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ELLOS .. LOS EXTRATERRESTRES.

23 Oct 13 - 12:01

Ellos, Los Seres Extraterrestres
 
Fabio Zerpa
 
 
 
 
INDICE
 
Prefacio del autor        
 
1-Los contactos del tercer tipo. Visualización de seres
2-Los contactos del cuarto tipo. Las abducciones
3-La declaración oficial de una caminata extraterrestre
4-Dos experiencias de contactos del tercer tipo distintas con un común     denominador
5-El incidente del doctor Fry
6-Un ingeniero colombiano revela sus contactos con seres extraterrestres
7-Un gran enigma: “El valle de los espíritus”
8-Por qué no se contactan con nosotros
 
Epílogo
 
FABIO ZERPA nació en Uruguay en 1928 y vive en la Argentina desde 1951. Es profesor de Historia y realizó estudios de Psicología, Sociología y Antropología. Tras una exitosa carrera de actor y director de teatro, cine y televisión, se abocó al estudio y divulgación de la Parapsicología y la Ovnilogía, disciplinas en que es internacionalmente reconocido como uno de los más grandes especialistas. Fue director de la primera revista sobre el fenómeno OVNI a nivel mundial y fundador de la primera universidad de lo que él denominara DISCIPLINAS DE APERTURA. Incansable buceador de los grandes misterios de la mente y el espíritu, publicó libros como “EL REINO SUBTERRÁNEO”, “MORIR ES VOLVER A CASA” o “LOS HOMBRES DE NEGRO Y LOS OVNI”, que contaron con la adhesión de incontables lectores y cimentaron su prestigio de investigador. En el caso particular de avistamiento de naves y contacto con seres extraterrestres, su archivo reúne más de tres décadas de documentos e imágenes, constituyéndose en uno de los más ricos de todo el mundo. Este libro está basado en parte de tan valioso material...
 
 
CONTRATAPA
 
“UNA DE LAS CARACTERÍSTICAS DEL HOMBRE EN SU INCANSABLE CURIOSIDAD, ES SU AFICIÓN A FORMULARSE PREGUNTAS QUE, MOMENTÁNEAMENTE, NO PUEDE RESPONDER. PERO SON ÉSTAS LAS QUE HAN ORIGINADO, EN TODAS LAS ÉPOCAS, LOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS. HOY ANIDA EN LA MENTE DE TODOS UN PROFUNDO INTERROGANTE: ¿EXISTEN OTROS SERES PENSANTES EN EL UNIVERSO? PODEMOS ESTAR SEGUROS DE QUE HAY UNA SERIE DE HOMBRES QUE NO SE DETENDRÁN HASTA HALLAR LA RESPUESTA.”
Así plantea Fabio Zerpa la temática central de su libro. Obviamente, él ocupa un lugar destacado en la serie de hombres a que hace mención. Obviamente también, su respuesta a la pregunta planteada es rotundamente afirmativa. Y lo será para el lector.
Antes que a una masa discursiva encaminada a persuadir, el autor recurre a la acumulación de datos, evidencias y testimonios, logrando una obra de estilo llano y apasionante lectura. Nos lleva así a la nada dramática convicción de una vecindad con seres distintos de nosotros, con los que mantenemos periódico contacto desde tiempos remotos.
Con este libro fundamental, en el umbral del tercer milenio, Zerpa nos prepara para un nuevo escalón de la Humanidad; para el encuentro inevitable.
 
 
PREFACIO DEL AUTOR
 
AQUÍ estamos nuevamente juntos, para tratar de estudiarlos, analizarlos, preguntamos como son.  Ellos, los seres extraterrestres; si leíste Los OVNI existen y son extraterrestres, mi pequeño homenaje al que dijera esas palabras en un Congreso y ante sus colegas de la ciencia ortodoxa, mi admirado Dr. Joseph Allen Hynek, que fuera uno de los diez más grandes astrónomos de nuestro Planeta, ya te habrás interiorizado de lo que hemos investigado, hasta ahora, del misterio más apasionante del siglo XX.
En aquel libro anterior, que se complementa con este que empiezas a leer, veíamos a estas naves extraterrestres piloteadas o dirigidas por seres inteligentes de conformación antropomórfica, y la visualización de máquinas "extrañas" que surcan nuestro espacio atmosférico, que también descienden al suelo terráqueo y dejan evidencias de su procedencia, más allá de nuestra tecnología, ciencia y cultura actuales.
Vimos casos puntuales de esos contactos del primer y segundo tipo, con evidencias concretas de que estamos ante hechos que escapan a nuestra razón y nuestra lógica; mostramos cómo los gobiernos de distintos países los estudian y se preocupan por esta temática, y cómo funciona en casi todos ellos el famoso top secret; también mostramos que países como Argentina, Brasil y Francia, han expresado la realidad de su presencia en documentos oficiales.
Pero así como de pronto, distintos gobiernos aceptan la realidad OVNI, es decir, la existencia de objetos voladores no identificados, los radioastrónomos de distintos observatorios, con los cuales hemos hablado en forma no oficial, también consideran las señales radiales codificadas y artificiales como una realidad.  Todas estas aseveraciones no pasan de ser manifestadas con caras incrédulas. El consabido y escurridizo "no sé" se suma a otras manipulaciones, que hacen más intrigante al fenómeno en sí.
En este libro veremos a los Seres, en los contactos del tercer y cuarto tipo, es decir: cuando son visualizados los tripulantes al lado de sus aparatos o cuando el terrestre que observa es invitado o introducido dentro de esas naves, para estar dentro de ella o viajar a otro lugar.
Fundamentalmente, los analizaremos en base a la tipología de los seres extraterrestres, clasificación que hiciéramos con otros investigadores, tratando de codificarlos para un mejor estudio e investigación.
Sabemos que estos contactos son muy difíciles de analizar por la rareza de los mismos y, fundamentalmente, por el condimento psicológico de cada testimonio; los testigos ven un mismo hecho, pero todos expresan distintas apreciaciones sobre ello, dependiendo de "lo psíquico" de cada testigo.
Les mostraremos, mis amigos lectores, los identikit de los seres, obtenidos a partir de más de dos mil casos en distintas partes del mundo, de los cuales han quedado prácticamente un tercio, de real credibilidad y fiable testimonio, ya que tanto testigo como investigador (a ellos también hay que tomarlos muy en cuenta, por si son honestos y han realizado una buena investigación) se adecuan al rigor investigativo al que tratamos de ajustar nuestra actividad.
Al seguir esta tipología de seres extraterrestres y narrarles casos típicos para cada tipo, damos un pantallazo, bastante puntual, sobre las características de estos humanoides.
Cuando nos sumergimos en los contactos del cuarto tipo, las abducciones, tenemos casos realmente importantes como los de dos científicos que viajan en OVNI, con características distintas cada uno de ellos y que nos dejan conclusiones muy interesantes para nuestro futuro; mi caballito de batalla, la operación Bordeau, en donde un camionero argentino es introducido durante casi una hora dentro de una nave por tres seres, que van a ser visualizados el día posterior en otro lugar de la provincia de Buenos Aires (Argentina) por otros dos campesinos a plena tarde, y cinco días después van a ser vistos "en vivo y en directo" por el ingeniero costarricense Enrique Castillo Rincón, en las proximidades de la Laguna de Guatavita (Colombia); tres casos encadenados (Bordeau, Balvidares, Castillo Rincón) que nos llevaran a merecer el primer premio al mejor estudio de contacto del cuarto tipo, en el Congreso Mundial de Ovnilogía en México; lauro que con orgullo llevamos permanentemente junto a nosotros, pero fundamentalmente, por el equipo de nueve médicos y psicólogos, que estudiaron exhaustivamente este hecho, inusual, hasta ahora, en la investigación ovnilógica.
También la declaración de la caminata de un ser extraterrestre, realizada con la firma de un hombre perteneciente a las fuerzas militares de un país, y que además era jefe de policía, hacen de este hecho, que narramos con la mayor fidelidad, un caso único y formidable para nuestra investigación toda.
Queda mucho en el tintero: las posibilidades de observación de luces extrañas en lugares muy especiales del Planeta; los contactos extraterrestres en el Pasado que hacen a lo que yo llamo Neoarqueología, y que estudiamos en nuestra Universidad Disciplinas de Apertura; el carácter psicológico de toda la fenomenología, etc.
Por eso, pienso que nos vamos a volver a encontrar dentro de poco, con este tema, que me ha costado tantas horas de sueño, pantalones rotos en lugares inhóspitos, alegrías y sinsabores, aplausos y envidias, todas las facetas que hacen al investigador de hechos insólitos, que siempre me hacen decir: "me recibí de Andreiev, el que recibe las bofetadas"; pero también debo contar las grandes satisfacciones, ¿no le parece?
Le extiendo mi mano; trate de analizar todo el libro; sumérjase en las investigaciones, esboce su aporte y hágamelo conocer.  Lo espero.  Como siempre, lo mejor para usted.
 
 
LOS CONTACTOS DEL TERCER TIPO
VISUALIZACION DE SERES
 
UNA de las características del hombre en su incansable curiosidad y su afición a formularse preguntas que, momentáneamente, no puede responder.  Pero estas preguntas son las que han originado, en todas las épocas los grandes descubrimientos.  Hoy, anida en la mente de todos una insistente pregunta: ¿existen otros seres pensantes en el Universo?
Podemos estar seguros de que hay una serie de hombres que no se detendrán hasta hallar una respuesta.  Y, si ellos no lo logran, sus descendientes continuarán investigando.  El admitir (sólo una posibilidad) que existen otros seres pensantes en el Cosmos provoca todo tipo de reacciones: maravilla, temor, indignación y, sobre todo, curiosidad.  Hay que averiguar si ello es posible.
Sobre los OVNI ya se ha hablado en el libro anterior titulado Los ovni existen y son extraterrestres.  Que existen objetos volantes no identificados es un hecho real.  En lo que todavía nadie se ha puesto de acuerdo es en si son o no de procedencia extraterrestre.  Sin embargo, este fenómeno ha contribuido a que la humanidad piense más que nunca en la posibilidad de otros mundos habitados. O bien, siguiendo una línea de pensamiento distinta, la gente ve OVNI porque cree en la existencia de seres extraterrestres.
Se debe andar con mucha cautela al hablar de los ocupantes de las naves extraterrestres dirigidas.  Los testigos que han visto algunos de dichos ocupantes los describen como seres u hombrecitos de 1,20 m a 2 m de estatura, pasando por personajes de apariencia absolutamente humana y de estatura corriente.  Ahora bien, si ya en la observación de OVNI se produce la natural excitación de un fenómeno misterioso y desconocido, ante la presencia de seres que, aparentemente, son tripulantes de los extraños aparatos, la reacción varía del estupor al miedo hacia lo desconocido.  De todos los casos relacionados con el fenómeno OVNI, los que hacen referencia a contactos personales entre terrestres y tripulantes de las naves son los que han provocado una mayor ola de incredulidad y, al mismo tiempo, interrogatorios exhaustivos por parte de las autoridades de varios países.  Sin embargo, si pensamos que los OVNI son objetos tripulados o dirigidos por seres inteligentes, lo lógico es pensar que quienes los manipulan también deben existir, ya sea seres vivos o simples robots, a no ser que se piense en el control a distancia... ¿pero a qué distancia?
Aparte de la reacción más corriente, que es de sorpresa mezclada con miedo en mayor o menor intensidad, se pueden observar otras dos reacciones en la gente que se ha encontrado ante la presencia de estos desconcertantes seres.  Una, la de atacar a los extraños, impelidos por el terror a lo desconocido; otra (que es posterior al suceso), la de creer que los seres "avistados" son una especie de dioses que vienen a salvar a la humanidad.
En principio, no se han encontrado pruebas de que estos misteriosos seres abriguen ninguna intención hostil, pero tampoco parecen demostrar o denotar un interés científico por un planeta y una civilización desconocidos.  No obstante, todo esto es muy discutido.  Hasta que no se encuentren pruebas más convincentes de que intentan entrar en contacto con la gente, especular sobre lo que pretenden es dejarse llevar por la imaginación y se corre el peligro de que, en el caso de llegar a un contacto real, la actitud de la gente esté deformada.
 
 
TIPOLOGIA DE LOS SERES EXTRATERRESTRES
 
El estudio de las distintas tipologías está realizado en base a las estadísticas del ingeniero Aimé Michel, de Francia; ingeniero Jacques Vallée, francés, que trabaja para la NASA; Jader Pereira, de Porto Alegre; Dr. Walter Bhuler, de Río de Janeiro; Dr. Carlos Paz García, de Lima, Perú, secretario del Congreso Internacional Aeroespacial realizado en Mar del Plata en 1969.
¿Cuáles han sido los fines de este estudio?  Establecer una clasificación de los diversos ocupantes de OVNI, una exposición detallada de su comportamiento y otros datos en relación con su actividad.
¿Cuál ha sido la hipótesis de trabajo?
 
a)         Argumentación sobre la existencia de extraterrestres: el criterio de la verdad y la evidencia es cualquier cosa que aparezca tan clara a nuestra inteligencia que la duda no tenga razón de ser.  En estas condiciones, los argumentos son: la constante observación de los ocupantes; la gran diversidad de las regiones donde se observaron; la variedad en los niveles intelectuales de los testigos así como la de las clases sociales a las que pertenecen.  Todas estas condiciones constituyen un criterio de la realidad fundado en la evidencia de los hechos.
 
b)         Argumentación referente a la posibilidad de un estudio de los extraterrestres: teniendo en cuenta que los ocupantes de los OVNI se presentan con una apariencia física comparable a la del hombre (se sirven, al igual que nosotros, de máquinas para sus desplazamientos, y tienen un comportamiento social que se puede relacionar con el nuestro), llegamos a la conclusión de que ha sido posible emprender un estudio racional de esos seres, con una probabilidad de error que sea aceptable.
A pesar de que se pueden clasificar en Tres grandes clases, los seres extraterrestres, como denominador común, presentan las apariencias de seres antropomórficos:
 
1.         Clase I: seres bajos de hasta 1,20 m de estatura.
2.         Clase II: seres medianos de 1,20 a 2,00 m de estatura.
3.         Clase III: seres altos de más de 2 m de estatura.
 
A los fines de estudio, y para clasificar diferentes casos y actitudes de los humanoides, los hemos clasificado en 9 tipos diferentes.
¿Cuál ha sido el sistema de clasificación?  Los puntos básicos que han servido para la clasificación han sido los siguientes:
Clasificación según la forma; según hayan usado o no escafandra; según las características corporales y faciales de los ocupantes.  La clasificación por la forma de los ocupantes ha demostrado que en la casi totalidad de los casos (95,8%) la forma era humana.  Partiendo de esta constatación se ha decidido establecer primero una clasificación en tipos de seres de forma humana y reportar, seguidamente y por separado, los casos de forma no humana.  De acuerdo con esto se operó de la siguiente manera: los tipos 1 al 5 no llevan escafandra; los 6 utilizan una semiescafandra (como un casco o máscara de gas); los tipos 7 y 8 utilizan escafandras y el tipo 9 corresponde a caracteres y casos extraordinarios (el rasgo que los define no tiene que ver con la forma, sino con el hecho de que dejan huellas en el suelo).
 
 
Tipo NO 1: SERES NORMALES
 
Seres de talla normal a grande, es decir de una estatura entre 1,65 y 2,00 m; a veces de altura mayor.  Cabellos rubios y cortos; en menos casos, color negro o castaño.  Piel blanca normal, ojos, cejas y boca totalmente normales.  Los vestidos se parecen a uniformes o trajes de una sola pieza color gris plateado u oscuro.  Capuchón ajustado a la cabeza, como de monje.  Botas cortas (3/4).  Corpulencia normal, tendiendo a frágil en la mayoría de los casos.  El vestido tiene una especie de cinturón como de cuero.  Su actitud es pacífica y su comunicación, telepática, aunque los testigos hayan expresado que hablan en su misma lengua.  Esta consideración deriva de que no se les ha visto mover los labios.  A veces utilizan una especie de bola luminosa que sostienen en una mano; cuando levantan las manos, el testigo nota que sus fuerzas desaparecen, se siente invadido por un embotamiento.  Este es el único tipo en que han abundado más mujeres que hombres.  En general, todos los casos se han producido en la Argentina, Brasil, Canadá, los Estados Unidos y Australia.
 
 
 
 
 
 
 
Caso típico: Pereyra
 
Testigo:            Ramón Eduardo Pereyra
Fecha:  20 de julio de 1965
Hora:   8.30
Lugar:  San Francisco Solano (Prov. de Buenos Aires, Argentina)
 
Su protagonista es Ramón Eduardo Pereyra, argentino, de 38 años, comerciante, casado, con dos hijos de 14 y 1 años.  Un buen vecino y muy respetado por toda la gente de Villa La Florida y San Francisco Solano, que esgrime como certificado de buenaconducta haber trabajado toda su vida para hacer su casa y su negocio con sus propias manos, haber comprado su camión y su auto como carnicero, lechero y panadero desde niño, con 16 y hasta 18 horas de trabajo diario.  Su otro hallazgo es haber sido conscripto en San Martín de los Andes con esmero y dedicación, como lo constatan sus certificados, dados por sus superiores, y que exhibe en las paredes de su humilde pero limpia y arreglada casa.
El Monte de los Curas, a 18 km. de Buenos Aires (que está dentro de] denominado también Campo de los Curas, ya que hace años había allí un viejo monasterio), es el lugar del suceso.  Ese Campo de los Curas, ubicado en Villa La Florida, es bordeado por el camino Donato Alvarez, que une San Francisco Solano con el camino Paseo.
El 20 de julio de 1965, a las 8.30 de la mañana, era un día de llovizna persistente y muy nublado.  En su camioneta particular, haciendo su habitual recorrido de reparto de leche y pan, Ramón Eduardo Pereyra viaja por el camino Donato Alvarez cuando ve, a su izquierda, que cae del cielo lo que él llama un paracaídas luminoso.  Detiene el móvil, baja, camina unos 500 o 600 metros para pasar un pequeño arroyuelo y un terraplén de las vías del ferrocarril General Belgrano que une La Plata con la estación Nueva Pompeya en la Capital Federal.  Al llegar al bosque se encuentra no ya con ese paracaídas luminoso sino con un pequeño avioncito de escasos dos metros de diámetro, de forma ovoide, sin alas ni hélices, sin remaches ni juntas.  La parte inferior es una semiesfera de acero con dos escapes a los costados, y la parte superior otra semiesfera de plástico o algo similar.  Las mismas están colocadas espalda contra espalda.  Frente a ellas, tableros con luces.  En uno de los asientos hay un ser, vestido con un mameluco gris y una capucha de la misma tela.  Este individuo no ve a Pereyra, quien rodea el aparato observando todo en detalle.  Pereyra sobrepasa el aparato por su parte trasera, camina unos cinco metros hacia el interior del bosque y ve entonces, a unos 30 metros del aparato junto a un árbol, a otro individuo que mira el cielo con un papel en su mano derecha.  Pereyra sigue caminando unos pasos más y el ser que está junto al árbol gira, ve a Pereyra y comienza a caminar velozmente hacia él.  Ambos se cruzan, Pereyra le pregunta si necesita algo, ya que piensa que es un avión que ha tenido un desperfecto; no recibe contestación alguna, el hombre sigue su rápida trayectoria hasta el aparato.  Llega a él, pone la mano sobre la parte transparente que le corresponde a su asiento anatómico; se levanta esa tapa, introduciéndose entonces el piloto en su asiento anatómico. Pereyra no observa ni botones ni perillas como para abrir esa transparente parte superior, a pesar de haber estado tan cerca.
El piloto está colocado ya dentro del aparato; el protagonista siente un ligero sonido de soldadura autógena que sale de los escapes de los costados, y el aparato comienza a elevarse lentamente en forma vertical.  Se detiene a unos 30 metros por encima de la copa de los árboles y luego emprende veloz carrera en el cielo perdiéndose como si fuera una luz alargada, como un meteoro ascendente.  Pero veamos cómo eran los seres que vio Pereyra.
Tenían entre 1,75 y 1,80 m de estatura, complexión fuerte, vestían mameluco gris plomo, una capucha como de monje de la misma tela (el hombre que estaba dentro del aparato la tenía puesta mientras que el que estaba afuera la tenía tirada sobre los hombros).  Colgaba de su cuello un par de gemelos, quizás un poco más grandes que los comunes, y en su pierna derecha una cartuchera; además usaban un cinturón con hebilla plateada y botas 3/4, posiblemente de cuero.  Eran rubios, peinados para atrás, cara totalmente normal, con rasgos más fuertes que los comunes.  Seres comunes y normales que llevan a repetir en forma sistemática a Ramón Eduardo Pereyra que lo que él vio fue un aparato hecho por los rusos.  Pereyra no tiene ningún preconcepto sobre platos voladores ni ha leído nada sobre ellos.  Tarda muchos días en contar su experiencia porque cree que ha vivido un sueño y tiene miedo al ridículo.  Pero, luego de distintos exámenes físicos y psíquicos, Ramón Eduardo Pereyra ha quedado como excelente testigo calificado de un contacto con posibles habitantes extraterrestres.
 
 
Tipo NO 2: SERES DE PEQUEÑA ESTATURA (COMO NIÑOS)
 
Talla de 1 m a 1,50 m. Cuerpo normal, anchas espaldas, ojos ligeramente oblicuos.  Color de la piel: verde tendiendo a veces a oscuro.  Rostro normal.  Vestido: uniforme azul claro; en la cabeza llevan' a veces una especie de casquete o casco.  Frente amplia y, cuando se le han visto, cabellos negros.  Actitud “agresiva”, a veces de rapto.  No hay diálogo.  En mayor cantidad fueron vistos en Canadá; luego en EE.UU., Inglaterra, Dinamarca. Caso típico: Socorro, en Nuevo México; aquí, en la Argentina: Peccinetti-Villegas.
 
    Caso típico: Peccinetti-Villegas
 
Lugar:  Mendoza (Argentina)
Fecha:  30 de agosto de 1968 (madrugada del 31)
 
El caso Peccinetti-Villegas y otros sucedidos en Mendoza provocaron una real polémica y psicosis en esa provincia, que llevó a prohibir a su Jefatura de Policía (por primera vez en el mundo) hablar o hacer reuniones sobre el tema OVNI.  La noche del 30 de agosto de 1968, en las afueras de Mendoza, dos empleados del Casino (dos croupiers) van a vivir un momento inolvidable para ellos, para la Argentina y para la historia platillista.
Dos mendocinos se contactan con cinco seres extraterrestres que salen de un plato volador, aterrizado en las afueras de la capital cuyana.  Al testimonio de Juan Carlos Peccinetti y Fernando José Villegas, que algunos tildan de mentira y otros de verdad, que a algunos hace reír y a otros hace pensar, suceden hechos y declaraciones que forman parte también de todo el suceso.  Juan Carlos Peccinetti y Fernando Villegas habían estado juntos el viernes 30 de agosto de 1968, reparando el viejo coche Wippet 1929 color marrón, patente 2999 de Mendoza, con carrocería Chevrolet 1934 en el taller mecánico de Toujas.  Peccinetti había ayudado a su compañero de tareas en el Casino de Mendoza remolcando el coche de Villegas hasta aquel taller, y sucede el primer hecho significativo: Peccinetti olvida su sobretodo.  Este es el hecho que va a determinar que los dos salgan juntos aquella madrugada del sábado 31 del Casino aunque vivan separados, uno en el norte de la ciudad y otro en el sur, y no sean frecuentes amigos.
 
 
Pero esa noche tenían que estar los dos sobre el viejo coche de Villegas, en Laprida y Neuquén, porque allí tenían una cita trascendente.  Al mediodía, después de salir del taller, el auto funcionaba perfectamente.  Villeguitas, como le dicen sus compañeros, no le notó nada raro.  Fue a la estación de Jorge Calle y Perú y cargó la batería.  Regresó a su casa, se acostó y durmió.  A la noche, como de costumbre, se fue a trabajar, y Peccinetti lo encuentra a las 22.30 y le comenta el olvido de su abrigo.  Peccinetti se quedó hasta después de las 3, y se encontraba muy fastidiado porque estaba sin el auto.  El arranque, como ya le había pasado otras veces, se negó a funcionar.  Villegas cruzó el Bacará, estuvo con cuatro amigos que lo invitaron a un café, se hizo tarde y salió Peccinetti, que estaba sin auto.  Si bien viven muy separados, le pidió ir a buscar el abrigo y luego llevarlo hasta su casa.  Accedió.
Villegas es un hombre lúcido, lógico, coherente en su relato, que cree a pie Puntillas en lo que dice, aunque no lo pueda probar en la misma forma. Peccinetti es un muchacho serio, correcto, aparentemente abstraído del problema en los momentos en que se le hacían preguntas, y que repetía monótonamente el mismo relato, quizá por haberío hecho ya tantas veces.  Villegas salió por la calle Perú (reconoce que nunca había tomado ese trayecto).  Subiendo por Jorge Calle sale derecho a casa.  Pero esa noche, no sabe por qué, dobla luego de tomar la calle hacia el Sur por Olascoaga.  Peccinetti estaba muy cansado, no conocía el camino hasta la casa de Villegas, pero recuerda que pasó por los galpones del ferrocarril San Martín.  Villegas dobla en la calle Paraná, tuerce hacia el Norte por Coronel Moldes, dobla en Huarpes hasta Laprida y al llegar a ella toma Neuquén hacia el Norte.  Allí, en la calle Neuquén, entre Laprida y Jorge Newbery, a más de 10 cuadras de la estación terminal del ferrocarril antes citado, que une Mendoza con Buenos Aires y con Santiago de Chile, allí a las 4.32 del 31 de agosto, madrugada de un sábado muy frío, se detiene el automóvil.  Peccinetti, que venía durmiendo en el auto, en ese momento despierta y sonríe, porque conoce el Wippet con sus problemas permanentes de carburación.  Villegas y Peccinetti narran en su declaración oficial:
Villegas:           me bajé por el lado derecho y fui hacia el motor.
Peccinetti:        yo también descendí.
V:        al dar vuelta al guardabarro izquierdo miré hacia el Oeste y vi algo sorprendente, suspendido a 1,60 m sobre el suelo, más o menos.  Era un objeto semejante a dos platos pegados por sus bordes y describiendo una luz compacta.
P:         El aparato tendría unos 5 o 6 m de diámetro, era de color gris muy oscuro, con una pequeña oscilación y sin tocar el suelo.
Los protagonistas están a 30 o más metros del aparato, cuando ven 5 sujetos, que recién perciben cuando se adelantan 3 y quedan 2 más atrás.  Sienten entonces una gran impresión, un poco de temor, no tienen ganas de correr.  Sienten como un relajamiento, un sentir nada, sólo estaban allí, ellos dos y cinco extraños sujetos que salían de un enigmático objeto.
V:        Los 5 sujetos se acercaron, caminaban lentamente como personas comunes, tenían las orejas recortadas por la luz del fondo, eran como las humanas.  No movían los labios y poseían rasgos comunes.  Nunca pude mirarlos a la cara, se me acercó uno de ellos a mi derecha y, sin poder girar los ojos, alcancé a ver cuando salían de mi visión directa lo que al rabillo pude vislumbrar.  Sentí, a medida que ellos avanzaban, dos palabras en castellano, como si fuesen mi mismo pensamiento.  No temer.  Las tenía aquí, en mi cabeza; después escuché tres vueltas al Sol para estudiar costumbres e idiomas.
Cuando ellos venían caminando, Peccinetti pudo apreciar su estatura, 1,50 m más o menos, y su ropa enteriza; todos vestían igual, especie de buzos u overoles como los de los corredores de autos.  Tenían las cabezas grandes, eran totalmente calvos y le tomaron la mano izquierda a Villegas y también hicieron lo mismo con Peccinetti.
Las manos no las vieron en ningún momento.  Uno de ellos da un pinchazo en los dedos.  En el caso de Villegas las huellas de las tres incisiones son más profundas que en las de su compañero.  Cuando esto sucede, en sus pensamientos se meten las frases: No temer.  Las matemáticas son el idioma universal, nosotros tenemos el dominio de la gravedad.  No temer.
Dos seres habían quedado atrás, tres estaban al lado de los protagonistas; en cierto momento los dos de atrás se adelantan, sobre todo uno de ellos que trae una especie de rueda, del tamaño de una bicicleta chica, y esa pantalla circular, iluminada, muestra imágenes en colores.  Aquí el relato se hace prácticamente idéntico en las palabras de ambos; no se contradicen en nada absolutamente.
En esa pantalla circular ven una catarata con abundante agua, estaba fija en colores y luego se apagó.  Sale un hongo atómico con una nube grande.  Se veían contra el azul del cielo.  Después vieron las cataratas por segunda vez.
Sin agua.  Las mismas rocas, los mismos árboles, pero desnudos, parecía un paisaje de invierno.
Luego advirtieron un chisporroteo en el auto, las señales que quedaron luego en el estribo y puerta izquierda del auto.  Los tres extraños se fueron juntos, se unieron a los otros dos, caminando normalmente y llegando hasta la zona iluminada.  Los 5 subieron por el haz de luz, ese haz de luz compacta que salía del objeto, como si fuera una escalera mecánica, uno tras otro.  Al entrar el último en el aparato, la luz se apagó, con una explosión que produjo un flameo en nuestros pantalones, como un fuerte golpe de aire, y el aparato se perdió en el cielo... (Las testificaciones del caso se pueden ver en Un Hombre en el Universo, de Fabio Zerpa, libro Nº 3 de la colección "Cuarta Dimensión", pág. 74 y siguientes.)
 
 
Tipo NO 3: SERES DE CABELLERA LARGA, ANGELICALES
            (LOS CONTACTOS PARAPSICOLÓGICOS)
 
La talla varía de 1,65 a 2 m. Cabellera rubia, que cae por la espalda, cuerpo robusto.  Ojos oblicuos; mentón normal tendiendo a puntiagudo; piel blanca.  Vestimenta color marrón oscuro y ajustada.  Cinturón muy ancho.  En la mayoría de los casos iban descalzos.  Poder telepático: el testigo siente una especie de presión mental.  Actitud mesiánica.  Los casos: Brasil, Chile, México, Inglaterra, EE.UU.
Los seres de esta tipología son denominados seres angelicales desde que Adamski, un simple aficionado a la astronomía que residió en el desierto de California, en 1952 tomó contacto con un ser que 61 pensó era Venusiano; lo llamó así porque este extraño personaje había marcado en la arena un planeta Nº 3 (Tierra) con un planeta Nº 2 (Venus).
Adamski inicia toda una corriente de opinión que ha vuelto a ubicarse en Europa a través del mayor Hans Petersen de Dinamarca y Karl Veit en Alemania, que son los "adamskianos", igual que el mayor húngaro Colman von Kebisky de los EE.UU. Todos ellos son patriarcas de los contactos de Adamski.  Y esto estaría totalmente emparentado con los contactos parapsicológicos o los contactos telepáticos.  En verdad, ya hemos perdido la cuenta de la cantidad de personas que dicen que se contactan telepáticamente con seres extraterrestres; pero ojo, la ciencia, hasta el momento, no tiene los mecanismos suficientes para constatar la veracidad de esos supuestos contactos telepáticos.  Sí, sabemos que la telepatía es posible más allá del tiempo y más allá del espacio.  La telepatía es estudiada por la parapsicología; la comunicación de mente a mente; y es totalmente posible.  Pero si usted me dice que se contacta con un ser extraterrestre, no sabemos cómo comprobar ese contacto.  Es más, existe un interrogante que los estudiantes de esta "paraciencia" deben tener presente: ¿Por qué los supuestos “contactados” no presentan fórmulas, algo técnico, que pueda ser "experimentado" para afirmar la realidad del suceso?
Nosotros investigamos un contacto que, suponemos, puede servir para tomar la realidad de esta tipología número tres y, en general, la realidad de los contactos parapsicológicos.
 
 
Caso típico: Cigarrales
 
Sucede el 10 de junio de 1968 y lo investigamos en esa época con el Dr. Oscar Galíndez de Córdoba, conjuntamente con la gente de esa localidad; a este caso lo llamamos Cigarrales, que es una pequeña población situada en las afueras de Córdoba.  Muchos cordobeses tienen allá su casa de fin de semana.  En este caso, vamos a tener dos protagonistas.  Jorge Yarú, suboficial de la Marina de Guerra argentina, un hombre que es técnico mecánico; siempre muy preciso y muy exacto en sus afirmaciones.  A las 3.30 hs. de la madrugada, Jorge Yarú sale de su casa porque escucha un ruido muy extraño, una especie de ronroneo o también de zumbido de avión; se ubica a efectos de localizar el mismo, pero no ve nada y regresa a su hogar; pero nuevamente escucha el ruido y sale mirando hacia un terreno baldío, observando algo que le llama poderosamente la atención; quedará así durante 45 minutos.  El ve un aparato volante que dice ser "un aparato norteamericano", no cree en los OVNI; y, sin embargo, el objeto es un típico platillo sopero invertido, con una especie de cúpula en la parte superior y otra en la parte inferior; tiene 1,50 m de ancho y 6 metros de largo; va girando permanentemente en el sentido contrario a las agujas del reloj.  Lo mira; y como es un técnico mecánico y le gusta su profesión, dice: "¡Qué linda forma tiene ese aparato; debe ser una prueba de los norteamericanos!".  Después de 45 minutos, a las 4.15 de la madrugada, comienza a elevarse y se pierde en las sierras de Córdoba luego de hacer, prácticamente, un ángulo de 90º.
Yarú dice que es extraordinario: "¡Estos norteamericanos han inventado un aparato sensacional!" Y es sabido que los EE.UU. no han inventado aún ningún aparato similar al visualizado por Yarú.
Después de este suceso hay algo realmente importante.  Piensen en un día de junio, en Córdoba, a las 4 de la madrugada; invierno, con mucho pero mucho frío.  Yarú siente la necesidad de ir a bañarse, "'de limpiarse", y lo hace en un arroyuelo.  Un hombre práctico, preciso, después de que se aleja el "plato" dice:
"Yo no me explico por qué tuve la necesidad de ir a bañarme. ¡Me di un baño de lindo! ¡Y con el agua totalmente helada!"
Crucemos la calle de la casa de Yarú y ahí, enfrente, está la casa de la señora Adela García, que vive con su hija; ella, esa noche, no se encontraba en la casa.  La señora. García sí, y explica con lujo de detalles lo que vio: empieza a escuchar un ronroneo y zumbido de abejas, igual que Jorge Yarú.  Sale de la casa y, orientándose hacia el terreno baldío, no ve el aparato como lo describe su vecino.  Ella ve una nube en forma de triángulo envolvente, y dice que era Dios.  Ella es espiritista.  Dice que Dios retornaba en una nube.  De esta especie de nube empieza a descender un ser gigantesco, rubio, de cabellos largos, parecido a Jesús, que parece dirigirse hacia el jardín de la casa.  Ella va hacia él y se hinca de rodillas frente al ser y, cuando se va a levantar, el ser ya había desaparecido.  Mira hacia La nube, que ya no estaba tan precisa como antes; finalmente desaparece.
En el lugar del baldío aparece pasto quemado; algo estuvo allí.
La nube de la señora García y el aparato de Yarú. ¿Quién de los dos dice la verdad? ¿Hubo una nube allí, como la nube de la Biblia? ¿O hubo un aparato físico, tecnológico, de nuestra actualidad, con las medidas iguales a platos voladores? ¿Existía el ser extraterrestre gigantesco, de 2,50 m de estatura? ¿Existía realmente?  Quizás.  Es una gran incógnita, nunca la develaremos.  Ella, la señora protagonista, marca el lugar donde apareció el ser.  Está totalmente convencida de lo que expresa y no está de acuerdo con Yarú.  Y aquí la incógnita: ¿Qué le parece esa necesidad de ir a bañarse de un hombre práctico a las 4 de la madrugada, un día de invierno infernal, allí, en la provincia de Córdoba?
Los contactos parapsicológicos; un gran interrogante; es posible que pase mucho tiempo sin que logremos saber absolutamente nada.  Seguramente, vamos a tener que avanzar mucho en nuestra ciencia de la parapsicología, realmente, para llegar a comprender toda la dimensión de esta tipología Nº 3. Hay un terreno de nadie que la ciencia manipula, moviéndose a tientas, y es el mundo de lo invisible.  Cada uno verá, muchas veces, lo que quiso ver.
 
 
Tipo NO 4: SERES BAJOS (COMO VIEJOS) DE PIEL ARRUGADA
 
Un metro a un metro cuarenta de estatura; sin cabello o con cabello muy corto.  La cabeza, más grande de lo normal, sin proporción con el cuerpo.  Boca como una hendidura.  Atención, que las tipologías 4 y 5 son bastante similares, como si una constituyera un subtipo de la otra.  Hay rasgos similares, por ejemplo en estatura, pero se diferencian en la forma de la boca y en las actitudes de comportamiento social.  Nariz puntiaguda, piel blanco-amarillenta como si fuera quemada.  Pasos largos y piernas cortas.  Cuerpo normal.  Los ojos redondos.  Vestimenta de color gris con boina o gorra plana, en algunos casos.  Actitud pacífica, pero sin ninguna tentativa de diálogo.  Caso típico: estudio realizado por Aimé Michell en la oleada de 1954.  Aquí vamos a encontrar los OVNI caídos en los Estados Unidos y Venezuela.  Desierto de Nuevo México: en 1948 cayó un OVNI; costó mucho abrirlo; fue una comisión de ocho científicos y se hallaron con 16 cadáveres en su interior.  Además del metal, una especie de aluminio en estado puro, se había quemado una especie de tiradores en la parte superior; dos tiradores en la parte superior, repetimos, y uno en la parte inferior.  Este último se cree que fue el que provocó la caída.  Los 16 seres no murieron carbonizados como han dicho muchos, sino que estaban enrojecidos, asfixiados, pues la piel es naturalmente como quemada; esto es lo que llevó a la confusión.
El suceso de Nuevo México sabemos que es real, porque el Hospital Walter Schurr de la Marina de Guerra de EE.UU. intervino y analizó a los seres.
Además, aseveraciones posteriores del gran investigador Ray Stanford indican que militares amigos de él intervinieron en el suceso y lo dan como real y auténtico, como lo afirman los científicos concurrentes en la investigación que realizó la Fuerza Aérea norteamericana.
 
Tipo NO 5: SERES BAJOS DE CABEZA GRANDE Y ROBUSTOS
                  (CABEZONES)
 
Como ya se ha dicho, es una tipología similar a la anterior, pero cambia en algunos aspectos.  Es decir: son grandes y cabezones.  Boca en forma de V invertida, piel blanca.  Actitud agresiva; un foco luminoso que sale del cinturón paraliza a los testigos.  Ojos oblicuos, cabeza calva, a veces llevan casco.
 
 
Caso típico: Rancagua
 
Sucede el 27 de octubre de 1966 en Rancagua, población entre Pergamino y Salto, ruta 32.  El Dr. Raúl Santoro sale a las 3 de la madrugada de Pergamino, ciudad situada al NO de la provincia de Buenos Aires, porque lo llaman de la clínica donde estaba trabajando, pues tenía que atender a un paciente suyo que estaba grave.  Toma por la ruta 32 con destino a Salto y va a pasar primero por Rancagua, para alzar a un pariente del paciente, el contratista Santos Brunori.
Tienen aún 7 kms hasta arroyo Dulce y 23 hasta Salto.  Vienen por una curva y van a encontrarse con dos seres de la tipología Nº 5, con una especie de bastón o linterna alargada en la mano.  Paran el auto en el bosque de Trepar, muy impactados; son las 3.30 horas, noche oscura; ven a estos humanoides, muy extraños, parados ahí, a la vera del camino.  Detienen el coche y cuando en determinado momento uno de los seres levanta la linterna, el Dr. Santoro aprieta el acelerador, pues se halla totalmente desesperado; lo mismo su campanero, y así se dirigen a Arroyo Dulce.  A las 4.30 horas, por el camino que viene de Villa Da Fonte, perpendicular a la ruta 32, y en ese sentido contrario (hacia Pergamino), se acerca un Renault que trae a 3 personas; una de ellas es Omar Pagani, quien va conduciendo el automóvil.  De repente miran los testigos hacia el bosque de Trepar y ven que desde atrás sale una luminosidad que se mueve hacia un lado y hacia el otro, como "hoja al viento".  Los testigos siguen por el camino de Villa Da Fonte para ir llegando a la ruta 32. La luz se vuelve a ubicar detrás de los árboles, siempre iluminando como si fuera luz de día; se van acercando y ya están en la ruta 32, frente al bosque de Trepar; cuando encuentran el bosque, la luz sale y se eleva, y ya en esa posición quedan paralizados, a una distancia de 50 metros del aparato, que ha descendido en medio de la ruta; comienzan a hacer señales con las luces largas del auto; las mismas no son contestadas, la luz se eleva y se pierde rumbo a Pergamino.  Y allí, en Pergamino, hay cerca de 20 personas que ven pasar por unos momentos a la luz.  El bosque que mencionamos pertenece a una familia; no se enteraron absolutamente de nada de lo ocurrido. ¡Pero atención!  Dos perros mueren de radiactividad, uno a los 8 días y el otro 7 días más tarde.  Pautas de comportamiento: vías férreas, agua, pastos quemados en círculo en el bosque de álamos y muerte de animales para dar realidad a este caso Rancagua.
 
 
Tipo NO 6: Tipo KAPPAS
 
Altos, con máscaras para respirar.  Altura: de 1,70 a 2,20 m. Rostro al descubierto, con una máscara de gas que tapa la boca y la nariz.  Cejas pobladas, cuerpo robusto, piel verde, ojos redondos; manos con 4 dedos y los pies a veces cubiertos con la tela de la vestimenta.  La actitud es hostil o indiferente, muchas veces de huida.  A veces utilizan una especie de tubo grueso.  Los casos se han producido en Irán, Austria, Australia, EE.UU. y Brasil.
Estos casos que han aparecido en el siglo XX tienen correlato en la Edad Media, porque en toda la zona de India, China, Taylandia, Siam, están marcados unos seres llamados Kappas o seres de los cañaverales, que existían en los siglos IX, X y XI en Oriente.  Y esos Kappas se describían con la forma semejante a la de la tipología en cuestión.  Eran especies de acuanautas, con antiguas escafandras de oceanografía y con unos garfios en las manos, con 4 dedos puntiagudos.  Y se dice que parecían buceadores de la antigüedad.  Pero, al parecer, también llegaron en este siglo.  En la provincia de Buenos Aires reaparecen a través de un caso de dos estudiantes de la Universidad de Buenos Aires.  Nos ubicamos en la ciudad de Mar del Plata, el día 15 de enero de 1974, plena temporada veraniega...
 
Caso típico: contacto en el océano
 
Una investigación de Víctor y Silvia Cerasale, con la colaboración de Fabio Zerpa, Guillermo Bagliotto y Sonia Pangol para la Coordinación Documental de ONIFE.
El presente artículo es la transcripción textual de una cinta grabada por los autores del mismo, que entrevistaron en la ciudad de Buenos Aires a dos jóvenes estudiantes del tercer año de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires, quienes en Mar del Plata fueron protagonistas de un hecho que calificamos como contacto.
Dadas las características de este último, la Dirección Editorial y la Coordinación Documental han decidido mantener en reserva los nombres de los testigos.
Testigo 1: La experiencia tuvo lugar el lunes 14 al martes 15 de enero de 1974, entre las 0.00 y las 2.00 de la madrugada.  Aconteció en la ciudad de Mar del Plata en uno de los espigones (el quinto tomando como referencia cero el espigón que tiene el cartel de Gancia).
Testigo 2: Estábamos caminando por la playa cuando, al llegar a la altura del espigón mencionado, observamos una luz pequeña, de color blanco, acercándose a la costa desde el interior del mar.
Pregunta:          ¿Desde qué distancia aproximadamente? 
Testigo 2: Desde el horizonte prácticamente; yo lo divisé, pero no le di importancia pensando que sería la luz de algún barco.  Caminamos unos pasos más, pero comprobamos que la luz seguía acercándose.  En realidad yo fui el primero en tomar contacto visual, luego lo hizo T1, pero ninguno de los dos nos hicimos mención alguna de ella hasta que notamos que su avance hacia la costa era delicado.
Al rato vimos que la luz se partía; es decir, de la luz principal salían otras dos, que se pusieron en forma simétrica como la formación estelar de las Tres Marías en la constelación de Orión.
Dado que continuaban con su camino, nos subimos al espigón y nos dirigimos a su extremo opuesto en el interior del mar.  Debemos señalar que el mismo a esa altura se encuentra roto.
Entonces empezamos a mirar con detenimiento y a hacer comentarios acerca del movimiento que llevaban las luces en cuestión, que no fue tomado en cuenta por otras dos personas que se hallaban sentadas sobre el borde destruido, pero de costado al mar.  Ellos en ningún momento tuvieron conciencia de lo que nosotros estábamos contemplando.
Pregunta:          ¿Había mucho ruido de fondo?
T2:       No, el mar estaba aparentemente tranquilo.  Lo único que había era el oleaje de siempre que chocaba contra la punta del espigón.
El caso es que hasta ese momento nosotros pensábamos que estos objetos estaban reflejando la luz, ya sea del cartel antes mencionado, o incluso la iluminación a gas de mercurio de la ciudad que se proyecta sobre el agua a una cantidad considerable de metros.  De repente, hacia nuestra derecha, aparecieron dos luces más en el conjunto de las que veníamos siguiendo, totalizando cinco.  Dos de las cuales se acercaban aún más entre la distancia que media entre el lugar donde estábamos parados y el espigón de Gancia.
A estas últimas pudimos divisarlas mejor.  Eran siluetas de extraña apariencia.  Parecían que caminaran, o sea, que hicieran pie en forma correcta pues se movían con mucha comodidad y soltura.  El agua les daba a la altura del busto y su movimiento no provocaba ni espuma ni un oleaje diferente.
Me dio la impresión que llevaban colocado un traje de buzo, pero de esos antiguos, sí, aquellos que debían ser bajados por un sistema de roldana y cuyos movimientos eran medidos por lo incómodo y pesado del traje.
Se les veían los brazos, pero no pude reparar en sus manos (esto último lo dijo como aclaración de una pregunta sobre la forma de las mismas).
Lo que sí pude ver bien fue el casco que tenían, algo así como una máscara y un tubo que les salía de la cabeza hacia atrás.
De los dos seres que más se acercaron, uno de ellos permaneció a distancia y volcado un poco sobre la izquierda del extremo del espigón.
Otro se adelantó más aun y me pareció que llevaba una especie de caño en la mano.  Lo seguimos durante un lapso bastante largo.
Yo quise bajar a la playa a fin de dirigimos al sector que ocupa la Bristol, pensando que desde allí podríamos verlo mejor, pero T1 objetó mi intención por lo que permanecimos en ese lugar.
Pregunta:          ¿En algún momento les pareció que hablaban entre ellos?
T2:       No, a tanta distancia no.  Además no notamos ninguna gesticulación con las manos.  Movían los brazos, sí, pero me parecía que era un balanceo al caminar.
Pregunta:          Las luces, haciendo una comparación de su intensidad, ¿eran iguales entre ellas?
T2:       Brillaban de la misma forma.
T1:       Tenían la misma intensidad.
Pregunta:          ¿De qué manera desaparecieron?
T2:       Recorriendo el mismo camino pero a la inversa.  No dejaron ninguna estela y se alejaron paulatinamente hasta desaparecer.
Pregunta:          ¿Cómo era el andar de ellos en el agua?
T2:       Como si caminaran pisando el fondo sin ninguna dificultad.
T1:       Para mí no, porque al caminar el cuerpo tiene que torcerse por la presión del agua que le impide mantenerse derecho.  Yo pienso que ellos se movían parados sobre algo puesto que no producían ni oleaje, ni estela, y además se notaba que no realizaban ningún esfuerzo y su andar era suave.
T2:       Claro, tenés razón, porque creo que a esa altura el mar debe ser bastante profundo como para hacer pie.  Lo que sí estoy seguro es que sus cuerpos eran bastante voluminosos...
T1 (interrumpiendo): ... muy altos.
T2:       ... Porque el cuerpo se les notaba perfectamente, y a un ser humano a esa distancia no se lo percibe con tanta claridad y nunca se va a mover con tanta facilidad.
T1:       Lo que más nos llamó la atención es ver el tipo de escafandras que llevaban, con características antiguas también similares a los pilotos de la década del 20 o como las que usaban durante la Primera Guerra Mundial.
Pregunta: ¿Pudieron distinguir algún color en el traje?
T1: No.
T2:       A pesar de la oscuridad reinante, me inclinaría a un verde oscuro.
T1:       Bien podría ser un color petróleo, pero la luminosidad que se proyectaba sobre ellos era escasa como para determinar con seguridad un tono en particular.
T2:       Lo que al final pudimos comprobar es que el casco que tenían emitía luz propia y pensamos que en realidad lo que vimos desde el principio no era una sola luz sino las mismas cinco acercándose en hilera, de modo que al llegar sobre la costa, por efecto de la perspectiva, pudimos diferenciarlo.
T1:       Sí, indudablemente tenían luz propia.
Pregunta:             ¿Se les distinguía alguna facción tras la escafandra?
T1: No, lo        único que pude ver fue el hueco del visor, nada            más.
Pregunta:             ¿Se perdieron en el horizonte o desaparecieron de golpe?
T1:       No, se fueron perdiendo lentamente hasta que por efectos de la distancia no los vimos más.
Pregunta: ¿Había luna esa noche?
T1 y T2 (casi al unísono): No, era noche cerrada.
 
T2:       Al principio pensamos que eran pescadores, después que podría tratarse de boyas, pero al final pudimos distinguir su conformación humana y, a la vez, determinar que no podía tratarse de buzos por la forma en que se movían.
Pregunta:          ¿Cuál fue la distancia mínima más o menos aproximada a que estuvieron de la playa?
T1 (piensa un momento y responde con mucha seguridad): Los cinco pudimos diferenciarlos a 25 m de nosotros y los dos que más se acercaron habrán esta lo a unos 15 m de la costa, distancia que parecía más corta porque avanzaban en diagonal.
Pregunta: ¿Cuánto duró la experiencia?
T1 y T2: Unos 15 minutos.
Al día siguiente, los testigos recorrieron la zona, no encontrando ningún vestigio físico.
 
 
Tipo NO 7: LOS SERES CON ESCAFANDRA Y VISOR EN LA CARA
 
Su talla varía de mediana a alta, de 1,70 a 2,20 m. Casco grande con gran visor.  Escafandra opaca, cuerpo normal.  Vestimenta de una sola pieza, pequeñas botas.  Actitud de agresión o huida.  Tubo o soplete que emite rayos de luz roja.
El testigo siente dolor y pierde el conocimiento, o en otras oportunidades siente como un puñetazo de aire comprimido, o expulsión de gas o vapor.  Lenguaje desconocido.
Estaría en esta categoría de seres el caso Antonio Vilas Boas, que veremos en "Abducciones".
 
 
Tipo NO 8: TIPO ROBOT
 
Seres con escafandra, de estatura muy grande: 2,50 m. Comportamiento de robot.  Piel color rojo y ojos grandes.  Cuerpo fornido, piernas largas, más que lo normal.  Carecen de nariz y orejas.  Escafandra metálica, transparente, luminosa o brillante, depende de los casos.  En la espalda, una especie de mochila metálica.  Actitud amistosa y tranquila.  A veces, ante una actitud hostil por parte nuestra, se quedan paralizados por una fuerza desconocida; y no se observan armas.
Caso típico de comportamiento robot: Caso Pretzel.  Narrado en comparación con el caso dique La Florida, 4 de febrero de 1978, que desarrollamos en un capítulo posterior.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Tipo NO 9: CASOS EXTRAORDINARIOS
 
Seres extraños que dejan huellas en el suelo.  Pueden presentar alguna característica de los restantes ocho tipos de seres restantes.  Caso típico: Sutton Hopkinsville.  EE.UU., La Florida (Argentina).
 
 
LOS CONTACTOS DEL CUARTO TIPO
LAS ABDUCCIONES
 
 
DAREMOS primero el caso "Operación Bordeau" porque está íntimamente relacionado con las huellas de los seres y la abducción: internación en la nave.
 
 
Caso Llanca (operación Bordeau)
Un contacto del 4º tipo (abducción)
 
Lugar:  a 19 km de Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina)
Fecha:  28 de octubre de 1973
Hora:   entre las 1.30 de la madrugada y las 2.45
Investigación: Fabio Zerpa y equipo médico ONIFE (Bahía Blanca, Bs.  As.)
 
El destino me deparó la enorme fortuna de formar parte de una junta investigadora de un contacto con seres extraterrestres; 8 médicos de distintos niveles de la psiquiatría van a investigar un contacto con seres extraterrestres, y mi destino se llamó Operación Bordeau, como bautizaron los médicos a este caso de contacto de don Dionisio Llanca, acaecido el 28 de octubre de 1973, y que comenzamos a investigar con cinco médicos de la ciudad de Bahía Blanca.  El Dr. Ricardo Smirnoff, médico forense, fue el primer médico policial de un país en intervenir en las investigaciones de un contacto con seres extraterrestres.
Después de 40 días de investigación en Surenia, Bahía Blanca, en la República Argentina, pasamos al testigo de ONIFE Central, en Buenos Aires, al cuidado de los doctores Agustín Antonio Luccisano, cátedra de toxicología, Universidad de La Plata; Dr. Juan Antonio Pérez del Cerro, presidente de la Asociación de Ontoanálisis, y Dr. Héctor A. Solari, bionólogo y psicólogo.  Ocho médicos y este investigador privado analizan al Sr. Dionisio Llanca, un camionero de 25 años de edad, quien comenta que cambiando un neumático de su rueda trasera derecha en la ruta 3, entre Bahía Blanca y Río Gallegos, en la parte austral del continente, entró en contacto con tres seres presumiblemente extraterrestres.
Todo comienza el domingo 28 de octubre de 1973, cuando Dionisio debía llevar materiales de construcción con su camión entre Bahía Blanca y Río Gallegos, en la parte sur del continente americano.  El vivía en forma circunstancial en la ciudad de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, en casa de su tío político el Sr. Enrique Ruiz.  El sábado 27 de octubre enciende el televisor para ver una serie policial.  A las 0.30 apaga el televisor y se dirige a las afueras de Bahía Blanca a buscar su camión Dodge; sube a él, cargado ya con el material de construcción que iba a llevar a Río Gallegos, y va a rep

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