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FILOSOFÍAS DE LA INDIA 423 Oct 13 - 10:45 HEINRICH ZIMMER FILOSOFÍAS DE LA INDIA LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD CAPITULO VII SèÖKYA Y YOGA 1. KÁPILA Y PATÁÑJALI Pasaremos ahora a las filosofías S†´khya y Yoga, que en la India se consideran como gemelas, como dos aspectos de una sola disciplina. El S†´khya ofrece una exposición teórica fundamental de la naturaleza humana, enumerando y definiendo sus elementos, analizando la forma en que colaboran entre sí en el estado de atadura (bandha) y describiendo su estado cuando están desembarazados o separados en la liberación (moksa). Por su parte, el Yoga trata concretamente la dinámica del proceso de separación y bosqueja las técnicas prácticas para obtener la liberación o “aislamiento-integración” (kaivalya). Como dice la Bhágavad-G®t†: La gente pueril y sin instrucción habla del “conocimiento enumerativo”:(s‡µkhya) y de la “práctica de la concentración” (yoga) como si fueran dos cosas distintas; pero cualquiera que conoce bien una de ellas cosecha el fruto de ambas. El estado alcanzado por los que siguen el camino del conocimiento enumerativo es también alcanzado por los ejercicios de la concentración introvertida. Ve realmente quien considera que la actitud intelectual del conocimiento enumerativo y la práctica de la concentración son la misma cosa1. En otras palabras, ambos sistemas se complementan recíprocamente y conducen a idéntico fin. Las principaJes concepciones de este sistema duál son: 1) que el universo se funda en una insoluble dicotomía de “mónadas vitales, (púru±a) y “materia” inanimada (prákÕti); 2) que la “materia” (prákÕti), aunque fundamentalmente simple, se expresa o manifiesta en tres aspectos diferenciados (llamados guða) comparables a las tres hebras de una cuerda, y 3) que cada una de las “mónadas vitales (púru±a) asociadas a la “materia” (prákÕti) están comprometidas en la esclavitud de una incesante “ronda de transmigración” (saÑs†ra). Estas ideas no pertenecen al tronco original de la tradición brahmánica védica. Por otra parte, tampoco encontramos en las enseñanzas fundamentales del S†´khya y del Yoga ninguna indicación referente a esos dioses olímpicos que están por encima de las vicisitudes de la esclavitud 1 Bhágavad-G®t† 5. 4-5. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD terrena, como en el panteón védico. Ambas ideologías tienen orígenes diferentes: el S†´khya y el Yoga se relacionan con el sistema mecánico de los jaina que, como hemos visto, puede remontarse, en parte por la historia y en parte por la leyenda, a través de una larga serie de T®rthá´kara, hasta una remota antigüedad india aborigen, no védica. Por consiguiente las ideas fundamentales del S†´khya y del Yoga tienen que ser inmensamente antiguas. Sin embargo, no aparecen en ninguno de los textos ortodoxos indios hasta una fecha relativamente tardía: en las capas más recientes de las Upáni±ad y en la Bhágavad-G®t†, en las que ya están mezcladas y armonizadas con las ideas fundamentales de la filosofía védica. Después de una larga historia de firme resistencia, la mentalidad brahmánica esotérica y exclusivista de los invasores arios se abrió fácilmente y recibió sugerencias e influjos de la civilización nativa. Como resultado, ambas tradiciones se unieron y, con el tiempo, produjeron los majestuosos sistemas armónicos del pensamiento indio medieval y contemporáneo. Se dice que el S†´khya fue fundado por un santo semimítico, Kápila, que se encuentra aparte de la tradicional congregación de santos y sabios védicos, como un iluminado por derecho propio. Aunque no desempeña en el mito o en la leyenda india un papel tan destacado como el de otros grandes filósofos, su milagroso poder está reconocido en un célebre episodio del Mah†bh†’rata2. Esta obra dice que los sesenta mil hijos de cierto Cakravartin llamado “Océano” (Ságara) iban cabalgando como guardia armada del caballo de sacrificio de su padre, que vagaba por los reinos de la tierra durante su simbólico año solar de victoriosa libertad3. De pronto, con gran dolor de toda la guardia, el caballo desapareció ante sus mismos ojos. Los hombres se pusieron a cavar en el lugar en que había desaparecido y, finalmente, a mucha profundidad, en pleno mundo subterráneo, lo encontraron con un santo que meditaba a su lado. Excesivamente afanados por recobrar el animal sagrado de cuya custodia eran responsables, los jóvenes guerreros no prestaron atención al santo — que no era otro que Kápila— y no le hicieron el homenaje que tradicionalmente debe rendirse a un religioso, a raíz de lo cual los redujo a cenizas con un relámpago de su mirada. Esta aventura revela el poder solar del sabio. Su nombre, Kápila, que significa “el Rojo”, es un epíteto del sol, así como de Vi²ñu. A juzgar por 2 Mah†bh†’rata 3. 107. 3 Cf. supra, págs. 114-115. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD su influencia en el período del Mah‡v¯ra y el Buddha, tiene que haber vivido antes del siglo VI a. C., pero los textos clásicos del sistema filosófico que se dice haber fundado pertenecen a una fecha muy posterior. La importante S†´khya-k†’rik† de â¢varak£²ña fue escrita durante la mitad del siglo V d. C., en tanto que el S†´khya-sâtra, obra que tradicionalmente se atribuye a Kápila mismo, no puede ser fechada antes de 1380-1450 después de Cristo4. En cuanto al Yoga, la fecha de los clásicos Yoga-sâtra de Patáñjali es objeto de muchas controversias. Aunque los tres primeros libros de este tratado fundamental pueden pertenecer al siglo II a. C., el cuarto es aparentemente posterior, pues contiene material que parece referirse al pensamiento budista tardío. En consecuencia, este libro, el último del tratado, ha sido atribuido al siglo V de nuestra era; pero la discusión aún no ha concluido. De cualquier modo, los cuatro libros de los Yoga-sâtra de Patáñjali, junto con su muy antiguo comentario, (el Yoga-sâtra, que se atribuye a Vy‡sa, el legendario poeta-sabio del Mah†bh†’rata), deben contarse entre las obras de prosa filosófica más notables del mundo. Se destacan no solo por su contenido sino también, particularmente, por su exposición maravillosamente clara, concisa, sobria y flexible. Tenemos pocos datos acerca de Patánjali, y lo poco que sabemos es legendario y está lleno de contradicciones. Por ejemplo: unos lo identifican con el gramático del mismo nombre autor del “Gran comentario” (Mah†bh†±ya) a la “Glosa crítica” (V†’rttika) que K‡ty‡’yana hizo a la Gramática sánscrita de P‡’ ñini; pero otros afirman que son dos personas diferentes. Además se lo considera como una encarnación del dios serpiente åe²a, que rodea y sostiene el universo en forma de Océano cósmico. Los eruditos occidentales lo sitúan en el siglo II a. C., pero el sistema cuya fundación se le atribuye existió sin duda siglos antes. 2. LA CONCENTRACIÓN INTROVERTIDA Cuando la ambición, el éxito y el juego de la vida (artha), lo mismo que el sexo y el goce de los sentidos (k†ma), ya no nos procuran ningún lance extraordinario y novedoso, ni nos reservan ninguna sorpresa; y cuando, además, comenzamos a hartarnos del virtuoso cumplimiento de las tareas 4 Cf. Richard Garbe, Die S†Ñkhya-Philosophie, 2ª edición, Leipzig, 1917, págs. 83-84, 95-100. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD propias de una vida decente y normal (dharma), porque se ha convertido en rancia rutina, todavía quedan los atractivos de la aventura espiritual, la búsqueda de lo que haya adentro (bajo la máscara de la personalidad consciente) y afuera (tras el panorama visible del mundo exterior). ¿Cuál es el secreto de este ego, de este “yo”, con el cual hemos estado en relación tan íntima en todos estos años pasados y que todavía es un extraño, lleno de antojos, vanos caprichos y desconcertantes impulsos de agresión y reincidencia? ¿Qué es lo que ha estado acechando, entre tanto, tras los fenómenos externos que ya no nos intrigan y que producen todas esas sorpresas que ya no nos sorprenden? La posibilidad de descubrir el secreto del funcionamiento del teatro cósmico mismo, cuando sus efectos han llegado a convertirse en un fastidio intolerable, queda en pie como la última fascinación, desafío y aventura del espíritu humano. Al comienzo de los Yoga-sâtra encontramos esta frase: Yoga¡ cittavÕtti-nirodhaô El Yoga consiste en la detención (intencional) de las actividades espontáneas de la sustancia mental5. Por naturaleza, la mente está en constante agitación. Según la teoría hindú, se transforma continuamente en las formas de los objetos que percibimos. Su sutil sustancia asume la forma y los colores de todo lo que le ofrecen los sentidos, la imaginación, la memoria y las emociones. En otras palabras, está dotada de un poder de transformación o metamorfosis ilimitada e incesante6. La mente es, pues, un continuo rizo, como la superficie de un estanque bajo la brisa, tremolando con reflejos entrecortados, cambiantes, dispersos. Por sí misma nunca estaría como un espejo perfecto, cristalino, en su “estado propio”, reflejando tranquilamente el hombre interior, porque para que esto ocurriera habría que detener todas las impresiones sensoriales que vienen de afuera (que son como las aguas afluentes, turbulentas y perturbadoras de la sustancia transparente), así como los impulsos interiores: recuerdos, presiones emotivas, y las incitaciones de la imaginación (que son como 5 Patáñjali, Yoga-sâtra, 1. 1-2. 6 El carácter proteico, siempre en movimiento, de la mente tal como la presentan el S†´khya y el Yoga es comparable a la idea de Swedenborg de que los receptores son imágenes”, es decir, que los órganos receptores en el plano espiritual cobran la forma y naturaleza de los objetos que los reciben y contienen. (Cf. Swedenborg, Divine Love and Wisdom, § 288.) HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD fuentes internas). El Yoga es el que aquieta la mente. Y tan pronto como se cumple este aquietamiento, queda revelado el hombre interior, la mónada vital, como una joya en el fondo de un estanque aquietado. De acuerdo con el S†´khya (y la concepción del Yoga es la misma) la mónada vital (llamada púru±a “hombre”; †tman, “yo”, o puÑs, “hombre, varón”) es la entidad viva escondida tras todas las metamorfosis de nuestra vida de esclavitud y en el seno de ellas. Igual que en el jainismo, también en esta doctrina se supone que el número de mónadas vitales del universo es infinito y su “naturaleza propia” (svarâpa) se considera totalmente distinta de la “materia” (prákÕti) en la que se hallan sumidas. Se las llama “espirituales” (cit, citi, cétana, caitanya) y se dice que son “de la naturaleza de la pura luz que brilla por sí misma” (prabh†sa). Dentro de cada individuo, el púru±a, †tman o puÑs autoluminoso ilumina todos los procesos de la materia burda y sutil —es decir, los procesos de la vida y de la conciencia— a medida que se desarrollan en el organismo, pero esta mónada vital carece de forma o contenido. Está desprovista de cualidades y peculiaridades, pues tales especificaciones no son más que propiedades del reino de la materia enmascaradora. Carece de principio y de fin; es eterna e imperecedera; no tiene partes ni divisiones, pues lo compuesto está sujeto a la destrucción. Originalmente se la consideraba del tamaño de un átomo, pero luego se pensó que era infinita, que colmaba todo, sin cambio ni actividad allende la esfera del movimiento, “en la cima, en la cúspide” (kâÄastha). La mónada está desapegada y sin contacto, absolutamente indiferente, despreocupada y desprendida, y por lo tanto nunca está verdaderamente esclavizada, ni es realmente liberada, sino que es eternamente libre. En efecto, la liberación implicaría un estado previo de esclavitud, pero del hombre interior no puede decirse que esa esclavitud lo toque. El problema del hombre consiste, sencillamente, en que él no comprende su permanente y siempre presente libertad debido al estado turbulento, ignorante y distraído en que se encuentra la mente. Evidentemente, en este punto nos alejamos de la doctrina jaina con su teoría de la efectiva contaminación de la mónada vital (j®va) por la materia kármica (a-j®va) de los seis colores7. De acuerdo con la concepción del S†´khya y del Yoga, la mónada es una entidad inmaterial que —a diferencia del †tman del Ved†nta— no está en beatitud ni tiene el poder de actuar como causa eficiente o material de nada. Es un conocimiento de la 7 Cf. supra, págs. 185-188; 201-203. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD nada. No crea, ni se expande, ni se transforma ni produce nada. No participa de ninguna manera, de los sentimientos, posesiones y dolores humanos, sino que por naturaleza está “absolutamente aislada” (kévala), aun cuando parezca estar enzarzada en la vida debido a su aparente asociación con los “atributos condicionantes y limitadores” (up†dhi), que son los elementos, no de la mónada misma sino de los cuerpos materiales burdos y sutiles del espacio y del tiempo. Debido a estos up†dhi, Púru±a aparece como el j®va, el “viviente”, y parece estar provisto de receptividad y espontaneidad, de respiración y de todos los demás procesos del organismo: pero, en sí y por sí, “es incapaz de doblar una brizna de hierba”. Con su mera presencia inactiva pero luminosa, la mónada parece ser la instancia activadora, y en este papel alucinador recibe el título de “Señor” o “Supervisor” (sv†min, adhi±šh†’tr). En realidad no gobierna ni ejerce control. Los atributos condicionantes (up†dhi) actúan por sí mismos, automática y ciegamente; el centro real y gobernante, la cabeza y control de su proceso vital es el “órgano interno” (antaô-káraða). Pero el púru±a, en virtud de su fulgor, ilumina y parece reflejarse en el proceso. Además, esta asociación no ha tenido comienzo y ha existido de toda eternidad. Es comparable a la relación que existe entre el desligado, pero omnipotente, sacerdote familiar hindú y el rey: el sacerdote es servido por el rey y por todos los oficiales del reino, pero permanece inactivo e indiferente. Esta asociación también es comparable a la del juego de ajedrez (de origen hindú) donde el papel del púru±a está representado por el “rey”, en tanto que el omnipotente “general” del “rey” (sen†’pati) —equivalente a la “reina” en la versión occidental de este juego— ocupa el poderoso cargo, subordinado pero también dominante, del “órgano interno”. Asimismo, la relación se parece a la que el sol guarda con respecto a la tierra y a su vegetación. El sol no se altera por el hecho de que su calor invada la tierra y las formas vivas del planeta. El brillo propio de la desligada mónada vital (púru±a), al bañar el material inconsciente del reino de la materia inanimada (prákÕti) y de sus procesos, crea, por así decir, la vida y la conciencia del individuo: lo que parece ser la actividad del sol pertenece en realidad a la esfera de la materia. O bien, es como si un personaje inmóvil, reflejado en un espejo que se mueve, pareciera estar en movimiento. Resumiendo: según la filosofía del S†´khya, la mónada vital está asociada a una forma especial de “compromiso aparente” (saÑyoga-vi¡e±a) con el individuo vivo, como consecuencia natural de la reflexión de su brillo propio en la proteica materia sutil de la mente, siempre en movimiento. La HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD verdadera intuición, el “conocimiento discriminador” (viveka) solo puede lograrse haciendo que esta mente quede en estado de reposo. Entonces se percibe la mónada vital (púru±a) sin las cualidades de la materia agitada (prákÕti) que la oscurecían, y en este estado se revela de pronto y sencillamente su naturaleza recóndita. Se la ve en reposo, tal como es en realidad, siempre: alejada de los procesos naturales que tienen lugar continuamente a su alrededor, en la sustancia mental, en los sentidos, en los órganos de acción y en el mundo exterior animado. La verdad puede alcanzarse solo si se reconoce el hecho de que, pase lo que pase, nada afecta o mancilla la mónada vital. Permanece completamente desapegada, aun cuando parezca sustentar un proceso vital individual a través de la ronda de renacimientos y en la vida presente. Nuestra concepción normal atribuye todos los estados y transformaciones de la vida a la mónada vital; parecen realizarse dentro de ella, coloreándola y cambiándola para bien o para mal. Sin embargo, esta ilusión es mero efecto de la ignorancia. La mónada vital no es afectada en lo más mínimo. En nuestro ardiente y verdadero Yo seguimos estando, siempre, serenos. Según el análisis del S†´khya-Yoga, las actividades espontáneas de la sustancia vital, que deben ser suprimidas para que podamos darnos cuenta de la verdadera naturaleza de la mónada vital, son cinco: 1. nociones correctas, derivadas de una percepción exacta (pram†ða); 2. nociones erróneas, derivadas de falsas aprehensiones (vipáryaya); 3. fantasía (vikalpa); 4. sueño (nidr†) y 5. memoria (smÕti)8. Una vez que han desaparecido estas cinco actividades, desaparecen los deseos y todos los demás actos de carácter emocional. 1. Las nociones correctas se basan en: a) percepciones correctas; b) inferencias correctas; c) testimonios correctos9. a) La percepción correcta. El principio pensante, es decir, la mente, asume las formas de sus percepciones por medio del funcionamiento de los sentidos. Puede compararse a un fuego que está siempre ardiendo, cuyas llamas se concentran en lenguas puntiagudas que por sus extremos tocan los objetos. El extremo puntiagudo del principio pensante, al dar con los objetos a través de los sentidos, asume sus formas. Debido a ello el proceso 8 Patáñjali, Yoga-sâtra, 1. 6. 9 Ib., 1. 7. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD de la percepción significa una perpetua autotransformación. La sustancia mental se compara, en consecuencia, al cobre derretido, que al ser vertido en el catín toma precisamente la forma de éste. La sustancia de la mente cobra espontáneamente la forma y la contextura de su experiencia inmediata. Por efecto de este proceso se produce un reflejo quebrado, continuamente cambiante, de la luz de la mónada vital en la función pensante, siempre activa, lo cual produce la ilusión de que la mónada vital es la que sufre todas las transformaciones. Parece ir adoptando no solo la forma de nuestras diferentes percepciones, sino también las emociones y otras reacciones que experimentamos con relación a ellas. De aquí que imaginemos que somos nosotros quienes incesantemente seguimos y respondemos a todas las afecciones de la flexible punta de la mente: placeres y dolores, sufrimientos sin fin, cambios de toda clase. De acuerdo con su natural propensión, la mente prosigue transformándose a través de todas las experiencias y respuestas emotivas concomitantes de una vida en el mundo llena de avidez, de dificultades o de alegrías, y de este modo llega a creerse que esta perturbación es la biografía de la mónada vital. Nuestra innata serenidad está siempre ensombrecida, teñida y coloreada por las variables formas y matices del impresionable principio pensante. Sin embargo, las percepciones pertenecen al plano de la materia. Cuando dos percepciones materiales no se contradicen entre sí, se considera que son verdaderas o correctas. Sin embargo, aun las percepciones “verdaderas”o “correctas” son esencialmente falsas y deben ser suprimidas, pues tanto ellas como las “erróneas” producen la concepción de una “dentidad de forma” (s†râpya) entre la conciencia como sustancia mental y la mónada vital. b) La inferencia correcta. La inferencia es la función del principio pensante o actividad mental que se ocupa en atribuir a los objetos las características que parecen corresponderles. La inferencia correcta es la inferencia que puede ser apoyada por la percepción correcta. c) El testimonio correcto. Deriva de las sagradas escrituras y autoridades tradicionales. Se basa en la correcta comprensión de una palabra o de un texto y corrobora la percepción correcta y la inferencia. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD 2. Las nociones erróneas, debidas a conceptos falsos, surgen a consecuencia de algún defecto del objeto o del órgano de la percepción. 3. La fantasía se ocupa en ideas puramente imaginarias, que carecen de la garantía de la percepción; por ejemplo: los monstruos mitológicos o la idea de que la mónada vital misma está dotada de los rasgos del principio pensante y que, por lo tanto, experimenta lo que tiene lugar en la sustancia mental. La diferencia entre una fantasía y un concepto erróneo consiste en que la primera no se corrige mediante una cuidadosa observación del objeto. 4. En el sueño, la actividad espontánea de la sustancia mental continúa, como lo prueba la experiencia del placer que normalmente deriva del sueño y que da lugar a expresiones como “he dormido profunda y deliciosamente”. El Yoga trata de suprimir el sueño, así como las actividades de la mente despierta. 5. La memoria es una actividad de la sustancia mental ocasionada por un residuo o “impresión latente” (saÑsk†ra) de alguna experiencia previa sufrida en la vida.presente o en una vida anterior. Estas impresiones tienden a activarse. Se manifiestan como propensiones a la acción, es decir, como tendencias a comportarse según normas establecidas por reacciones que han ocurrido antes10. En los Yoga-sâtra de Patáñjali encontramos la siguiente frase: En caso de recibirse invitaciones de quienes ocupan altas posiciones ellas no deben ser causa de apego o de orgullo, porque de lo contrario producirán consecuencias indeseables11 10 Esta reseña de las actividades espontáneas de la mente se basa en Vijñ‡nabhiksu, Yogas†rasá ´graha. Vijñ‡nabhiksu vivió en la segunda mitad del siglo XVI de nuestra era. Además de escribir su Yogas†ra-sá´graha (“Sumario de la esencia del Yoga”) y un comentario sobre los Yoga-sâtra, llamado Yoga-v†’rttika, condensó la doctrina del S†´khya en su S†´khyas†ra y compuso una interpretación de los S†´khya- sâtra, siguiendo la línea del Ved†nta y del brahamanismo popular, en su S†´khyapravácanabh †sya, Según la concepción de Vijñ‡nabhiksu, todos los sistemas ortodoxos de la filosofía india (dos de los cuales son el S†´khya y el Yoga) contienen la verdad suprema, aunque conducen a ella partiendo de puntos diferentes, en apariencia antagónicos. 11 Yoga-sâtra 3. 51. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD “Quienes ocupan altas posiciones” son los dioses. Según la concepción del Yoga, no son omnipotentes sino, en realidad, inferiores al yogin perfecto. Son meramente seres muy favorecidos, pero enzarzados en placeres: en los placeres de sus circunstancias celestes, superlativamente favorables. El curioso aforismo de Patáñjali significa que el que practica seriamente el Yoga no debe permitir que la tentación de alcanzar los cielos lo distraiga de sus esfuerzos por trascender las seducciones de todos los mundos de forma. En el comentario a este pasaje se dice que hay cuatro grados. de realización del Yoga, a los que corresponden cuatro tipos de yogin: 1. Está el “observante de las prácticas”, para quien la luz apenas comienza a asomar. 2. Está el practicante con “intuición portadora de verdad”. 3. Está el que ha sometido los órganos y los elementos y, en consecuencia, tiene los medios para conservar sus conquistas (por ejemplo, las intuiciones de los diversos estados suprarreflexivos). Es decir: posee medios correspondientes a lo cultivado y a lo que está por cultivarse. Posee los medios para seguir avanzando hasta la perfección. 4. Está el que ha pasado más allá de lo que puede cultivarse, y cuyo único propósito es ahora el de reabsorber la mente en su causa primera. Quienes ocupan altas posiciones observan la pureza de la armoniosa conciencia del brahmán que ha experimentado el segundo estado, llamado “de la miel”, y tratan de tentarlo con sus altas posiciones, diciéndole: “Señor, ¿queréis tomar asiento aquí? ¿Queréis descansar aquí? Este placer puede ser atractivo. Esta doncella celestial puede resultar atractiva. Este elixir aleja la vejez y la muerte. Este carro anda por el aire. Más allá están los Árboles del Deseo, que conceden el fruto de todo lo que se les pide; y el Río del Cielo, que confiere bienaventuranza. Estos personajes son sabios perfectos. Estas ninfas son incomparables, y no son mojigatas. Los ojos y los oídos aquí se tornan sublimes; el cuerpo se hace diamantino. Gracias a vuestras propias virtudes, Venerable Señor, habéis ganado todas estas cosas. ¡Entrad, pues, en este lugar, que no decae, no envejece, no muere, y es caro a los dioses!” HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD Continúa el comentarista: Cuando el yogin escucha estas palabras, debe reflexionar sobre los efectos del placer: “Quemándome en los horribles carbones de la ronda de renacimientos y retorciéndome en la oscuridad del nacimiento y la muerte, acabo de encontrar la lámpara del Yoga, que pone fin a las tinieblas de los obstáculos, los ‘deterioros’ (kle¢a). Los deleites de las cosas sensuales nacidos de la concupiscencia son los enemigos de esta lámpara. ¿Cómo entonces yo, que he visto esta lámpara, me dejaría descarriar por estos fenómenos sensibles -mero espejismo- y hacer de mí combustible para el mismo fuego de la ronda de renacimientos, cuando vuelva a encenderse? ¡Adiós, cosas sensuales, engañosas como sueños, deseables solo ara los viles!” El comentario continúa: Una vez que ha adoptado esta firme resolución, el yogin debe cultivar la concentración. Abandonando todo apego por las cosas sensibles, no debe sentirse orgulloso ni siquiera pensando que hasta los dioses lo desean con instancia. Si alguien, en su orgullo, se siente seguro, dejará de sentir que la Muerte lo tiene tomado por los cabellos. [Es decir, será víctima de una inflación celeste.] Y entonces el Descuido -que siempre acecha puntos débiles y errores y debe ser cuidadosamente vigilado- encontrará una brecha y creará los obstáculos (kle¢a). Como resultado, volverán a presentarse las consecuencias indeseables. Pero, por otra parte, el que no se interesa ni siente la presión del orgullo, conseguirá cumplir con seguridad el propósito que ha cultivado en su fuero íntimo, y en seguida se encontrará cara a cara con la meta aún más alta que todavía le queda por alcanzar12. En el último sâtra del libro III se dice de esta meta absoluta: Cuando la pureza de la contemplación (sattva) iguala la pureza de la mónada vital (púru±a), hay aislamiento (kaivalya)13. Y el comentario correspondiente afirma: Cuando el “poder contemplativo” (sattva) de la sustancia pensante queda libre de la contaminación producida por el “poder activo” (rajas) y la “fuerza de la inercia” (tamas), y su única tarea consiste en trascender la idea, que se le ha presentado, de 12 Yoga-sâtra 3. 51. Comentario. (Basado en la traducción de James Houghton Woods, The Yoga- System of Patañjali, Harvard Oriental Series, vol. XVII. Cambridge, Mass., 1927, págs. 285-286.) 13 Yoga-sâtra 3. 55. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD la diferencia entre sí mismo (sattva) y la mónada vital (púrusa)14, y cuando todas las simientes internas de los obstáculos (kle¢a) han sido quemadas, entonces el “poder contemplativo” (sattva) entra en un estado de pureza igual al de la mónada vital. Esta pureza no es otra cosa que el estado en que ya no se atribuye falsamente la experiencia a la mónada vital15. En esto consiste el “aislamiento” de la mónada vital. Entonces el púru±a, teniendo su propia luz interior, queda incontaminado y aislado16. 3. LOS OBSTÁCULOS Kle¡a, palabra de uso cotidiano en el habla de la India, deriva de la raíz kli¡ “estar atormentado o afligido, sufrir, sentir dolor o pena”. El participio kli¡ta se usa como adjetivo y significa “afligido; el que sufre dolor o pena; marchito, fatigado, dañado, herido; gastado, en malas condiciones, estropeado, deteriorado, desordenado, oscurecido o debilitado”. Una guirnalda, cuando sus flores se han marchitado, está kli¡ta; cuando un velo de nubes oscurece la luna, su brillo está kli¡ta; un vestido gastado o arruinado por las manchas está kli¡ta; y un ser humano, cuando el innato esplendor de su naturaleza ha sido sojuzgado por los fatigosos negocios y las pesadas obligaciones, está kli¡ta. En el sentido que le dan los Yogas âtra, kle¡a significa todo aquello que, adherido a la naturaleza del hombre, restringe o impide la manifestación de su verdadera esencia. El Yoga de Patáñjali es una técnica para librarse de estos impedimentos y, de este modo, reconstituir la perfección inherente a la persona esencial. ¿Cuáles son estos impedimentos? La respuesta a esta pregunta confunde a la mentalidad occidental, pues revela el abismo que existe entre nuestra concepción usual de los valores 14 Sattva, rajas y tamas, que constituyen los tres guna o “cualidades de la materia” (cf. supra, pág. 187, e infra, págs. 236-238). Como la sustancia pensante es material, está compuesta de los guna. La meta del Yoga es purgarla de rajas y de tamas, de modo que solo quede sattva, que es claro y sin agitación y por lo tanto refleja sin distorsión al púru±a. Cuando el púru±a es reflejado de este modo, solo falta un acto para obtener la liberación: el reconocimiento de que el reflejo no es púru±a. 15 Es decir, se conoce que el reflejo del púru±a en la esfera de la materia no es el púru±a mismo. Este conocimiento es comparable al hecho de reconocer que uno se ha estado identificando con la propia imagen reflejada en un espejo. Así nos liberamos de ser absorbidos en el contexto del espejo. 16 Yoga-sâtra 3. 55, Comentarios. Woods, op. cit., pág. 295. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD inherentes a la personalidad humana y la concepción india. Hay cinco impedimentos. 1. Avidy†: ignorancia, nesciencia, falta de mejor conocimiento; falta de conciencia de la verdad que trasciende las percepciones de la mente y de los sentidos en su funcionamiento normal. Como consecuencia de este impedimento, somos esclavizados por los prejuicios y hábitos de la conciencia ingenua. La avidy† es la raíz de todo aquello que llamamos nuestro pensar consciente. 2. Ásmit† (asmi = “yo soy”): la sensación, la noción burda, de que: “yo soy yo; cogito ergo sum; este yo evidente, base de mi experiencia, es la esencia y fundamento real de mi ser”. 3. R†ga: apego, simpatía, interés; afecto de toda clase. 4. Dve±a: sentimiento contrario a r†ga; aversión, disgusto, desagrado, repugnancia, odio. R†ga y dve±a, simpatía y antipatía, constituyen la base de todos los pares de opuestos (dvandva) en la esfera de las emociones, reacciones y opiniones humanas. Sin cesar desgarran el alma en uno u otro sentido, perturbando su equilibrio y agitando su superficie, comparable a la de un lago o un espejo, que de este modo no puede reflejar sin distorsión la perfecta imagen del púru±a. 5. Abhinive±a: el acto de adherirse a la vida como si fuera un proceso que proseguirá indefinidamente; es decir, la voluntad de vivir. Estos cinco obstáculos o impedimentos deben considerarse como otras tantas perversiones que agitan la conciencia y ocultan el estado esencial de serenidad de nuestra verdadera naturaleza. Surgen involuntaria y continuamente, afluyendo sin interrupción desde la oculta fuente de nuestra existencia fenoménica. Dan fuerza a la sustancia del yo e incesantemente construyen su ilusoria estructura. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD La fuente de toda esta confusión es el juego natural de los guða, los tres “elementos, poderes o cualidades” de la prákÕti que mencionamos al estudiar las le¡y† de los jaina17 y que son: sattva, rajas y tamas. 1. Sattva es un sustantivo formado sobre el participio sat (o sant), que deriva de as- el verbo “ser”18. Sat significa “ser; como debe ser; bueno, bien, perfecto” y en consecuencia sattva significa “el estado ideal de ser; la bondad, la perfección, la pureza cristalina, la claridad inmaculada, y la completa quietud”. La cualidad de sattva predomina en los dioses y en los seres celestes, en las personas desinteresadas y en los hombres dedicados a fines puramente espirituales. Éste es el guða que facilita la iluminación. Por lo tanto, el primer objetivo del Yoga enseñado por los Yoga-sâtra de Patáñjali es aumentar la existencia de sattva para purgar gradualmente la naturaleza humana del rajas y el tamas. 2. El sustantivo rajas significa, literalmente, “impureza”; con referencia a la fisiología de la mujer, significa “menstruación”; y, en una acepción más general, “polvo”. La palabra se relaciona con rañj-, rakta, “rojez, color” y con r†ga, “pasión”. El polvo aludido es el que el viento levanta continuamente en una tierra donde no llueve por lo menos diez meses por año; porque en la India, salvo en la estación de las lluvias, lo único que apaga la sed del suelo es el rocío nocturno. Del suelo reseco suben a cada instante partículas que se arremolinan en el aire, empañando la serenidad del cielo y cubriéndolo todo. Por el contrario, en el período de las lluvias todo este polvo se asienta, y durante el otoño, la hermosa estación que sigue a las lluvias, cuando el sol ha puesto en fuga a las pesadas nubes, el cielo está claro e inmaculado19. Por esta razón la palabra sánscrita que significa “otoñal”: ¡†’rada (derivada del sustantivo ¡†rad = “otoño”) significa también “fresco, joven, nuevo, reciente”, y vi-¡†’rada (“caracterizado por plenitud o abundancia de ¡†’rada”) significa “listo, hábil, capaz, versado o instruido en algo, docto, sabio”. Es decir: el intelecto del sabio se caracteriza por la gran visibilidad del firmamento 17 Supra, págs. 186-188. 18 Comparese con las palabras españolas “presente”, “ausente” (sant), y también “esencia” “esencial” (as-). 19 El otoño hindú, en este sentido, es comparable al veranillo de San Martín (o de San Juan). HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD otoñal, que es transparente, inmaculado y completamente claro, en tanto que el intelecto del necio está lleno de rajas, el rojizo polvo de la pasión. El rajas empaña el aspecto de todas las cosas, oscureciendo la vista no solo del universo sino también la de uno mismo. Así, produce oscuridad intelectual y moral. Entre los seres mitológicos, el rajas predomina en los titanes, los antidioses o demonios que representan la voluntad de poderío en toda su fuerza, temerarios en su persecución de la supremacía y el esplendor, hinchados de ambición, vanidad y jactancioso egoísmo. El rajas es evidente por todas partes entre los hombres, como fuerza motriz de nuestra lucha por la existencia. Es lo que inspira nuestros deseos, agrados, desagrados y competencias, y la voluntad de gozar del mundo. Obliga a hombres y bestias a luchar por los bienes de la vida sin preocuparse por las necesidades y sufrimientos de los demás. 3. Tamas (cf. la voz latina tene-brae, de donde procede nuestra voz “tinieblas”); literalmente: “oscuridad, negro, azul negro”; espiritualmente: “ceguera”;connota la inconsciencia que predomina en los reinos animal, vegetal y mineral. Al tamas se debe toda falta de sensibilidad, toda frialdad, crueldad e inercia. Es causa de melancolía, ignorancia, error e ilusión. Lo obtuso de la materia aparentemente inanimada, la muda e implacable lucha de las plantas por conseguir suelo, humedad y aire, la insensible codicia de los animales en su búsqueda de alimentos y su despiadada costumbre de devorar sus presas constituyen algunas de las manifestaciones primordiales de este principio universal. El tamas se manifiesta en el plano humano por la insensible estupidez de quienes están más centrados en su yo, más autosatisfechos: los que consienten a cualquier cosa que ocurra siempre que su sueño, su seguridad y sus intereses personales no sean molestados. Es el poder que mantiene unido el andamiaje del universo, la estructura de toda sociedad y el carácter del individuo, equilibrando el peligro de la explosión que acecha al incesante dinamismo del principio de rajas. El primero de los cinco impedimentos, la avidy†, la falta de conocimiento verdadero, es el principal sostén de este juego e interacción inacabables de los tres guða. La avidy† permite que el ciego impulso de la vida siga su curso, atraído y torturado al mismo tiempo por sus propios principios. Los otros cuatro impedimentos (ásmít†, la burda noción de que “yo soy yo”; r†ga, el apego; dve±a, la repugnancia; y abhinive±a, la voluntad de vivir) no son más que otras tantas transformaciones o inflexiones de esta causa primordial, la persistente ilusión de que, en alguna forma, los valores HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD transitorios y perecederos de la existencia terrestre y celeste pueden llegar a convertirse en una fuente de pura y permanente felicidad. La avidy† es la desgracia común a todos los seres vivos. En los hombres, turba con su hechizo la facultad de razonar, provocando falsas predicciones y deducciones erróneas. A pesar de que los bienes de la vida son intrínsecamente impuros y necesariamente causan sufrimiento, pues carecen de sustancia, seguimos considerándolos y discutiéndolos como si fueran absolutamente reales. La gente cree que la tierra es eterna, que el firmamento con las estrellas y la luna es imperecedero, que los dioses que viven en moradas celestiales son inmortales, cuando nada de esto es verdadero. En realidad, la verdad es precisamente lo contrario de estas creencias populares. Hay que observar que, mientras para la concepción esencialmente materialista de los jaina, lo opuesto primario y universal del j®va era el aj®va20 en este caso, en el que el problema de la liberación se considera desde un punto de vista psicológico, el principio crucial que debe combatirse es avidy†. La fuerza que da motivaciones a la existencia procede de una constante tendencia del erróneo pensamiento afectivo, el cual produce una vigorosa multiplicidad de creencias falsas que sostienen la vida. Todo ente fenoménico, queriendo proseguir indefinidamente, trata de no pensar en su propio carácter transitorio y se resiste a observar los múltiples síntomas, que lo rodean y que muestran que todas las cosas están sujetas a la muerte. Por lo tanto, los Yoga-sâtra dirigen la atención hacia la inestabilidad de las cosas en las que se basa la vida: el universo; los cuerpos celestes que con sus rotaciones miden y marcan el paso del tiempo; y hasta los mismos seres divinos, “los que ocupan altas, posiciones”, que son los que dirigen la ronda. El hecho innegable, de que, por naturaleza, inclusive estas grandes y aparentemente duraderas presencias tienen que perecer, garantiza el carácter transitorio, pasajero y engañoso de todo el resto. Los cinco impedimentos juntos distorsionan todos los objetos, de la percepción provocando así nuevos equívocos a cada momento. Pero el yogin, a lo largo de su preparación, los ataca sistemáticamente y de raíz. Y, en efecto, se disipan, desaparecienco poco a poco, a medida que el yogin va venciendo en sí esa ignorancia (avidv†) de la cual todos ellos derivan. Se tornan cada vez menos eficaces. y finalmente desaparecen. En efecto, cada vez que el yogin entra en el estado de absorción introvertida, los equívocos 20 Cf. supra, pág. 219. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD caen en un momentáneo sopor y, en estos momentos en que no actúan, su mente cobra conciencia de nuevos conocimientos, mientras que en los estados de conciencia que generalmente se consideran “normales”, que son la única fuente de nuestra experiencia, los cinco impedimentos esclavizan el conocimiento, manteniendo a la totalidad del universo bajo un tiránico hechizo de impotente fascinación. Desde el punto de vista occidental, toda la categoría de los “impedimentos” (k1e¡a) podría resumirse en el término “personalidad”. Los impedimentos son el manojo de fuerzas vitales que constituyen el individuo y que lo ligan al mundo circundante. Los impedimentos son: nuestra adhesión al yo, nuestra concepción usual y concreta de lo que es el yo, nuestra espontánea entrega a los gustos y antipatías que diariamente guían nuestra conducta y que, más o menos inconscientemente, son los elementos más apreciados de nuestra naturaleza. A través de todos ellos se encuentra el primitivo anhelo de los seres vivos —común a hombres y gusanos—, el abhinive¡a: la tendencia que nos obliga a seguir existiendo. Desde lo hondo de la naturaleza de cada ser fenoménico asciende el grito universal: “¡Que yo no mueral! ¡Que yo pueda seguir creciendo!”21. Cara a cara con la muerte, éste es el último deseo, “aun en los sabios”. Y, según la teoría india de los renacimientos, esta voluntad de vivir tiene fuerza suficiente para transportar al individuo más allá del abismo de la muerte y hacerlo renacer en una nueva encarnación, obligándolo a conseguirse un nuevo cuerpo, otra máscara, otro atavío, con los cuales seguir viviendo. Además, este anhelo surge espontáneamente y de suyo; no es efecto del pensar; pues ¿por qué una criatura recién nacida y sin experiencia de la muerte habría de retroceder ante ella?22 Este grito y anhelo elementales que muestran la tendencia a expandirse y aun a multiplicarse en nuevas formas con el fin de burlar la inevitable condena de la muerte individual ha sido claramente expresado en la descripción historiada de uno de los grandes mitos hindúes del período brahmánico (ca. 900-600 a. C.), en el cual se cuenta la historia del primer impulso de Praj‡'pati, el “Señor de las Criaturas”, por medio del cual creó el mundo. Este antiguo dios creador no era un abstracto espíritu divino, como el que aparece en los primeros capítulos del Antiguo Testamento, el cual flotando en el puro vacío, alejado del confuso tumulto producido por 21 Yoga-sâtr† 2. 9, Comentario. Woods, op. cit., pág. 117. 22 Cf. ib., pág. 118. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD el oscuro mundo de la materia, creó el universo con la pura magia de las órdenes dictadas con su santa voz, dando origen a todas las cosas con solo pronunciar sus nombres, Praj‡'pati era más bien la personificación de la materia, que todo lo contiene, y de la fuerza vital misma, que anhela desarrollarse en prolíficos mundos. El mito nos dice que Praj‡'pati fue obligado a crear por dos impulsos. Por una parte, sintiéndose solo, desamparado y temeroso, creó el mundo para rodearse de compañía; pero, por otra parte, también sentía el deseo de dejar derramar su sustancia, por lo cual se dijo a sí mismo: “¡Queyo me multiplique y produzca criaturas23!” Esta doble actitud de desamparo y de deseo, en la cual el personaje se encuentra abandonado en la Nada total y al mismo tiempo surge para manifestar la fuerza vital creadora que posee interiormente, representa en forma mítica el sentido del grito primario y universal. El dios creador hindú personifica la doble tendencia ínsita en todos los seres vivos por doquier. El temor que nos produce la idea de la muerte y, al mismo tiempo, el valeroso impulso a crecer y a multiplicarnos indefinidamente hasta convertirnos en un universo completo por medio de nuestra progenie, son los dos aspectos complementarios del único impulso fundamental a seguir siempre adelante. Los cinco kle¡a comprenden, por lo tanto, esa herencia de tendencias que ahora y siempre hace prosperar a las criaturas. Estos “impedimentos” son las propensiones involuntarias e inconscientes que actúan en el interior de toda criatura viva y la arrastran a través de la vida. Además, según la concepción india, estas tendencias han sido heredadas de existencias anteriores; son las fuerzas que han producido nuestro actual nacimiento. De aquí que la primera tarea de la filosofía del yoga sea destruirlas, arrancándolas de cuajo. Para ello es necesario que se disuelva decididamente no solo la personalidad humana consciente sino también el inconsciente impulso animal que sostiene la personalidad: la ciega fuerza vital que está presente “tanto en el gusano como en el sabio” y que ávidamente se adhiere a la existencia. En efecto: solo rompiendo estas dos esferas de resistencia natural (la resistencia moral y la resistencia biológica) el yogin puede experimentar, como núcleo de su ser, ese púru¡a que se mantiene apartado de los gritos de la vida y del constante fluir del cambio. Solo como resultado del más severo y completo proceso de desapego e introversión se 23 äatapatha-Br†’hmana 2.2.1; 6.1. 1-9, 11.5.8.1. Compárese BÕhad†ráðyaka-Upánisad 1.2, 1-7 y 1.4, 1-5. HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD puede alcanzar este sereno sustrato, liberarlo y hacerlo conocer a la conciencia. Con tal fin existen tres líneas o caminos de disciplina en el yoga: 1) el ascetismo; 2) el “aprendizaje de la enseñanza sagrada”; y 3) la completa entrega a la voluntad y a la gracia de Dios. 1) El ascetismo es un ejercicio preliminar para purgar las impurezas que manchan nuestra naturaleza intrínseca. Estas impurezas empañan toda expresión y experiencia, impregnando todo con las huellas de actos anteriormente realizados por el cuerpo o la mente. Las huellas oscurecedoras son como cicatrices: han sido marcadas por la pasión (rajas) y por la inercia espiritual (tamas), las dos fuerzas de la parte animal de nuestra naturaleza. Los ejercicios ascéticos nos curan de tales heridas. Las prácticas ascéticas disipan estos impedimentos como el viento disipa las nubes que ocultan el cielo. Entonces la cristalina limpieza del firmamento interior del alma —la calma especular del profundo mar interior, que ni emociones ni sentimientos agitan o alteran— ilumina la conciencia. En esto consiste la iluminación liberadora y transhumana, meta de todas las crueles prácticas del yoga, que serían inexplicables sin ella. 2) “Aprender la enseñanza sagrada” significa ante todo aprender los textos religiosos de memoria y conservarlos en ella mediante la metódica recitación de plegarias, sentencias, fórmulas y las diferentes sílabas simbólicas de la tradición religiosa. Esta práctica imbuye a la mente de la esencia de la enseñanza y así consigue apartarla de las cosas mundanas, impregnándola con la piadosa atmósfera del desapego religioso. 3) La completa entrega a la voluntad y a la gracia de Dios ocurre cuando toda la personalidad adopta una actitud de devoción hacia las tareas y sucesos de la vida diaria. Cada acto de nuestra rutina cotidiana debe ser realizado con desinterés y desapego, sin preocuparnos por los efectos que pueda tener sobre nuestro yo, o por la relación que pueda guardar con él. Debe ser realizado como un servicio que prestamos a Dios, dictado, por así decir, por la voluntad de Dios, ejecutado por amor de Dios y realizado por la propia energía de Dios, que es la energía vital del devoto. Considerando los deberes desde este punto de vista, gradualmente conseguimos eliminar el egoísmo tanto de nuestras acciones como de sus resultados. Cada tarea se convierte en aspecto de un rito sagrado, ceremoniosamente cumplido con finalidad propia, sin tener en cuenta el beneficio que pueda sacar el HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD individuo. Este tipo de “devoción” (bhakti) preliminar se enseña en la Bhágavad-Git† y en muchos de los textos clásicos posteriores del hinduismo. Es un ejercicio o técnica práctica de desarrollo espiritual basado en la idea de que toda obra se realiza a través de Dios, y en ofrecérsela a Él, junto con sus resultados, como una oblación. Los Yoga-Sâtra enseñan que al final de una vida vivida en perfecto acuerdo con estos principios podemos alcanzar un estado en el cual los cinco impedimentos —es decir, toda la personalidad humana junto con los estratos animales e inconscientes que son su fundamento y su fuente inextinguible— quedan reducidos prácticamente a nada. Podemos “quemar las simientes” de futuras existencias individuales ignorantes “en el fuego del ascetismo”. Estas simientes se han acumulado debido a las acciones voluntarias e involuntarias realizadas en esta existencia y en otras anteriores. Si no se las aniquila, echarán nuevos vástagos que producirán otros enredos, cuyo fruto será todavía otro destino de ilusorias actividades y recompensas. Sin embargo, aunque el ser humano tiene un impedimento congénito, tanto en su mente como en su carácter, puede adquirir mediante el yoga un entendimiento sublime y refinado que le abra el camino de la liberación y la iluminación. Limpio del polvo pasional que normalmente ofusca la atmósfera interior y de las pesadas tinieblas que rodean y oscurecen toda existencia fenoménica, el material de la naturaleza y su innata fuerza vital (prákÕti) se transforma enteramente en sattva: calmo, transparente, como un espejo sin mácula, como un lago sin una onda, luminoso en su quietud cristalina. Habiéndose quitado los impedimentos (kle¡a), que normalmente quiebran y ennegrecen la visión, la iluminación se manifiesta de modo automático a la mente y la conciencía, viva se da cuenta de que es idéntica a la luz. Así la “dieta reductora” del yogin va matando de hambre sistemáticamente la personalidad. No da cuartel al ingenuo culto del yo que generalmente se considera como el saludable egoísmo de las criaturas, la fuerza que permite a hombres, animales y plantas sobrevivir y salir airosos en la lucha por la existencia. Es una “dieta reductora” que extirpa hasta las tendencias fundamentales, inconscientes, vegetativas y animales, de nuestro carácter biológico. El beneficio que se obtiene cuando todo este rajas y tamas ha sido destruido y solo queda sattva —aislado, puro y capacitado para reflejar la verdadera naturaleza de nuestro ser auténtico— es la visión de un núcleo (púru¡a) desligado del reino de los guða y distinto de todo lo que antes parecía constituir la personalidad: un sublime habitante y espectador que HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DE LA ETERNIDAD trasciende los planos del anterior sistema consciente-inconsciente, olímpicamente despreocupado de las tendencias que antes sustentaban la biografía individual24. Este anónimo “ser diamantino” no tiene nada que ver con lo que apreciábamos como carácter nuestro y cultivábamos como nuestras facultades, inclinaciones, virtudes e ideales, pues trasciende todo horizonte de conciencia que no haya sido totalmente clarificado. Estaba envuelto en las cubiertas del cuerpo y de la personalidad; pero los guða oscuros, turbios y espesos no podían revelar su imagen. Solo la translúcida esencia del sattva clarificado le permite hacerse visible, como a través de un cristal o en las quietas aguas de un estanque. Tan pronto como es reconocido, su manifestación nos hace saber en seguida que ésta es nuestra verdadera identidad. Recordamos y saludamos a la mónada vital, aunque es distinta de todo lo que existe en este compuesto fenoménico de cuerpo y psique, que, bajo la ilusión provocada por nuestra usual ignorancia y conciencia indiscriminadora (avidy†), habíamos confundido torpemente con la esencia real y duradera de nuestro ser. El “conocimiento discriminador” (viveka) es el enemigo de la avidy† y por lo tanto constituye el principal instrumento para desembarazarnos de la fuerza de los guða. Corta a través del tamas y el rajas como un cuchillo, abriendo el camino hacia el acto por el cual tomamos conciencia de que el núcleo de nuestra identidad está separado por un gran abismo de los continuos altibajos de tendencias que atraen la atención del individuo corriente y que siempre se considera que pertenecen, de una u otra manera, al Yo. El “conocimiento discriminador” (viveka) discierne un estado permanente de supremo “aislamiento” (kaivalya) con respecto a los procesos vitales, y logra alcanzarlo. Este estado es la contraparte terrestre del de la mónada trascendente, que se revela a la con |
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