con todo
el carácter de fidelidad que merece un asunto de tanta trascendencia
para el país y debe creer que estamos prontos a
justificarlo en la forma que fuere necesario.
Dejando así establecida la verdad de los hechos, pasamos
a trasmitir a V. E. datos y reflexiones de otro orden.
Es ya un hecho conocido por todos, que las tribus que
habitan la pampa han sido hace poco reforzadas por más de
mil indios chilenos, lo que significa una serie de futuras invasiones,
cuyos males a nadie pueden ocultarse, y ante semejante
antecedente unido a las deficiencias del sistema
tradicional de defensa que tantos desastres han causado, ante
los hechos que arriba apuntamos y por último ante la imposibilidad
material, ya por una razón ya por otra, de defender
los intereses fronterizos de una manera segura y eficaz, ¿qué
debe hacer el gobierno de la provincia, y qué debemos pedirle
nosotros, en obsequio de sus deberes como de nuestros intereses
comprometidos?
Una muy larga y dolorosa prueba ha demostrado que el
sistema defensivo en una línea tan extensa, sin accidentes
estratégicos, sin facilidad para adoptarlos por la superficie
llana y casi constantemente uniforme, no debe ser mantenida
por más tiempo, y mucho menos cuando se trata de un enemigo
ávido de rapiña, en razón de su miseria y del tradicional
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
311
espíritu de venganza que lo anima, ágil y dueño de la extensa
llanura de que puede disponer en sus retiradas.
La conclusión de estos precedentes no han podido, pues,
ser otra cosa que un cambio completo, que haga tomar la
ofensiva y que arroje a las tribus depredadoras más allá de la
línea natural del río Negro.
No pretendemos señalar al gobierno un plan, ni menos
entrar en detalles fuera de lugar; pero sí creemos, que al
apuntar la idea, debemos asegurarle por medio de la promesa
más formal, que estamos prontos a cooperar moral y materialmente
a su realización, con todos aquellos medios y recursos
que estén a nuestro alcance. Al hacer este decidido
ofrecimiento, debemos recordar el hecho en épocas anteriores
por la "Sociedad Rural Argentina", bajo cuyos auspicios
nos hemos reunido hoy para reproducirlo; y concluimos rogando
a V. E. se sirva tomar todas las medidas e iniciar todas
las gestiones necesarias que la Constitución y las leyes le
acuerdan, con todo el patriotismo y con toda la voluntad que
verbalmente se ha servido manifestar a nuestros comisionados.
Emprendida por V. E. esta cruzada, con la resolución y
ardor que ella merece, o ayudando al gobierno de la nación
para que la lleve a cabo, en cumplimiento de una ley del Congreso
dictada al respecto, habrá hecho un verdadero e inolvidable
servicio al país, cicatrizando una vez por todas la
deplorable llaga que consume una gran parte de los frutos de
la primera industria nacional.
Mientras que eso no se realice, suplicamos a V. E. haga
de su parte lo posible para que la frontera de Buenos Aires
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312
sea dotada inmediatamente de todos los elementos necesarios,
para su seguridad y defensa.
Saludan atentamente al señor Gobernador.
Miguel J. Azcuénaga, J. M. Jurado, Pedro de Elizalde, Federico
Leloir, Nicolás jurado, Mariano Roldán, Alvaro Barros,
N. Martínez de Hoz, Moisés Jurado, J. B. Bonnement,
Juan Frers, José Anasagasti, Antonio Martínez y Vidal,
Martín Colman, José Barés, Ventura Lozano, Elíseo P.
Acorta, Victorio de la Canal, Samuel Rosetti, Ricardo
Newton, Miguel Insiarte, Serapio Rosas, Irineo Anasagasti,
Juan M. Serna, Juan Anasagasti, José Portuguez, Alejandro
Leloir, Daniel C. Amadeo, Félix Bernal, Manuel Bavio,
Tomás Urquiza, Samuel S. Valiente, Exequiel Real de
Azúa, Tristán Gómez, Vicente Casco, Juan A, Figuera,
Juan H. Gómez, Miguel B. de Uribelarrea, Ramón Santa
María, Nicanor Elgalde, Antonio R. Vaqueiro, José Félix
Andrade, Daniel Miró, Rafael J. Caraballo, Juan Malcolm,
Ezequiel Cárdenas, García y González, Martín Irala, Benedicto
López, Ramón R Gómez, Fausto Lara, José Ciriaco
Gómez, Francisco Lalama, Teodoro San Martín, Martín
Córdoba, Juan Cobo, Francisco Piñeiro, Juan Crisol, Inocencia
Ortiz, Federico Lefrançais, Salvador M. del Carril,
Emilio J. Muñiz, Ramón Piñeyro, Jacinto L. Araux, Fermín
Muñoz, Nicanor Olivera, Agustín E. Vela, Calixto J.
Maujon, Saturnino Martínez de Hoz, Manuel Anagasti.
Buenos Aires, octubre 14 de 1871.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
313
Remítase con la nota acordada al Exmo. Gobierno Nacional,
avísese a la "Sociedad Rural" y publíquese.
CASTRO
ANTONIO E. MALAVER
En 1872 el ministro de la Guerra, coronel Gainza contestaba
en estos términos:
“V. E. apoya en su nota la idea de llevar la frontera hasta
la línea del río Negro.
Este gobierno se ocupa actualmente de preparar los elementos
necesarios para llevar a cabo esta idea, dando al mismo
tiempo cumplimiento a una ley dictada por el Congreso
hace algunos años; pera para ello ha de tomarse el tiempo
indispensable, pues no quiere exponerse a que las armas de la
civilización retrocedan como otras veces ante la chuza de la
barbarie.
Los señores hacendados, con un desprendimiento que
los honra, ofrecen en obsequio del mismo pensamiento todo
su apoyo moral y material.
El gobierno argentino acepta gustoso ese concurso; y en
el caso de que se haga práctica la operación, espera que V. E.
se servirá entenderse directamente con ellos a fin de averiguar,
hasta qué punto y en qué sentido podrá contar con él.
Este conocimiento sería de suma importancia, pues el
gobierno tendría entonces un poco más de partida para proceder,
seguro como está de que si los señores hacendados
toman con empeño el encargo de concurrir a la operación,
una gran parte de las dificultades habrán sido superadas.”
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
314
En marzo del mismo año se expidió la Sociedad Rural
Argentina contestando que había nombrado comisiones de
vecinos en cada partido de campaña, con la misión de levantar
una suscripción de caballos, que permanecerían en poder
de sus dueños, hasta que el gobierno dispusiera la realización
de la expedición. Solicitaba la Sociedad que el gobierno
exhortase a los jueces de paz a secundarla en su patriótica
empresa; y el P. E. lo hizo en el acto por medio de una circular
que lleva fecha 21 de marzo de 1872.
Abrigamos la convicción de que, no habiendo sufrido
modificación radical el sistema defensivo de la frontera, los
hacendados de Buenos Aires sostendrán siempre con igual
patriotismo su desiderátum de 1871 y su generoso ofrecimiento
de cooperar moral y materialmente a la traslación de
la frontera sur al río Negro.
La ley de 1867, cuya ejecución se prepara felizmente a
realizar el gobierno, traza con acierto la verdadera línea de la
frontera sur, cuyas cabeceras serán los Andes y el Atlántico,
pasando por Choele-Choel, Chichinal y Neuquén; y por
nuestra parte, no vemos otra más ventajosa, más sostenible,
ni más fecunda para la riqueza de aquellas comarcas y de la
nación misma.
La línea del río Colorado es inhospitalaria por la aridez
del territorio, de difícil defensa por esta misma causa y de
imposible comunicación fluvial en alta escala, según los conocimientos
que hasta ahora poseemos sobre aquel río.
Al contrario, como ya lo hemos, demostrado, el valle del
río Negro, es hospitalario, fértil en algunas extensiones, y sus
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
315
posiciones estratégicas permiten una defensa tan eficaz como
barata y fácil, debiendo agregarse a estas seductoras ventajas,
que la navegación de dicho río y sus afluentes, es al mismo
tiempo que un recurso militar, un agente poderosísimo de
población, de progreso y de riqueza.
La historia de dos siglos, por otra parte, ha proclamado
la excelencia de esa línea natural de la frontera del sur de la
República, como lo hemos demostrado en otro capítulo y
como vamos a confirmarlo.
II. El vasto territorio comprendido entre Choele-Choel y
Carmen de Patagones es recorrido frecuentemente por los
indios que van de la Pampa unas veces y de los valles orientales
de los Andes las otras; pero una vez realizada la gloriosa
batida en la llanura, acampadas en triunfo nuestras tropas
sobre la margen del río Negro, sin enemigos a retaguardia,
aquellos campos se verán libres de salvajes, y las estancias de
argentinos y de ingleses que ya se acercan a Choele-Choel,
prosperarán tranquilas y seguras, sirviendo de base a nuevos
centros de población y de trabajo.
Los indios que vagan en los llanos de la Patagonia al sur
del río Negro no son invasores, porque su índole y sus costumbres
difieren radicalmente de los caracteres morales y
elementos materiales de los araucanos. Los tehuelches o habitantes
del sur. (tehuel, sur; cbe, gente) son indios naturalmente
preparados para la civilización y algún día serán la base
de la población argentina de la Patagonia. Hoy mismo los
vemos respetar la colonia galense del Chubut, comerciar con
ella y acompañar lealmente a los atrevidos colonos, que se
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
316
internan en el seno de la Patagonia entregados a investigaciones
científicas. Por otra parte, no olvidemos que responden
de la tranquilidad del territorio que nos ocupa, la cruel travesía
del Balcheta, al sur del río Negro. Si los indios rechazados
al sur de este río intentaran burlar la vigilancia de las fuerzas
escalonadas desde Choele-Choel al Neuquén, lanzándose en
gran número y de improviso sobre los establecimientos ubicados
entre Carmen de Patagones y la isla, serían detenidos
por la inhospitalaria naturaleza de la travesía del Balcheta, en
cuyas estepas sucumbiría el ejército que osara hollarlas sin un
inmenso acopio y tren de elementos de vida.
En efecto, desde la colina austral del río Negro hasta el
Chubut, este territorio de centenares de leguas cuadradas, que
comprende los campos158 de Balcheta, carece de pastos y de
agua.
El padre Falkner describe la travesía del Balcheta al sur
del río, en estos términos:
“Toda la costa, por cosa de 20 leguas al sur del segundo
Desaguadero es un país seco, estéril, y con muy poco pasto, e
inhabitado por hombres y bestias, excepto algunos guanacos
que bajan de cuando en cuando de las montañas vecinas al
poniente. No tiene más agua en una parte del año que la que
se coge en las lagunas después de las grandes lluvias, en cuyo
tiempo bajan los indios a este país para enterrar los difuntos,
visitar los sepulcros, recoger sal en la Bahía San Julián, o sobre
la costa. Vense algunas colinas pedregosas aquí y allá; en
158 MORENO, Viaje a la Patagonia Septentrional, t. I de los Anales de la Sociedad
Científica Argentina, pág. 188.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
317
una de las cuales, cerca de Puerto Deseado, se halló también
un mineral metálico de una especie de cobre159.”
Sin embargo, hacia la costa del Atlántico corre un camino
que sale de Carmen de Patagones, y que se interna al sur,
inclinándose al oeste; camino que es seguido por los comerciantes
que van a realizar cambios ya con los colonos del
Chubut, ya con los indios tehuelches de algunos valles fértiles
de la Patagonia septentrional, especialmente de aquellos que
dan origen y alimentan al cristalino arroyo Balcheta, límite sur
de la travesía de su nombre160.
Este mismo camino se une al que siguieron los indios de
la caravana del intrépido capitán Musters, arrojado por los
salvajes manzaneros al sur del río Negro para evitar que examinara
este río.
Viedma decía, en su descripción de la Patagonia:
“Desde Santa Elena al río Negro, dicen los indios que es
muy escasos de aguas el terreno, que sólo se hallan algunas
pequeñas lagunas en tiempo de lluvias, y cuando están secas
se ven obligados para ir al río Negro a arrimarse a la cordillera,
donde bajan manantiales; y como para esto suben mucho
al oeste, triplican el camino si han de bajar luego al establecimiento
de los españoles, con respecto al que caminarían por
la costa, si en ésta tuvieran agua161.”
159 TOMÁS FALKNER, Descripción de la Patagonia (Colección de Angelis, t. I).
160 GUERRICO, Memoria sobre el río Negro. Memoria de la Guerra, 1873, Anales
Científicos Argentinos, 1874, Pág, 150.
161 Diario de VIEDMA, 1783. Colección de Ángelis, t. VI, pág. 80.
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
318
Dedúcese de las precedentes observaciones, que antes de
decidirse el ministro de la Guerra a dejar desguarnecido el
territorio que media entre Carmen de Patagones y Choele-
Choel, es necesario practicar un reconocimiento detenido
sobre la travesía de Balcheta, a fin de saber si realmente es un
obstáculo invencible para una invasión de indios, como todo
parece demostrarlo, o si ofrece oasis accesibles, que puedan
servir de etapas para un nuevo camino, en cuyo caso los salvajes
encontrarían otra vez abierto el rumbo del río Colorado
y de Bahía Blanca.
En el último resultado, la verdad es también que la defensa
es fácil y se puede hacer con pocos hombres, teniendo
además el recurso de la navegación a vapor, cuyos servicios
militares serán de la mayor trascendencia y eficacia.
Hemos creído conveniente detenernos en estas consideraciones
para prevenir críticas a las ideas de ocupación del río
Negro, que profesamos desde hace tiempo; y con este mismo
propósito hemos de demostrar en otro capítulo nuestra profunda
convicción de que, abierta la guerra ofensiva sin suspender
la marcha del ejército hasta el río Negro, habrán
concluido para siempre las invasiones de los salvajes.
III. Villarino escribió en la carta geográfica de su famosa
navegación en el río Negro la siguiente leyenda:
“Los indios pasan por arriba y abajo de Choele-Choel,
porque allí, enfrente, es donde el río Colorado se acerca más
al Negro, sin que les quede arbitrio para hacer este tránsito
más arriba; y ésta fue la causa porque generalmente todos los
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
319
indios sintieron la expedición que se hizo para este reconocimiento,
para fortificar el potrero de Villarino.”
Este potrero se encuentra en la isla de Choele-Choel así
llamada impropiamente, pues Villarino, fundado en el testimonio
de los indios, dice que así nombran a un médano que
se encuentra al este del paso. Pensamos que como un acto de
justa reparación y como un tributo de gratitud al insigne precursor
de la ocupación del río Negro, la isla de Choele-Choel
debiera llamarse de Villarino.
¡Aún existe en ella el fortín en que éste vivió cuarenta y
cinco días!162
Describe el piloto con entusiasmo los potreros de
Choele-Choel, no solamente por su fertilidad, que le pareció
superior a la de los territorios comprendidos entre Carmen
de Patagones y ese paraje, sino también por su fácil defensa.
En efecto, el Diario dice:
“Queda el dicho potrero inexpugnable aunque vengan
50.000 indios. Este potrero es capaz, tiene dentro leña, madera,
caza, pesca que abunda en ricas truchas y pasto para siempre,
para el ganado que tenga, y aunque venga más. Esta gran
isla, por estar en la banda del norte, es la mayor excelencia de
dicho paraje; tiene nueve leguas de largo, y en algunas partes
tres de ancho; las tierras en las inmediaciones de este paraje o
162 Véase el plano de Villarino. El potrero tiene el nombre de Tehuel Malal (corral
del sur).
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
320
potrero, en espacio de cuatro leguas, son las mejores que ha
visto desde aquí el desagüe de este río en el océano163."
En abril de 1782 Villarino recibió un oficio en el que se
le pedían esclarecimientos sobre las posiciones estratégicas
del río Negro; y contestó:
“La guardia que Vd. ha proyectado en el Choele-Choel,
debe Vd. tener presente que además de ser útil para contener
los indios, lo más importante de ella, y por lo que a mi juicio
se hace absolutamente necesaria, es porque sirve para tener
los indios retirados de las orillas del mar, que en ellas nos
pueden ser tan perjudiciales en caso de ser invadida esta costa
por los enemigos de la Corona, con quienes se podrían unir
por su propio interés, y convendría mucho tener siempre los
indios retirados de los puertos, para el caso de que sucediese
lo que he dicho, no tuviesen la facilidad de hallarse con ellos,
ni que los indios tuviesen ni pudiesen adquirir tal noticia.
Suspendo hacer la descripción de Choele-Choel, por cuanto
con bastante difusión lo tengo manifestado a Vd. anteriormente.
Tampoco quiero hablar de las numerosas iridiadas
que precisamente los obliga a transitar por este paso, y los
estragos que causan a Buenos Aires, porque de todo ello tiene
Vd. muy largas noticias y conocimientos.”
Estas observaciones, dirigidas a Viedma, trazaron el
rumbo que debía seguir la opinión de los contemporáneos y
163 T. VI de la Colección de Angelis, pág. 29.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
321
de la posteridad, para obtener la completa seguridad de la
campaña poblada, lindera con los dominios del salvaje.
En efecto, Viedma, intendente de los establecimientos
reales de las costas patagónicas, fue el primero que, apoyándose
en las noticias de Villarino, promovía la ocupación militar
de Choele-Choel, aunque sin éxito, como ya lo hemos
referido164.
Después de la trágica muerte de De la Piedra y de Villarino,
acontecimiento que causó honda impresión a consecuencia
de la espectabilidad de las víctimas, formáronse en la
corte del Virrey de Buenos Aires dos partidos, el uno favorable
a la conservación de los establecimientos de la costa patagónica
y el otro adverso, partidario de abandonarlos.
El Virrey decidióse por un término medio, juiciosamente
aconsejado por Viedma y el brigadier portugués Sáa de Farías165.
Ellos opinaban que todos los elementos y escuadrillas
dispersos en el extenso litoral de la Patagonia, debían ser
concentrados en Carmen de Patagones, conservando esta
posición a todo trance, como llave de la comunicación fluvial
con el interior, aún mal conocida, del país y como base para
vigilar aquellas costas sin cesar.
Era cuerdo el parecer y como vamos a justificarlo, fue
ampliamente aprobado por el Rey de España.
El primer ministro de S. M., conde de Campo Alange,
escribía en San Lorenzo del Escorial en 22 de noviembre de
1791, acusando recibo de las comunicaciones del Virrey de
164 Véase el Capítulo Primero.
165 Manuscrito en el Archivo General de la Provincia.
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322
Buenos Aires, relativas a la conservación del establecimiento
del río Negro, y decía:
“Se ha dignado S. M. resolver conformándose con el informe
dictamen de su Suprema justicia de Estado, que considerando
la urgente necesidad en que nos hallamos después
del último convenio con Inglaterra de posesionarnos y establecernos
sólidamente en los puntos principales de la mencionada
costa (patagónica) antes que aquella nación se
apodere de alguno o algunos, como es de recelar piensan
hacerlo para abrigo de sus pesquerías, para introducirse con
su comercio clandestino por los ríos, o por tierra en la banda
del sur y para dificultar nuestra navegación y comercio en
tiempo de guerra, desde luego se conserve y dé todo el fomento
posible al establecimiento del río Negro; que se traslade
el puerto de San José al istmo de aquella península, y que
se internen las guardias sobre el río Negro, ocupando el paso
de Choele-Choel y procurando averiguar los demás pasos del
mismo río, para cubrir por aquella parte las fronteras de ese
Virreinato, cuyas providencias, aunque ocasionaran algún
dispendio, servirán al pronto para asegurarnos aquellas posesiones,
y es verosímil produzcan con el tiempo las demás
ventajas que prometen los informes166.”
Más tarde, en 1796, el ilustre geógrafo D. Félix de Azara
sostenía las mismas ideas, en un importante informe elevado
166 Manuscrito en el Archivo General de la Provincia.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
323
al Virrey sobre la frontera de Buenos Aires167. Azara se expresaba
así:
“Me limito, pues, a decir que miro muy factible y fácil
establecernos en Choele-Choel, y con esto, siendo cierto lo
que asegura Villarino, seríamos dueños de las pampas desde
aquí hasta el río Negro; pues, aunque quedaran algunos bárbaros
en este espacio, no habría motivo para temerlos, porque
no son muchos, ni aun la sexta parte de lo que el vulgo
se figura. Tampoco tendrían motivo para incomodarnos,
porque no hallarían a quién vender el ganado robado que
ellos no necesitan. En fin, amparándonos en este paso preciso,
no podrían los indios del sur del río Negro, ni los de la
cordillera y sus faldas, introducirse en estas pampas para
unirse con sus indios y robar nuestro ganado, como hasta
aquí ha sucedido.”
En los primeros años de este siglo, un oficial de blandengues
de Mendoza, de quien ya nos hemos ocupado, D.
Sebastián de Undiano y Gastelú, bosquejaba con tino y sagacidad
el plan de una expedición formal sobre el río Negro,
plan que ha sido y será el único benéfico, aunque actualmente
es susceptible de ser complementado por los detalles, como
vamos a verlo168.
“Con las tropas que hoy hay en dichas fronteras, dice,
me parece sería suficiente; para establecernos sólidamente en
167 Colección de Angelis, t. VI, Págs. 43 Y 44
168 Véase el t. I de la Colección de Angelís, al final.
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324
los puntos principales de la nueva línea; a saber: por lo que
mira al río Negro en Choele-Choel e isla inmediata, más arriba
de este paso, y por lo que toca al Diamante169 en el que se
ve más abajo de los Manantiales. En el de la esquina de San
José, en el de los Algarrobos; y en el de la dicha confluencia
del Diamante y el Atuel, y en algunos otros de que se haría
un reconocimiento prolijo, si se tuviera por conveniente asegurarlos.
Para este reconocimiento debieran partir dos expediciones,
una desde nuestro establecimiento del río Negro, a la
manera de la de Villarino, que podría dirigirse con dos chalupas
hasta la unión de este río con el Diamante; y otra que,
marchando desde Mendoza, fuese por la derecha de este último
río hasta encontrarse con la del Negro; volviendo a la
retirada de una y otra a rectificar las observaciones hechas en
la entrada. Bien que la de Mendoza sería muy conveniente
que hiciese su viaje de vuelta por la izquierda, para reconocer
la unión del Tunuyán, que yo no pude ver el año de 1784 que
anduve por allí, a causa de las grandes crecientes de aquel
año, que hicieron salir de madre dicho río, inundando a mucha
distancia los campos inmediatos, y estorbando el acercarse
debidamente a reconocer este punto geográfico, por lo
cual sería muy bueno también que la expedición de Mendoza
llevase dos canoas o botes por el río, y una y otra confiadas al
mando de personas que diesen una descripción completa de
los ríos, levantando planos exactos de ellos, y designando los
sitios para el establecimientos de los nuevos fuertes.”
169 El río Diamante a que alude Undiano es el Neuquén. En aquella época de
atraso geográfico era corriente este error, como se ha visto. Así, pues, el plan de
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
325
El Virrey de Buenos Aires, que en 1804, época de esta
presentación, lo era el Marqués de Sobremonte, convocó una
junta de notables, como se ve por el siguiente documento:
“En la ciudad de la Santísima Trinidad de Buenos Aires,
a 28 de mayo de 1804, el Excmo. señor Marqués de Sobremonte
Virrey, Gobernador y Capitán General de estas Provincias
del Río de la Plata, etc.: Habiendo visto y examinado
los varios expedientes que en diferentes tiempos se han promovido
con el objeto de adelantar la frontera del sur de esta
capital e igualmente el proyecto presentado a S. E. por el
capitán de milicias de Mendoza, D. Sebastián Undiano y
Gastelú, dirigida a adelantar la misma frontera hasta los ríos
nombrados Negro y Diamante, resolvió S. E., para tomar la
determinación más útil y conveniente en materia de tanta
gravedad y consecuencia, hacer convocar las personas de
mayor inteligencia y conocimientos prácticos en la materia,
para que instruyéndole verbalmente cada uno de su concepto,
según sus conocimientos, pudiese facilitar sin más retardo, y
sin los embarazos y dificultades que hubieron hasta el presente
el importantísimo proyecto de adelantar la frontera del
sur de esta capital, en cuya virtud, habiéndose juntado en este
Real Palacio, en presencia de S. E., los señores D. Juan de
Almagro, del Consejo de S. M., Oidor honorario de la Real
Audiencia de Charcas, Auditor de Guerra y Asesor General
de este Virreinato; el coronel D. Nicolás de la Quintana, comandante
general de la frontera del sur; D. Domingo de
Undiano es el que perseguimos hasta ahora.
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
326
Igarzábal, alcalde de primer voto de esta ciudad; D. Ignacio
Rezábal, síndico procurador general de la misma; D. Francisco
Escalada, síndico del Real Consulado; el capitán de dragones,
D. León Ortiz de Rosas; el de ejército, D. Joaquín
Maestre; el de las milicias de Mendoza, D. Sebastián de Undiano;
el apoderado del gremio de hacendados, D. Antonio
Obligado, y el ingeniero geógrafo, D. Pedro Cerviño; después
de haber propuesto difusamente la materia, leídose lo más
sustancial de los expedientes obrados hasta el día acerca de
ella, y seguidamente el proyecto presentado por D. Sebastián
de Undiano y Gastelú, todos estuvieron de común acuerdo
en su parecer, que considerada la grande distancia que media
desde la frontera de esta capital hasta el río Negro, los considerables
gastos que sería necesario invertir en la guarnición
de las orillas de dicho río y del Diamante, lo escaso de los
fondos destinados para sufragar a estos preciosos e indispensables
gastos, el considerable número de tropa que era necesario
emplear en cubrir puestos tan distantes y lo expuesta
que quedaba la frontera inmediata a la capital, no conceptuaban
conveniente ni practicable por ahora la verificación de
este proyecto: pero que atendiendo por otra parte al crecimiento
y adelanto que ha tomado la población de la provincia
desde el año pasado de noventa y seis en que se propuso
adelantar la frontera hasta el río Salado, consideraban que no
debían ceñirse a tan corto espacio el avance de que ahora se
trataba, sino que debía solicitarse un punto medio, que sin
dejar expuestas las inmediaciones de la capital, sin tropezar
con las demás dificultades que ofrecía la salida hasta el río
Negro, proporcionase las ventajas a que se aspiraba, de dar
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
327
mayor ensanche a los campos en los términos más ventajosos
y útiles a la provincia, y que pudiesen conciliar todos los objetos
que se proponían y ventilaban. En cuyas circunstancias,
el señor coronel comandante de la frontera propuso, que en
su concepto el modo más seguro de la defensa de ésta para
conservar él reunidas las fuerzas destinadas para ella en un
puesto ventajoso y proporcionado a ocurrir con prontitud a
contener cualquiera invasión; que por las noticias adquiridas
de todos aquellos campos, y los conocimientos prácticos que
de ellos le asisten, cree que no hay otro punto que reúna estas
proporciones, que la laguna Blanca o Cerremechi, situada
como a unas ochenta leguas de esta capital, y que estableciéndose
en sus inmediaciones un fuerte y cuartel general
para la tropa de blandengues puede quedar bien asegurada la
frontera, y en lo sucesivo, si se considerase conveniente aumentar
dos fortines en sus dos alas, cuya faena se aumentará
considerablemente con los pobladores que es probable se le
reúnan al abrigo del mismo fuerte, siempre que se les repartan
terrenos asegurándoseles su propiedad, no debiendo dudarse
que por estos medios tendrá en muy breve tiempo
aumentos muy considerables aquella población, así por la
buena calidad de los terrenos, como por la permanencia de
las aguas.
Y habiéndose ventilado y discutido detenida y minuciosamente
por los señores de la junta acerca de la exposición
del señor comandante de la frontera, convinieron todos en
que así debía practicarse, y era cuanto en las circunstancias
convenía hacer, y lo que consideraban digno de la celosa
protección y decidida constante propensión de S. E. por la
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
328
prosperidad de esta provincia, y bienestar de sus habitantes;
pareciendo también podría al propio tiempo conseguirse sin
dificultad adelantar la frontera de Mendoza, trasladando el
fuerte de San Carlos a la confluencia del río Atuel con el
Diamante e igualmente avanzar un puesto cinco o seis leguas
más por la parte sur del río Negro. Todo lo cual, oído por S.
E. mandó se asentase por diligencia, y que firmada por dichos
señores de la junta, se le llevase para resolver lo que
considerase más conveniente: de que yo el escribano mayor
de Gobierno y Guerra doy fe.”
Juan Almagro, Nicolás de la Quintana, Domingo
de Igarzábal, Ignacio de Rezábal, Francisco Antonio de
Encalada, Sebastián de Undiano, Joaquín Maestre,
Antonio Obligado, León Ortiz de Rosas, Pedro Antonio
Cerviño, José Ramón de Baravilbaso170.
Poco nuevo hay que decir ya en materia de plan general
de ocupación del río Negro después de lo escrito por Undiano
y Gastelú. La expedición de 1833 fue llevada a cabo, de
acuerdo con aquellos consejos, completados en los detalles
con arreglo a las nuevas necesidades.
Finalmente citaremos en apoyo de la importancia de los
pasos del río Negro, la opinión del distinguido coronel García,
quien diseña la nueva línea definitiva en estos términos:
170 Expediente promovido por D. Sebastián de Undiano y Gastelú, capitán de
milicias de Mendoza, sobre aumentar diecisiete mil leguas a los campos que poseemos
en nuestras pampas. Año 1804. Manuscrito en poder de la familia de
Undiano.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
329
“La primera debe ser desde la confluencia con el mar del
río Colorado hasta el fuerte de San Rafael, sobre el río Diamante,
teniendo por punto central la laguna de Salinas. La
segunda debe formarla la cordillera de los Andes, en los pasos
que franquea por Talca y frontera de San Carlos, apoyando
su izquierda sobre las nacientes del río Negro de
Patagones y su derecha en el paso del Portillo, examinando
además otros pasos intermediarios si los hubiere, y guarneciéndolos
del mejor modo posible. La configuración geográfica.
del terreno da a conocer la importancia de esta obra, y
también que la naturaleza nos da en los Andes unos límites
indisputables y que brindan a los de esta parte del norte con
la posesión de tantos terrenos yermos y de preciosidades
inestimables, ya demasiado conocidas y ansiadas por los del
sur.
Los costados del cuadro irregular que forman las dos líneas,
quedan cubiertos por el este con las orillas del océano y
río Negro; por el oeste con la provincia de Cuyo; por el sur
con la cordillera de los Andes, y por el norte con las provincias
de Buenos Aires y Córdoba.”
Siendo Choele-Choel la llave del río Negro, y demostrada
la importancia incontrovertida de esta línea estratégica, ha
debido ser conservada aquella posición militar ocupada y
abandonada por Villarino, en tiempo de Rosas, y bajo la administración
del general Mitre.
Los bárbaros hicieron siempre una oposición decidida a
la fortificación de la isla desde el reinado de Chulilaquin, en
1782, hasta el de Calvucurá en 1874.
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
330
La última vez que Choele-Choel fue ocupada en cumplimiento
de un decreto de la administración del general Mitre,
los indios se alarmaron hondamente y el cacique general
de las pampas escribía al coronel Barros, jefe de la frontera
sur de Buenos Aires:
“Me dice mi general que le dé a saber de la venida del
hermano Reuque-Curá, y que ya está en Choele-Choel con
3.500 lanzas sin contar las que vienen todavía en camino, y el
motivo de esta venida es por la población que se iba a hacer
en Choele-Choel, y que el señor Gobierno se lo comunicó
que había mandado comisión a todas las indiadas y que todos
los caciques se han enojado por la población de Choele-
Choel, pero que como ahora esta población ha quedado así,
pues dice mi general que esta fuerza del hermano es para
favorecerlo en caso de que den contra él. Como mi general
no tiene ninguna cosa con Vd., quiere que Vd. se entere de
esto, y tenga la bondad de decirle las buenas ideas del señor
Gobierno para que el hermano quede enterado de todo, que
el vivir bien es lo mejor porque mi general no quiere la guerra171.”
En 1869 el coronel Murga, comandante de la frontera de
Patagones, salía a dar cumplimiento al citado decreto de 1868
sobre la ocupación de la isla. Llevaba 150 veteranos por tierra
y un vapor que navegaba el río a las órdenes del capitán don
Ceferino Ramírez, hoy teniente coronel de la Armada. Pocos
días permaneció la pequeña columna en Choele-Choel, y sin
171 A. BARROS, Fronteras y territorios federales, Pág. 46.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
331
embargo, rescató varias tropas de ganado, que los indios llevaban
de la campaña de Buenos Aires para Chile.
La alarma que este ensayo despertó entre los indios, demuestra
la importancia del punto. Ella consiste en que la travesía
inhospitalaria que separa a los ríos Colorado y Negro, es
menos ancha frente a Choele-Choel que en cualquier otro
punto. En efecto, el primero de estos ríos se acerca al segundo
allí, corriendo ambos cauces a doce leguas de distancia,
que son una jornada para los bárbaros. El territorio entrerriano
no podría ser atravesado en otra parte sin peligros inmensos,
para invadir a Buenos Aires, porque a la naturaleza del
terreno se agrega que el camino de la costa del Atlántico está
guardado por la frontera militar.
La defensa de Choele-Choel ha sido facilitada por la naturaleza
y una división de 500 veteranos armados a remington
establecidos en uno o más puntos a lo largo de la costa
del norte, frente a los pasos más accesibles y en la misma isla,
basta para contener y destruir al ejército más numeroso que
pudiera formarse de una extraordinaria e improbable confederación
de indígenas.
Los pasos no son dos o tres como se cree generalmente,
dice el teniente coronel Guerrico. Se puede entrar y salir con
la mayor facilidad; pero la isla quedaría invulnerable aplicando
el sistema de Villarino de fosar el frente de los pasos y
defenderlos con palizadas, para los cuáles abunda la madera
allí mismo.
Consisten generalmente los pasos en declives de las barrancas,
pues en cuanto a la profundidad del río muy raro
será que allí no haya que vadearlo a nado de caballo. Por con-
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
332
siguiente con trabajo de zapa, destruyendo los declives hasta
dejar las barrancas perpendiculares, los pasos desaparecerán.
Es inoficioso insistir en la importancia estratégica de
Choele-Choel. Un jefe experto sacará de ella todas las ventajas
que quiera, porque la abundancia de madera, la fertilidad
del suelo y la elevación de las barrancas le brindan toda clase
de seguridades militares y de recursos vitales.
Veintiséis leguas arriba de Choele-Choel existe otra posición
estratégica o paradero de los indios llamado Chichinal.
Villarino no da su nombre en el Diario de navegación,
pero la distancia a que corresponde la descripción del paso
revela que se refería a aquel paraje. El 3 de diciembre escribió:
“A las 5 de la mañana salí a remo a atravesar la costa del
norte, y seguí a la silga; a una milla andada hallé rastros de
haber pasado los indios de la parte del N. a la del S., galope
de ganado vacuno y caballar, el que, según los rastros y camino
hecho venía del N.O., hacia el Colorado, y este paso es
bueno, pues aquí se angosta bastante el río y tiene buena entrada
y salida en él. A mediodía venía yo registrando por tierra
y hallé muchos rastros de caballos.”
Al día siguiente Villarino avistó polvaredas y luego grandes
arreos de ganado que se dirigían al paso.
“Habiendo logrado el piloto atraer algunos indios a las
naves, le dijeron que venían de sierra del Volcán, que ha cerca
de un año que bajaron a buscar ganado caballar y vacuno, y
que con esto hacen trato con los de Valdivia, unas veces lle-
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
333
vándolo los indios a dicho pueblo, y otras viniendo los cristianos
a comprárselo a sus tierras, el cual cambian por sombreros,
cuentas, frenos, espuelas y añil para teñir los ponchos;
véase aquí ya abierto el camino y comunicación por la orilla
del río con Valdivia, y entablado una especie de trato por los
indios, robando el ganado a Buenos Aires y vendiéndolo a
aquel presidio.
Agregan los salvajes que para ir y venir entre Buenos Aires
y la Cordillera atravesaban el campo desde el Colorado al
río Negro por Choele-Choel, y agregaban que todos o casi
todos los indios que habitan o residen en las sierras del Volcán
y pampas de Buenos Aires, son de este río arriba; y que el
motivo de pasar tanto tiempo en aquellos parajes es por la
abundancia que hay de ganados, y por la facilidad de mantenimiento;
y que algunos paran dos años, otros más y menos,
según les acomoda.”
El día 12 de febrero vio el piloto en el Chichinal otra indiada
en número de 300 lanzas con un arreo de 8.000 cabezas,
y dice:
“De aquí se puede inferir lo que destruyen los indios a
Buenos Aires, pues todo el ganado es señalado y marcado de
los vecinos de la ciudad".
A agrega:
“Me quedé admirado de oír hablar a estos indios de
nuestras guerras con los ingleses, pues me preguntaron si aún
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
334
duraban. Y preguntándoles yo por dónde habían sabido de
esta guerra, respondieron que en Valdivia lo habían sabido, y
que por este motivo valían en aquella plaza todas las cosas
más caras, pues no podían pasar las embarcaciones de España
para las Indias.”
El mayor Bejarano pasó el río Negro en el Chichinal,
con cuatro pies de agua, en época de la mayor bajante y observó
buenos campos.
Hemos transcrito ya algunos párrafos de la relación del
viaje del señor Moreno, en que afirma que en Chichinal no
había qué comer para los sesenta caballos que llevaba su comitiva.
No se aviene esto con las observaciones del mayor
Bejarano, que vio en el Chichinal un gran arreo de vacas llevadas
por los salvajes, ni con las noticias del verídico Villarino,
ante cuya vista desfilaron varios arreos; uno de ellos de
ocho mil cabezas.
Pero sea de esto lo que fuere, el hecho es que es necesario
guardar el paso del Chichinal; y que un nuevo reconocimiento
prolijo dirá si un regimiento de 300 plazas es
suficiente para llenar aquel servicio, o si será menester establecer
allí un regimiento y un batallón como en Choele-
Choel.
La línea se completa con la ocupación del río Neuquén,
desde su confluencia con el Negro hacia los Andes. Esta
ocupación no puede ser proyectada en todos sus detalles por
la deficiencia de las exploraciones del Neuquén; pero vamos a
trazar en términos generales, nuestra opinión sobre esta base
al oeste de la nueva frontera.
LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS
335
Desde luego, es necesario ocupar con un regimiento y un
batallón (500 plazas) la confluencia de aquellos dos ríos, pues
desde el siglo pasado existe allí el paso preciso, de que se
sirven parte de los indios que bajan de los valles andinos a la
pampa por el camino de Choele-Choel y del Colorado, y los
que regresan con grandes arreos de ganado. Efectivamente,
en la carta de Villarino se lee, desde el siglo pasado, la siguiente
noticia importante, agregada a la leyenda, después de
asegurar que el río Neuquén no tiene más que un solo paso,
inmediato a la confluencia:
“Estorbándoles este paso, no les queda más arbitrio (según
aseguran los mismos indios) para proveerse de ganado
de los expresados campos, pues, dicen que este río no tiene
paso por parte alguna desde que se le junta el río Atuela
(Atuel), por la parte occidental y el Tunuyán por la oriental,
hasta su desaguadero en el río Negro; y así por esto, como
por ser los caminos intransitables por falta de agua se hallan
precisados a pasar por el expresado paso, y seguir la orilla del
río Negro hasta el Choele-Choel para pasar al Colorado.”
Los viajeros posteriores a Villarino confirman la importancia
estratégica de esta posición, y no habiendo siquiera
dudas al respecto, parécenos inoficioso abundar en nuevas
demostraciones.
Los salvajes que roban ganado en la provincia de Buenos
Aires lo arrean inmediatamente por el camino del Colorado y
de Choele-Choel para los Andes, después de satisfacer las
E S T A N I S L A O S . Z E B A L L O S
336
necesidades y la avaricia de los indios de las tolderías pampeanas.
Villarino vio en el siglo pasado, como dijimos, un numeroso
arreo en aquel camino; y en 1872 y 1875 los señores
Bejarano y Moreno fueron testigos de un hecho análogo.
¿Cuántos millones costarán a nuestra industria agrícola las
correrías de los indios por aquel camino durante cada siglo?
Como un argumento más en pro de la urgente necesidad
de cerrar esta vía a los indios abriéndola a la civilización y
como nueva revelación de la importancia que le atribuyen los
chilenos y de las esperanzas que en ella fundan, extractamos
en seguida algunos pasajes fundamentales de un interesante
artículo sobre el camino de Bariloche, que ha publicado La
Revista del Sur de Santiago de Chile, en diciembre de 1878.
Dice:
“Toda comunicación fácil entre el mar Pacífico y la región
oriental de los Andes, habrá de ser un elemento de gran
porvenir para las provincias australes de Chile, por las relaciones
que se podrían sostener a través de la gran cordillera y,
muy especialmente, por el espléndido desarrollo que ha alcanzado
la ganadería en los valles de la cordillera.
La provincia de Llanquihué, por ejemplo, puede muy
bien explotar el antiguo camino que seguían los misioneros
de Nuestra Señora de Nahuel Huapí, que en el siglo XVII
cruzaban los Andes desde e

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